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MIéRCOLES 11 DE JUNIO DEL 2003 / EDICION No. 23116 / ACTUALIZADA 02:30 am
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La justicia nicaragüense, ¿está ciega o es tuerta?

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Ary Neil Pantoja
aryneil.pantoja@laprensa.com.ni

La justicia está tuerta o ve por debajo de la venda que tiene en los ojos. Pero ciega definitivamente no es y la juez Primero de Distrito del Crimen de Managua, Juana Méndez Pérez, se ha encargado de grabarlo en piedra para la posteridad, al autorizar al reo (porque ese es su apelativo) Arnoldo Alemán Lacayo asistir a la graduación de su hijo.

¿Cuántos padres en prisión, independientemente del delito que hayan cometido, desean asistir a un acto en el que su hijo tendrá una participación activa? ¿Será capaz un juez de otorgarle ese permiso? ¿Tendrá un juez la misma deferencia para tratar a otro reo que no sea un corrupto como Alemán?

Y como la justicia es tuerta, es fácil suponer para dónde o a quiénes ve el ojo bueno. ¿O es que hay alguna diferencia entre Alemán, que robó millones de dólares al pueblo de Nicaragua, y alguien que arrebata una cadena en la parada de bus o asalta a un transeúnte en plena vía pública poniéndole un cuchillo en la espalda?

La única diferencia radica en la forma en que ambos se apoderan de lo ajeno. El medio varía, pero el fin es el mismo: Robar.

Insisto en que la justicia no es tan ciega, al menos no lo suficiente, porque en esta ocasión sí pudo ver lo “emocionalmente afectado” que estaba el hijo del reo Alemán, lo que motivó la decisión de la juez de permitir que éste asistiera a la graduación. No tengo nada en contra del jovencito. Él no es culpable del padre que tiene porque hasta orgulloso se siente de ello.

Debería ser prudente la señora juez, porque estando en revisión su proceder en el caso de Alemán en la Comisión de Régimen Disciplinario de la Corte Suprema de Justicia, aún se atreve autorizar a ese reo salir a un acto social de tal magnitud.

Debe recordar que su actuación judicial está en entredicho al mantener a Alemán bajo arresto domiciliar siendo que esta figura jurídica no existe y pese a que la Ley de Estupefacientes, Sicotrópicos y Otras Sustancias Controladas, prohíbe a los reos procesados por los delitos contemplados en dicha ley (en este caso el lavado de dinero), cualquier beneficio llámese libertad bajo fianza, arresto domiciliar, excarcelación, amnistía o indulto.

Pero no sólo eso, resulta ridículo y hasta indignante el comportamiento de los agentes policiales que, en lugar de vigilar al reo Alemán para evitar que huya, con sus acciones serviles asumen una postura de guardaespaldas, como si la persona bajo su responsabilidad fuese un dignatario o un impoluto funcionario público. No señores. Se trata de un reo, y como tal, debe ser tratado.

Qué humillante resulta para el pueblo nicaragüense ver a Alemán abandonar el Teatro Nacional con un guardaespaldas sosteniendo con sus manos una sombrilla para evitar que el prisionero se moje en una leve llovizna. Más que custodios, parecen sirvientes.

“Decidí darle lugar (a la petición de Alemán), especialmente en consideración al muchacho que se va a graduar (...), porque para él resulta emocionalmente importante que su papá esté presente”. Éstas fueron las palabras de la juez Méndez el viernes seis de junio ante los medios de comunicación.

¿Se ha preguntado la señora juez cuántos niños, niñas y adolescentes que tienen a su padre o madre en prisión padecen problemas sicológicos o físicos en este país? Seguramente no. Y si se lo hubiese preguntado y supiera la respuesta, lo habría pensado dos veces antes de acceder al permiso de Alemán, porque igual tendría que autorizar a todos los reos-padres bajo su jurisdicción a salir de prisión de vez en cuando.

Ojalá que lo del permiso a Alemán sea sólo porque doña justicia está tuerta o se asoma de vez en cuando por debajo de la venda y no porque le pusieron “algo” en uno de los platos de la balanza que sostiene en su mano izquierda porque, de ser así, la espada que se observa en su mano derecha deberá cambiarla por una libreta de ahorro bancario.  
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