El Superintendente de Bancos
El presidente Enrique Bolaños expresó en declaraciones exclusivas para LA PRENSA que publicamos el martes de esta semana, que “no hay mucho donde escoger” como candidatos a ocupar el cargo de Superintendente General de Bancos y Otras Instituciones Financieras, que dejó vacante el doctor Noel Sacasa al renunciar intempestivamente al cargo y autoexiliarse en Estados Unidos.
Según el presidente Bolaños, “lo lógico es que (los candidatos a Superintendente de Bancos) deberían ser banqueros que conocen de ese negocio, profesionales de eso… la Ley no permite que los que trabajan o son empleados o tengan intereses en bancos aquí puedan ser candidatos… tampoco permite a los que están trabajando en el Estado…”
Pero es absurdo lo que dice el presidente Bolaños. ¿Cómo no va a haber personas idóneas para desempeñar ese cargo entre tantas mujeres y hombres que tienen una larga experiencia en asuntos bancarios, sin ser banqueros; o académicos que dominan casi a la perfección la ciencia y la práctica de las finanzas nicaragüenses e internacionales, y que no son empleados del Estado?
Por supuesto que si el presidente Bolaños mira sólo a su entorno político, a los “financieros” de su ex partido PLC, y a los banqueros —a quienes más bien tiene que vigilar el superintendente y por lo tanto nombrar a uno de ellos sería como poner al gato a cuidar la leche—, entonces es lógico que no pueda encontrar a nadie apropiado.
En realidad, el cargo de Superintendente de Bancos es eminentemente técnico y sólo debe ser confiado a quien merezca la confianza de los banqueros (pero que no sea uno de ellos mismos), los cuentahabientes, los empresarios de todo tipo, así como de la comunidad política y financiera internacional. Por lo tanto no puede ni debe ser superintendente un banquero que podría hacerse de la vista gorda ante las irregularidades de sus colegas, ni nadie que tenga intereses creados en el mundo financiero, aunque sí debe tener profundos conocimientos en la materia.
Es obvio que para desempeñar apropiadamente ese cargo no es suficiente que la persona nombrada sea honrada a carta cabal, practicante de virtudes religiosas y morales, un “santo” en fin, como dicen sus amigos que es el ex Superintendente de Bancos doctor Noel Sacasa. Siendo muy importantes esas cualidades, sin embargo no sirven de nada si al Superintendente le faltan agallas para enfrentar a los banqueros fraudulentos y para denunciar las anomalías que encuentre, aunque sean sus amigos y correligionarios (en el sentido religioso político de la palabra) quienes las cometan.
La importancia de la fiscalización financiera quedó plenamente demostrada con las quiebras bancarias que ocurrieron durante el gobierno de Arnoldo Alemán, que provocaron un desmesurado aumento de la deuda interna del país. Y el hecho de que el doctor Noel Sacasa no pudiera evitarlas por incapacidad, negligencia, bondad o lo que fuera, no significa que la Superintendencia no sea importante. En todo caso la lección Sacasa es que el Superintendente de Bancos debe ser alguien honesto, profesional, experimentado, apolítico y apartidista, pero también corajudo para enfrentar las dificultades y peligros que encuentre en el camino.
La verdad es que sólo el control efectivo de las actividades financieras permite prevenir los fraudes y garantizar que haya un sistema bancario sano, transparente, eficiente y respetado; para lo que es necesario también poner fin a la mala costumbre izquierdista de demonizar a los bancos.
Ciertamente, no hay ninguna posibilidad de impulsar la recuperación económica del país, crear más empleos y promover el desarrollo nacional, sin instituciones bancarias que estén al servicio del progreso económico y social del país. Y éstas, para funcionar apropiadamente deben estar sometidas a una supervisión financiera honesta y eficaz, que garantice la transparencia de las operaciones bancarias, regulaciones idóneas y el nombramiento de funcionarios calificados para verificar el cumplimiento de las normas financieras y su correcta difusión en el mercado.
El presidente Bolaños tiene que encontrar a la persona idónea para el cargo de Superintendente de Bancos, y si no la encuentra entre sus allegados y conocidos, las correspondientes organizaciones civiles no partidistas deberían ayudarle, proponiéndole una lista de posibles candidatos para que pueda elaborar la terna que tendrá que presentarle a la Asamblea Nacional.

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