Correo
Portada Impresa
    La Prensa    
Archivo
Busqueda
DOMINGO 15 DE JUNIO DEL 2003 / EDICION No. 23120 / ACTUALIZADA 11:34 am
PORTADA
POLITICA
ECONOMIA
NACIONALES
REGIONALES
EDITORIAL
DEPORTES
SUCESOS
EL MUNDO
OPINION
REVISTA
SUPLEMENTOS
OBITUARIOS
CARTAS AL DIRECTOR

CLASIFICADOS
SUSCRÍBASE


   

Cosas Veredes Sancho Amigo
El sastre y la costurera que se ataviaron de eterno amor

Foto  
.“Amor con hambre no dura” dice un refrán colombiano, pero como toda regla tiene su excepción, existe otro aforismo mexicano que lo refuta: “Cuando dos se quieren con uno que coma basta”, y esta última experiencia es la que han vivido “felizmente” durante 64 años, don Leonardo Calixto Romero y doña Aminta Morales

 

Mario Fulvio Espinosa
Especial para LA PRENSA
opinion@laprensa.com.ni

Ambos viven en el puerto lacustre de San Jorge, exactamente de la Cruz de España dos cuadras buscando hacia el lago, en una casita que casi se esconde entre arbustos de flores de avispa, margaritas, primorosas y limonarias. En la pared de la fachada un pequeño letrero: “Familia Romero”.

En esa casita que más parece un palomar viven ellos, como dos palomas, esas aves de las que se dice que son tan amorosas y fieles que si una desaparece la otra vaga y vuela a solas con su dolor, y poco a poco languidece y muere de tristeza.

En ese nidito de amor vieron nacer 13 hijos, han chineado a 29 nietos y a más de alguno de sus 17 bisnietos. Cuando esta tropa se reúne en la casita “la ponen patas arriba” para regocijo de doña Aminta y enojos de don Leonardo, que es poco amigo de la bulla.

Varios hijos al saber que “ahí están los de LA PRENSA” se han hecho presentes para “ver al papá y a la mamá” unos, otros a escuchar lo que dicen “los abuelos”, se nota en la pareja un no disimulado orgullo al considerarse el centro de atención y de la algarabía que se acrecienta con el canto de unos pájaros.

LA HISTORIA DE DOÑA AMINTA

Ella, doña Aminta, es delgada, blanca, de ojos claros, vino al mundo en 1919 y guarda muchos recuerdos de aquellos felices años de infancia. “Nací en Rivas, y ahí estudié, primero en una escuela pública y después en la escuelita privada que fundó la maestra granadina Sara Burgos. Ahí acabé de aprender lo último que aprendí porque al ver que mi padre era muy pobre le dije que yo no quería seguir estudiando.

Me quedé en la casa haciendo los quehaceres y recibiendo clases de costura y bordado, para lo que resulté muy inteligente. Poco a poco fui aprendiendo más y ya ganaba mis realitos cuando me caía alguna costurita, después me compraron una maquinita muy antigua, marca ´New Home´, que era buenísima. Así pasé varios años trabajando en eso, pero como se enfermara la señora que me enseñaba, doña María Juárez, pero por suerte otra modista ya mayor me dijo: venite para acá para que me ayudés, ella se llamaba Benita Cruz. Con ella me fui perfeccionando”.

¿Tuvo hermanos en la familia?

Sí, cuatro hermanas mujeres y un hermano varón. Mi papá se llamaba Francisco Román Morales y mi mamá Gregoria Elena Mora, eran buenísimos con nosotros, mi papá trabajaba fuerte con carretas y animales de tiro, de eso vivía. Un día me dijo que estaba cansado, pero que eso no era obstáculo para que yo siguiera estudiando en la escuela, pero yo insistía en seguir trabajando en la costura porque ya ayudaba, aunque estaba bastante chavala.

¿Quiénes fueron sus amigas de aquel tiempo?

Eran familiares, porque a mi papá no le gustaba que anduviéramos con toda la gente. Todo eso era en Rivas. Nosotros teníamos por vecindario a personas que eran de la misma familia. De manera que jugaba con mis parientas a hacer pañuelos, camisitas, y a veces con eso ganaba, también nos divertíamos jugando la gallina ciega, el aceite y las rondas.

EL SASTRE Y LA COSTURERA

¿Usted doña Aminta cómo vino a conocer a don Leonardo?

Yo tenía muchas amistades y familiares en Rivas y en San Jorge. No quedaba largo la casa donde vivía él con su mamá, pues se vinieron a vivir en la Calle de Mercedes, donde puso su taller. Yo tenía un hermano menor y junto con mi hermana veníamos a darle a hacer la ropa de ese hermano. Así conocíamos a la mamá de él que tenía pulpería y conocíamos al papá.

Así pasó el tiempo hasta que un día lo invitamos a un cumpleaños y así construimos una mayor amistad.

¿Y cómo era él de joven?

Bueno, me simpatizaba. Es cierto que su color no le ayudaba, porque en ese tiempo habían unos muchachos amigos nuestros que eran blancos, colorados, simpáticos, sin embargo, la amistad con él vino creciendo y cuando percatamos es que estábamos jalando. Pero mi papá era muy delicado y nosotros respetábamos mucho su opinión, nunca salíamos sin su permiso y si teníamos amistades nosotros se las presentábamos y él nos decía: No me gusta esa amistad por tal y tal cosa”.

¿Pero qué opinión tenía su papá de don Leonardo?

Él tenía muy buenas recomendaciones. Como no era criado aquí en San Jorge sino en Belén, le decían ´El beleneño´, así que un día me animé y le dije a mi papá que ese muchacho era así y asá y que me pretendía: Pues no me disgustaría, porque aunque su familia es muy pobre él es bueno y trabajador”, respondió mi papá.

