Las mujeres en su laberinto
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 | Algunas mujeres maduras y solteras aún esperan a su
“príncipe azul”. Otras están
dispuestas a conformarse con un hombre “standard” para aliviar su soledad. Hay otro grupo de ellas que ve en los hombres un obstáculo a su felicidad profesional. Tres de ellas nos dan sus puntos de vista |
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Gretchen Robleto Lupiac
gretchen.robleto@laprensa.com.ni
Vicky Boden, originaria de la Costa Atlántica, creyó que encontró a su príncipe azul cuando tenía 18 años. Se equivocó. Después de un matrimonio de 10 años y del cual nacieron 3 hijos, nada quedaba de aquel hombre ideal del que Vicky se sintió enamorada alguna vez.
Vicky tiene actualmente 40 años y sale con un hombre de 28 años al que considera cariñoso, expresivo y apasionado. Esa suma de cualidades no es suficiente.
Con su estilo franco de hablar, Vicky resume su situación emocional con un “no estoy involucrada sentimentalmente” y al enumerar las cualidades que debe tener un hombre para conquistar su corazón en esta etapa de madurez de su vida, esta asistente de gerencia, enfatiza que su ideal es un varón maduro, independiente, con estabilidad económica, cariñoso y comprensivo.
¿Qué llevó a Vicky a ceder sus ideales en torno a una pareja y sostener una relación trivial? Ella afirma que a pesar de las prohibiciones de la sociedad, desea vivir todo de lo que se privó por casarse y ser madre muy joven. Disfruta de su independencia económica que ha logrado con trabajo duro y preparación profesional.
¿Se está conformando Vicky? La sicóloga Auxiliadora Marenco explica que cuando la mujer se hace mayor y profesional, tiene independencia. Eso hace complejas las exigencias que tiene entorno al hombre que escoja para ser su pareja.
“Antes que nada, toda mujer busca ser amada. El amor es una de las grandes metas del ser humano”. Pero en la etapa de madurez y profesionalización, para la mujer el amor no lo es todo. “No se trata de tener a alguien que la acompañe y con quien tener sexo; la mujer después de los 30 años quiere a alguien que comparta con ella las responsabilidades, proyectos y funcionamiento del hogar”. Y la formación de los hijos, en caso de desearlos o tenerlos.
Entre una mujer mayor de 30 años y una adolescente hay diferencias abismales, ya que alguien con más experiencia “visualiza la vida de una manera más madura y no se enamora del primero que le diga que tiene los ojos lindos”. Una mujer mayor y preparada espera a un hombre que por lo menos tenga su misma formación profesional y fogueo en la vida.
Pero esas mujeres que pasaron los 30 años y que tienen expectativas y parámetros establecidos para escoger su pareja tienen una enemiga de cuidado: la presión social.
La sicóloga sostiene que ante la necesidad de ser amada, la presión cultural le dice a la mujer mayor de 30 años: “Te estás quedando atrás, te vas a quedar sola”.
“Hay una presión cultural que le exige a la mujer que se case y tenga hijos, mientras ella tiene la exigencia consigo misma de no conformarse con cualquier hombre, sino con quien la satisfaga completamente”, explica.
Muchas mujeres son vencidas por la presión social. ¿Qué pasa con las que olvidan a su estereotipo de “hombre ideal”? Marenco afirma que llevan una vida artificial al lado de una persona que no las satisface, pero al final deciden que es mejor tener esa relación a estar sola, “porque para ellas estar sola es una mayor censura social que el cumplimiento de sus propios valores”.
“LOS HOMBRES NO SON PRIORIDAD”
Georgina Lupiac, periodista y administradora de empresas, opina que después de los 40 años, los hombres no son prioridad en la vida de la mujer. “Un hombre puede ser un complemento importante y valioso, pero no es la prioridad, por lo menos en la vida de una mujer como yo”, asegura.
Georgina divide a las mujeres en dos categorías, al abordar el tema de la escogencia de la pareja en la madurez. “Hay mujeres que buscan tener a alguien para que llene sus vidas y un hombre les llena sus vidas. Hay mujeres que buscamos más que tener a un hombre a la par y tenemos que seguir luchando por encontrar nuestro espacio en la sociedad. En muchas ocasiones, el hombre no te permite crecer y lograr ese espacio”, afirma. Esa es la razón por la que Georgina se excluye del grupo interesada en encontrar pareja.
