Cine
Buenas Noches Mr. Peck
Franklin Caldera
Me sentí tentado al comenzar esta nota sobre la muerte de Gregory Peck con la frase trillada de “Con él muere toda una época”. Pero esto no sería exacto en el ámbito cinematográfico: de sus contemporáneos lo sobrevive Glenn Ford. La frase sí resulta pertinente al ubicarla dentro de la historia de Estados Unidos, pues Peck era la única figura viva de la cultura popular que representaba cabalmente una época que sucumbió durante la guerra de Vietnam.
Fue el espejo en que todos los estadounidenses querían verse: alto, fuerte, buen mozo y de una honestidad e integridad a toda prueba. Y encarnó mejor que nadie a su patria cuando resurgía victoriosa y segura de sí misma de la Segunda Guerra Mundial para entrar en una época de prosperidad sin precedentes.
La quintaesencia de Gregory Peck fue su Atticus Finch en la cineversión de la novela de la escritora Harper Lee, “Matar a un ruiseñor” (1963). Finch, abogado defensor de un joven negro acusado de violar a una mujer blanca en un pequeño pueblo sureño, prueba la inocencia de su defendido con resultado trágico: los habitantes de aquel pueblo aparentemente apasible no podían vivir con la verdad: la joven había seducido al hombre de color, por lo que deciden matarlo.
Dentro y fuera de la pantalla, en una fusión pocas veces lograda en el cine, Peck amalgamaba la figura del héroe tradicional (descrito por Robert Ryan refiriéndose a Clark Gable en “Garras de ambición”: “El hombre que todo niño desea ser cuando crezca, y lamenta no haber sido cuando llega a viejo”), con la del “liberal” que lucha por los derechos civiles de las minorías étnicas, puesta en boga por el entonces presidente, John F. Kennedy. Como éste, Peck supo ser soldado de la guerra fría cuando lo ocasión pareció exigirlo, como en “Canje en la noche” o “La cima de los héroes” (Pork Chop Hill).
Con la guerra de Vietnam su persona fílmica adquirió matices de anacronismo. Los nuevos protagonistas cinematográficos (Brando, Newman, McQueen, Jane Fonda, Hoffman, Nicholson, Pacino, DeNir) reflejaban la ambigüedad moral de los nuevos tiempos.
Actor protagónico desde su primera película (“Días de gloria”, en la que fue un campesino ruso enfrentado a los invasores nazis), nos legó una filmografía memorable que incluye: “Las llaves del reino”, “Duelo al sol”, “La luz es para todos”, “David y Betsabé”, “Las nieves del Kilimanjaro”, “El hombre del traje gris”, “Moby Dick”, “La hora final”, “Los cañones de Navarone” y “Los niños del Brasil”. Si bien nunca fue favorito de la crítica (Truffaut señaló que no tenía mirada), siempre se alabó su gran humanismo: para el director John Huston fue un hombre con “verdadera talla moral”.
En una nación que se debate en medio de una de las guerras mas impopulares de su historia, Peck comprendió que era hora de apagar las luces y hacer mutis. Si es verdad que el mundo da vueltas, tal vez volvamos a encontrarlo. Ojalá. 
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