¿Y usted don Leonardo cómo hizo para enamorar a esta joven tan bonita?

Bueno, yo caminaba a caballo en ese tiempo y me gustó por su modo de ser, usaba el pelo largo y mi gusto era verla de trenzas. Entonces empecé a visitarla y hablé con el papá y él aceptó que la visitara y así fuimos aumentando la amistad hasta que le dije que quería casarme con ella.

Yo nunca pensé en casarme. Pero cuando la conocí cambié de idea, aunque yo soy mayor que ella 16 años, ella tenía 19 y yo 36, pero estábamos enamorados.

PERO... MATRIMONIO Y MORTAJA...

¿Entonces tienen 64 años de feliz vida matrimonial?

Si, durante esos años nunca hemos sido separados, nunca hemos tenido disgustos, yo con mi taller no salía de la casa y ella con su costurería también. No nos despegábamos de aquí y nunca hemos tenido enojos fuertes, algunas cositas leves sí.

¿Y usted doña Aminta ha sido feliz en esos 64 años?

Sí, y fíjese que me siento más feliz cuando mis hijos me dicen: “Yo no siento haber tenido un padre sino que dos madres, porque coincide lo que usted piensa con lo que él dice.

¿Entonces, no existen arrepentimientos?

(Don Leonardo) Ninguno, los hijos nos visitan diario, a pesar que tienen sus trabajos. Siempre vienen y más cuando estamos enfermos, siempre hay uno que me lleva donde el médico, de tal manera que con los hijos vivimos perfectamente bien.

¿Si volviera a ser joven se volvería a casar con doña Aminta?

Sí. Claro que sí. No estoy arrepentido de nada.

¿Y usted doña Aminta qué piensa de eso?

Yo he sido muy enferma y él me ha soportado mucho. Aparte de los partos que fueron buenos, quizás por la vida tranquila, por la alimentación que nunca me faltó y por el trato. Tuve 19 partos y en ninguno tuve problemas, fueron partos felices. Trece hijos se pegaron y los que murieron, murieron ya grandecitos.

Con sinceridad le digo, no es que le pida a Dios que él se muera para ya descansar de él, pero sí, deseo que él se muera primero. ¿Sabe por qué? Porque él es muy incómodo, algunas de mis hijas me dicen que yo lo mal acostumbré a muchas cosas. Que mucho lo mimé. Me daría mucho pesar morirme primero porque ya no lo mimaría.

Bueno, y ¿usted qué dice de eso don Leonardo?

De verdad que somos felices, aunque ya estemos viejos. Ella es muy atenta conmigo y yo vivo agradecido, pienso que si ella se muere primero, yo no aguantaría dos días más de vida.

¿ROMEROS, O "CONEJOS"?

-Si usted en San Jorge pregunta por la familia Romero, quizás nadie pueda darle razón, pero si dice: “¿Dónde viven Los conejos?”, le indicarán el lugar exacto.

-De la Cruz de España hacia el lago la jurisdicción la ejerce San Jorge, y de la Cruz hacia abajo todo pertenece a Rivas. Los Romero viven casi debajo de la Cruz.

-A pesar de estar en el municipio de San Jorge ellos alegan que son rivenses de pura cepa.

SECRETO DE LONGEVIDAD

Don Leonardo, ¿cuál es el secreto para vivir cien años? El único secreto es cuidarse de muchas cosas. Ya cuando uno se casa cuidarse de no andar en la calle, de no adquirir vicios. Yo no he sido vicioso, sólo cuando estaba joven me gustaba echarme mis traguitos, pero ya casado renuncié a todo eso

LA HISTORIA DE DON LEONARDO

Don Leonardo, sentado al lado de su esposa la escucha arrobado... Al verlo en éxtasis nos viene a la memoria otro proverbio que dice: “Teniéndote a vos, que me pida cuentas Tata Dios”.

“Yo nací —dice— en Belén, departamento de Rivas, un 14 de octubre de 1903. Ahí me crié con mi abuela desde los cuatro años, porque mi mamá y mi papá estaban cuidando una hacienda que se llamaba El Corpus.

“Me dejaron con mi abuela porque en El Corpus no había escuela, en Belén fui a una que no era graduada, pero cuando cumplí doce años me sacaron y me pusieron a aprender sastrería, ya a los 14 años hacía pantalones y lo que ganaba se lo daba a mi abuela, pero como ya salía y mi abuela temía que me volviera vago, le dijo a mi papá que era mejor que me llevara a la hacienda para que él me vigilara.

Me llevaron a la hacienda y allí aprendí a ordeñar y hacer varias cosas del campo, también no dejaba de hacer mis pantaloncitos al punto que un día me compraron una máquina y el equipo de sastrería. Como le dije a mis padres que quería afinarme más, me pusieran donde un maestro sastre, allí estuve, aprendí más y me sentía mejor para trabajar.

Cuando me sentía más competente me mandaron a Belén, porque un amigo me dijo que me fuera a su casa para que ahí trabajara, así que me fui para Belén y tuve mucho trabajo, ya tenía entonces como 18 ó 19 años.

¿Y de sus años de niño qué recuerda?

Bueno, cuando vivía con mi abuela salía con un tío mío que le gustaba cazar garrobos, capturar camarones en los ríos y jugar. Cuando ya era un poco más joven me metí a jugar béisbol en un equipo integrado por muchachos más grandes que yo, y jugué mucho tiempo.  
.


---

   
Otras Noticias

El sastre y la costurera que se ataviaron de eterno amor