Para aquellas mujeres que tienen hijos, Lupiac opina que la escogencia de la pareja, va más allá de las exigencias personales, pues en ese caso también se valora a la persona respecto a los hijos.
Marenco afirma que el fenómeno del machismo en nuestra sociedad hace que el hombre se “venda” muy mal. “Los hombres egoístas, promiscuos y tomadores, hacen valorar a la mujer si deben quedarse con alguien en tan difíciles circunstancias”.
“La sociedad te dice, ‘esto es lo que hay de oferta en el mercado, si te gusta bueno y si no te gusta, te fregaste’. Cuando la mujer sucumbe ante esa oferta del ‘mercado’, lo hace ante su propia debilidad y baja autoestima”, reflexiona Marenco.
OPTAR POR LA SOLTERÍA
Existen casos de mujeres que aunque se enamoraron y se casaron, están solas por razones de fuerza mayor. Una de estas mujeres es Laila Soto, quien enviudó a los 26 años. Diez años después de perder al esposo con quien procreó 3 hijos, Laila continúa soltera.
“Decidí dedicarme totalmente a mis hijos, ellos necesitan más tiempo de mí. Me basta con el amor y la compañía de ellos”, argumenta.
Pero muchas mujeres maduras que nunca se casaron ni tuvieron una unión estable aún esperan a su “príncipe azul”. ¿Es usted una de ellas?
¿CuÁNTOS HOMBRES HAY EN EL PAÍS Y CUÁNTOS LES TOCA A CADA MUJER?
Según el Censo de INEC, proyectado al 2003, en el país hay 2,730,165 hombres de 0 edad en adelante, frente a 2,752,175 mujeres en igual rango de edad.
Bueno, la diferencia no es abismal, el excedente (22,010) parece insignificante, pero no lo es.
Cuando se contrastan los datos del Censo con las características del hombre que busca una mujer cuarentona, soltera, viuda, divorciada o separada, es cuando el siete por uno de nuestros “matasietes”, empieza a ser una verdad irrefutable.
Se busca a un hombre urbano, con educación universitaria, con empleo, soltero, viudo, divorciado o separado, y por supuesto, guapo, cuarentón o un poco pasadito de los cincuenta (aunque no mucho), guapo y, por supuesto, heterosexual.
En el país hay 1,532,381 hombres urbanos, frente a 1,650,280 mujeres, es decir, ¡117,899 mujeres de más!
De esos hombres urbanos (de 0 edad en adelante), solamente 108,771 están comprendidos en rangos de edad de los 40 a los 54 años. De éstos, tan sólo hay 8,821 solteros; 1,426 viudos; 1,179 divorciados y 1,526 separados, es decir, un total de 12,952 hombres urbanos, en el rango de edad requerida y solteros, con lo que se cumplen al menos tres de los requisitos buscados. Todo eso (por razones que sería sociológicamente interesante averiguar), frente a 45,805 mujeres en ese mismo rango de edad, urbanas y solteras, viudas o divorciadas. (Normalmente a los hombres no les interesa el nivel académico ni la situación económica de las mujeres y generalmente también no buscan mujeres de su edad, sino menores a ellos, por lo que la búsqueda de un hombre tiene menos restricciones y su oferta es mucho más amplia).
Pero el asunto no termina ahí, de los 12,952 seleccionados, solamente un 78 por ciento está empleado, lo que deja 10,102 hombres, de los cuales solamente un tres por ciento tiene educación universitaria, es decir, que las cuarentonas de nuestra historia solamente pueden aspirar a 303 cuarentones con todas las de ley.
Pero aún no hay que alegrarse tanto, porque las preguntas no terminan ahí y hay temas que todavía no registran las estadísticas: ¿Cuántos de estos hombres son heterosexuales o guapos? Siendo optimistas, digamos que unos 242 son heterosexuales, es decir, un 80 por ciento y digamos que unos 121 están más o menos guapos, es decir, la mitad.
Pues 121 (o 242 si no se es tan exigente), hombres con las características buscadas, sería la oferta efectiva en todo el país. En Managua, según los cálculos, hay unos 50, de los cuales solamente 10 son dueños de sus empresas o sus negocios.
No se pretende con estas estadísticas darle alas a nuestros alardeadores hombres, mucho menos bajarle las llantas a las cuarentonas, pero es necesario tener claro el panorama para no esperar más de lo que se debe y desempolvar ese viejo y sabio dicho de las abuelas: “Casamiento y mortaja, del cielo baja”.
(COLABORACIÓN DE UNA LECTORA). 
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