“Rosita”, un asunto de ética periodística
Esteban Castro media@casa-alianza.org
Rosa fue durante algunos días el nombre más mencionado por los medios de comunicación de Latinoamérica. A sus ocho años de edad fue violada en una comunidad agrícola de Turrialba, en Costa Rica. Poco después se sintió enferma y sus padres la llevaron al hospital “William Allen”.
Allí descubrieron que iba a ser madre. El sospechoso, un agricultor costarricense de 20 años, fue detenido, negó los cargos y ahora está en libertad. En Nicaragua, la pequeña Rosa fue sometida a un aborto. Los expertos determinaron que era la única forma de salvarle la vida, pues no resistiría la gestación.
No tiene ni diez años de edad, sufrió una violación, le contagiaron dos enfermedades venéreas, quedó embarazada, tuvo que dejar la escuela, la llevaron a otro país, sintió temor a la muerte y a dejar a sus padres solos, experimentó un aborto. La lista de vivencias traumáticas no terminó allí.
El trece de marzo pasado, el programa Con Mucho Cariño (de la Televisión Nacional de Chile, TVN) mostró su historia en una nota periodística de casi seis minutos de duración. Por primera vez miles de personas en Latinoamérica vieron su rostro y escucharon su voz. Sus padres estaban en el estudio principal junto al conductor Felipe Camiroaga, apoyados por grupos feministas nicaragüenses.
De repente se vio caminar a Rosa en medio de las luces y las cámaras. Tenía maquillaje en su rostro. Su cabello lacio estaba al descubierto y trataba de sonreír. Llevaba ropa recién comprada, una experiencia realmente nueva para ella. Le preguntaron si le gustaba estar allí y si el estudio “era bonito”.
Después el Consejo Nacional de Televisión de Chile escuchó la queja de Casa Alianza y la organización ARASI condenó a TVN al pago de una multa de poco más de 2,580 dólares estadounidenses. Fue poco, pero la decisión deja una enseñanza.
El artículo tres de la Convención Sobre los Derechos de la Niñez establece el interés superior del niño como la norma que tiene que regir cuando las instituciones públicas o privadas vayan a tomar decisiones en lo que concierne a niños y niñas. Es decir, antes de actuar hay que hacerse una simple pregunta: ¿Si hago esto, beneficiaré o afectaré a la niña o al niño involucrado?
El interés superior del niño no es un principio jurídico inerte. Se nutre de la capacidad de todas las personas de comprender la diferencia entre causar daño y respetar los derechos. Es un principio legítimamente ligado a la ética periodística y a un interés público: El bienestar de la niñez.
En el caso de Rosa, Camiroaga explicó a los televidentes que había solicitado la presencia de la niña para mostrar su lado infantil. Pero es que ella no tiene lado infantil, es completamente infantil. No se trata de un adulto cosmopolita que tiene la habilidad de comportarse como un niño. Ella es una niña a tiempo completo.
Tomando en cuenta el interés superior del niño y de la niña, ¿qué argumentos debieron haber prevalecido a la hora de decidir si se mostraba a la menor o no?
Primero, la evidente consecuencia de la revictimización. Antes de aparecer en la televisión (no sólo en Chile sino en muchos países, por medio del cable) Rosa era identificable y reconocible por el círculo de personas que representan su familia, sus amigos, sus vecinos y conocidos de sus padres. Es innegable que las personas que vivían cerca de su casa en Turrialba, Costa Rica, saben quién y cómo es la víctima de la violación.
Ahora que vive en otro país y otro barrio, será muy difícil para ella adaptarse a la vida normal de una niña de esa edad. Será difícil pasar inadvertida. Se expondrá a comentarios crueles y bromas pesadas. No podrá ocultarse de la mirada de lástima de quienes la reconozcan. Serán obstáculos para que pueda superar toda la lista de experiencias traumáticas por las que ha pasado, agravadas por la exposición pública.
Es muy fácil vender periódicos siendo simplistas, o aumentar los niveles de audiencia a costa de historias asombrosas que no señalan a los verdaderos culpables: Los adultos que le vuelven la espalda a los derechos de estas personas.
El autor es el coordinador de la Oficina de Prensa de Casa Alianza Internacional en Costa Rica. 
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