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LUNES 16 DE JUNIO DEL 2003 / EDICION No. 23121 / ACTUALIZADA 1:30 am
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Nada personal
Ahora sin mecenas

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Douglas Carcache
douglas.carcache@laprensa.com.ni

El Estado nicaragüense ya no pudo actuar como mecenas de los pintores, quienes querían que las mil obras de arte, que fueron subastadas, quedaran en una galería pública.

En la subasta había una variedad de cuadros, unos con mucha calidad y otros con poca, algunos considerados patrimonio cultural y otros ni siquiera conocidos.

La subasta funcionó en la medida que atrajo mejores ofertas económicas para las obras reconocidas, quitándole fuerza a la idea de que las pinturas serían subvaloradas si eran rematadas al martillo, como habían dicho algunos artistas.

El cuadro que obtuvo mayor precio fue “Madre y sus dos hijas” de Armando Morales, cerrado en 52 mil dólares, más el 10 por ciento para los subastadores y el 15 por ciento por Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Esta obra fue puesta en subasta con un precio base de 35 mil dólares y logró un incremento de 17 mil dólares. Aunque los conocedores de arte pueden decir, con razón, que esa pintura vale el doble o más en Nueva York, la demanda en Managua es menor y la paga es relativa.

En la capital nicaragüense, donde los compradores de esas obras suelen ser pocos y sobre todo instituciones bancarias, un precio de 52 mil dólares podría ser bueno si tomamos en cuenta lo reducido que es el mercado local del arte.

Una pintura puede ser patrimonio de la nación, pero también es una mercancía y según las circunstancias su precio sube o baja, sin que esto merme el reconocimiento a su calidad como obra selecta de la cultura nacional.

Por eso mismo las compran los banqueros, pensando en el sobreprecio que alcanzarán con el tiempo. Es una inversión, parte de sus activos, negociable en circunstancias difíciles; razón por la que llegaron al Banco Central, como respaldo de quiebras bancarias.

Las exposiciones internacionales y los mecenas locales han ayudado a los artistas plásticos, en distintas épocas, a vender mejor sus obras. Antes de 1979, los que mejor las pagaban eran los banqueros. Luego, con el régimen sandinista, el gobierno se convirtió en el mayor comprador de arte.

Entramos a los años 90 sin tener en el país ningún museo con obras representativas de la pintura nacional. Incluso, se sabe que desaparecieron obras de pintores extranjeros que fueron donadas al Estado de Nicaragua en los años 80.

Ahora es difícil para el gobierno actuar como mecenas de estos artistas, porque el Estado ha sido víctima de tantos robos, que necesita convertir en moneda los bienes que dejaron los bancos quebrados, incluidas las obras de arte.

El gobierno quería recuperar dinero perdido y las obras tuvieron que defenderse solas frente al público, ya que ponerle precio a cada una es tan complejo como subjetivo. Lo normal ha sido que el pintor decide cuánto vale su cuadro y el comprador dice la última cifra, valorando trayectoria o gustos. Alguien, sin embargo, tenía que pagar: El Estado o el público, y este supo hacerlo.  
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