Y además…
Rosa
Luis Sánchez S. luis.sanchez@laprensa.com.ni
Mercedes Gordillo publicó un bonito artículo en La Prensa Literaria del sábado 24 de mayo (“Rosa, la más hermosa, collage”), en el que hizo referencia a diversos nombres, lugares y hechos históricos vinculados a tan bella flor.
Días después Nicaragua se inundó de rosas de todos los colores (con motivo del Día de la Madre), pero sobre todo rojas, naturales y artificiales, según la costumbre de obsequiarlas y colocarlas sobre el pecho con motivo de la más sentimental de todas las fiestas nacionales e internacionales que es la del 30 de mayo.
¡Rosa! En mi columna de la semana pasada (“Gracias”) mencioné que cuando Venus o Afrodita nació entre las espumas del mar que se formaron al caer sobre las aguas los genitales de Urano o Cielo —mutilados por su padre Cronos o Saturno—, la diosa de la belleza femenina y del amor quiso demostrar su poder creando algo tan perfecto y bello como ella. Y creó la rosa, blanca, que las Gracias pusieron sobre uno de sus hermosos y turgentes senos.
Pero Dionisos (Baco en la mitología romana), que presenciaba extasiado el portentoso nacimiento de la deslumbrante Afrodita o Venus, no quiso quedarse al margen del hecho milagroso y derramó unas gotas de su vino tinto sobre la rosa blanca que estaba en el pecho de la diosa. Y así nació la rosa roja que desde entonces es la más bella de todas las rosas y las flores.
(Según otra versión Venus caminaba, descalza, y se pinchó la planta del pie con una espina. La sangre de la preciosísima diosa de la belleza y el amor cayó sobre la espina y de ésta nació la rosa con sus pétalos teñidos de lujurioso rojo).
Como sea, para los antiguos griegos las rosas eran la más apreciadas de todas las flores. Con ellas tejían las coronas de las mujeres más bellas y se adornaban para participar en los banquetes. Figuras de rosas grababan en las monedas y rosas colocaban en las tumbas como la mejor prenda de amor y de recuerdo.
Los romanos, por su parte, tenían a la rosa como símbolo del amor triunfante, de la victoria y del orgullo, y la usaban como símbolo principal en el culto a Júpiter. Y además representaban a la Aurora adornada con una guirnalda de rosas para atraer el amor de Apolo, o el Sol.
En la Inglaterra medieval las mujeres que querían jactarse de tener un amante desconocido, se colocaban una rosa roja en una de las orejas. Y sobre la tumba de quien joven muriera se ponía simplemente una rosa.
La rosa se convirtió así en un símbolo funerario, igual que otras flores antiguamente consideradas eróticas, como, por ejemplo, el loto.
En la simbología cristiana la rosa roja representa el martirio y la rosa blanca la pureza. Las guirnaldas de rosas que usan los ángeles, los santos y las almas que han entrado a la Gloria de Dios, expresan la alegría del Cielo por su santidad y perfección.
A San Ignacio de Loyola se le atribuye (El divino impaciente) la frase: “El encanto de las rosas es que, siendo tan hermosas, no conocen lo que son”. Y el Rosario debe su nombre a la rosa, porque en las letanías hay numerosas comparaciones de la Virgen María con esa flor que es la más hermosa entre todas las flores. 
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