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LUNES 16 DE JUNIO DEL 2003 / EDICION No. 23121 / ACTUALIZADA 1:30 am
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El punto que les faltó a los ciento cincuenta

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Guillermo Areas Cabrera

Creo que son válidos los cinco puntos presentados como propuesta de enmienda constitucional por diferentes miembros de organizaciones civiles del país, pero no me explico cómo olvidaron una reforma que es elemental para el mejor desarrollo social, económico, cultural y político del país, tal es la elección uninominal de los miembros de la Asamblea Nacional y quizás la verdadera llave para una democracia plena de transparencia.

Cuando la revolución de 1979 éste era uno de los puntos que la sociedad civil deseaba, pero desafortunadamente las cosas no salieron como se esperaba, y luego, en el gobierno posterior, ni éste ni los MRS, ni liberales ni sandinistas se les ocurrió la iniciativa. Bajo el fuego de los cañones y la metralla que caía en la Asamblea nadie tuvo tiempo de pensar en un futuro mejor.

El país necesita de manera urgente un sistema de elección uninominal de los diputados o sea por elección popular directa del pueblo y no como hasta ahora, supeditada dicha elección en sus primarias al dedo del caudillo de turno y en las finales a una plancha donde la elección se efectúa de manera subjetiva por una confrontación de ideologías representadas por colores rojo, rojinegro y otros con propiedades camaleónicas.

Sobre lo anterior escribí un artículo hace unos seis años que fue publicado en LA PRENSA, pero nadie de la sociedad civil reparó en él, pues con el entusiasmo de la llegada del liberalismo al poder para los próximos cincuenta años y los cargos que todos se repartían en ese momento, mañana hijo mío todo será mejor.

Elecciones uninominales garantizarían personas que sean ejemplos de pensamiento y obra que representarán a los ciudadanos en la Asamblea, y sus obligaciones, una vez electos, serían para con el pueblo. Preguntado una vez el señor Tipp O´ Neill —quién fue miembro del Congreso de Estados Unidos durante más de treinta años, y diez fue Speaker of the House— a qué se debía su éxito como congresista, respondió: “Mis votaciones en el Congreso siempre tuvieron en orden, primero mi conciencia, luego mi patria, mis electores, el partido y por último el líder”. En Nicaragua siempre ha sido a la inversa: el caudillo, el partido (todos son disciplinados), el estómago y la patria, ni siquiera existe el concepto de electores.

Una vez alcanzada la meta de elección uninominal y que los miembros de la Asamblea sean electos un 50 por ciento junto a la elección presidencial y el otro 50 por ciento a mitad del período presidencial, en búsqueda de un balance de poder en caso de errores cometidos en las primeras votaciones, ese día la Asamblea otorgará un Poder Judicial independiente, la no reelección absoluta, si es lo que se desea aunque yo no estoy de acuerdo, pues si saliera un Franklyn Delano Roosevelt yo quisiera tenerlo por tres períodos. No hay que olvidar que las instituciones reflejan las imágenes de quienes las dirigen. También se tendría una CSJ con menor número de magistrados, igual que el CSE, la independencia de la Contraloría General de la República, menos diputados en la Asamblea Nacional y un Poder Ejecutivo más reducido y con salarios más acordes a nuestra economía, por no decir pobreza.

Hay que agregar la elección uninominal a los famosos cinco puntos, y efectuar una campaña nacional por la consecución de los mismos, o de lo contrario el acto de entrega de dichos puntos al señor Presidente de la República, no pasará de ser un acto propagandístico. Y como opción quedaría únicamente pedirle al Señor que descienda el Espíritu Santo sobre la Asamblea Nacional y la ilumine (no elimine), o enviar los seis puntos como carta al Niño Dios.

El autor es jurista.  
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