La agonía de Tiscapa
La laguna de Tiscapa —enclavada en el centro de Managua y al lado de sitios de gran significación histórica, donde estuvieron la Casa Presidencial y el Palacio de la Curva, de los Somoza, así como las oficinas y cámaras de tortura de los tenebrosos órganos de Seguridad del Estado somocista y sandinista—, se ha convertido en el símbolo principal de la destrucción deliberada de los recursos naturales y el medio ambiente, por parte de los seres humanos y en particular de los políticos gobernantes.
En realidad, aparte de la gran importancia que tenía la laguna de Tiscapa como reservorio de agua dulce —motivo suficiente para cuidarla y conservarla—, su gran valor histórico y cultural lo mismo que su envidiable potencial turístico eran razones poderosas para no hacerle daño y más bien ejecutar todas las medidas posibles para resaltar sus cualidades y protegerla como un valioso patrimonio de los managuas y nacional.
Ciertamente, en derredor de la laguna de Tiscapa (del nahual tezca-a-pan, que significa “en el agua del espejo”; o texcatl-atl-pa, “laguna redonda” o “laguna en forma de luna llena”, según el diccionario de Toponimias Indígenas de Nicaragua del científico nicaragüense Jaime Incer Barquero) nuestros antepasados aborígenes tejieron hermosas e imperecederas leyendas que reflejan en todo su esplendor la riqueza imaginaria de la mitología nacional.
Cuenta la leyenda que el agua de la laguna de Tiscapa fue robada por un hechicero en las tierras de Cuscatlán (ahora El Salvador), porque era el sitio preferido de una hermosa princesa que él sedujo y se trajo a su natal Imabite (Managua), donde se casaron y establecieron para siempre. Para traerse el agua de la laguna cuscatleca el hechicero la achicó hasta hacerla caber en la cáscara de un huevo de chompipe (pavo), pero al mostrarlo jactancioso a la multitud que lo esperaba en lo alto de un cerro ahuecado, de origen volcánico, situado un poco al sur del lago Xolotlán, el preciado trofeo se le cayó de las manos y el agua corrió incontenible hacia las profundidades, formándose así la laguna de Tiscapa.
Pero, como se solía decir en los años ochenta del siglo veinte recién pasado, “llegaron los comandantes y mandaron a destruir”. Y destruyeron hasta la laguna de Tiscapa.
En efecto, en 1981, en plena efervescencia revolucionaria sandinista, el ministro de Reconstrucción de Managua —como se le llamaba entonces al alcalde de la capital—, ingeniero Samuel Santos, decidió desviar las aguas pluviales de unos cauces del centro de la ciudad hacia la laguna de Tiscapa, según él para resolver el grave problema anual de las inundaciones. Pero, como muy bien se puede apreciar ahora, no resolvió el problema de las inundaciones y sin embargo destruyó la hermosa y valiosa laguna de Tiscapa.
Bien recordamos, 22 años después de aquel lagunicidio del alcalde sandinista de Managua —que para mayor agravio era y es ingeniero de profesión—, que cuando se anunció el proyecto de desviar los cauces hacia la laguna de Tiscapa el ya mencionado doctor Jaime Incer Barquero —en la actualidad miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA—, advirtió las funestas consecuencias que tendría aquella decisión, y pidió que se revocara. Pero la respuesta del alcalde sandinista de Managua fue que el doctor Jaime Incer Barquero se oponía a su proyecto “porque era somocista”.
Ahora la laguna de Tiscapa agoniza, si no es que ha muerto ya, tal como lo advirtiera el doctor Incer Barquero. Y de manera muy curiosa, 22 años después otro alcalde sandinista de Managua, el caraceño Herty Lewites, ha propuesto trasladar el gran basurero de la capital, La Chureca, al volcán Masaya que es por cierto una de las más hermosas bellezas naturales y uno de los más importantes destinos turísticos de Nicaragua.
A estas alturas, después de 22 inviernos en que los cauces han depositado sus inmundas corrientes en la fabulosa y bella laguna robada por amor a Cuscatlán, no está claro si todavía es posible sanarla y recuperarla como reservorio acuífero y como destino turístico. Ojalá que fuera posible, aunque seguramente habría que esperar que gobiernen otras personas, porque quienes lo hacen ahora son las mismas que destruyeron la laguna de Tiscapa y quieren arruinar también el volcán Masaya. 
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