“Examinarlo todo; retened lo bueno”
—Juan G. Rodríguez y Angélica M. G. Ricketts
El señor Ernesto Cuadra, en su artículo ¿Qué hay tras las películas de Harry Potter?, que apareció el domingo 22 de junio en LA PRENSA, está en lo cierto al señalar que “el cristianismo está afrontando el más grave desafío de su historia, una serie de poderosos y crecientes engaños que están sutilmente cambiando interpretaciones bíblicas y minando la fe de millones de personas”. El mayor desafío es que esas amenazas tristemente no vienen de afuera, sino de la propia Iglesia y teología cristiana con herejías como la teología de la prosperidad, la guerra espiritual y otras que están desvirtuando el evangelio.
Harry Potter no tiene como fundamento la magia o la brujería, sino la amistad, la solidaridad, la inclusión y aceptación del diferente y el excluido, el trabajo en equipo, el sacrificio y la disciplina, la importancia de enfrentar el mal en todas sus diversas manifestaciones, y el amor a la justicia.
Una de las preocupaciones del señor Cuadra es que se presenta “la debilidad e ineptitud de los adultos”. Esto nos parece una interpretación equivocada tanto de las películas como de los libros. En esta serie los niños y niñas trabajan junto a los adultos para vencer el mal. Los adultos sirven de ayudan y guía para que los adolescentes puedan descubrir dentro de sí y de los demás las herramientas necesarias para luchar contra el mal. Sólo miramos el mundo actual y no queda nada más que decir que hay gran debilidad e ineptitud en muchos adultos.
Otra preocupación del señor Cuadra es que “las mentes de los jóvenes son totalmente dominadas por personajes por quienes ellos tienen simpatías, admiración, interés y amistad”. Esto es muy importante, pero más como una crítica social. Los niños, niñas, adolescentes y jóvenes tienen muy pocos modelos adultos que imitar. Tampoco han visto mucho interés de parte de los adultos, de comprenderles. Harry Potter es un reflejo de la realidad de la niñez y la adolescencia, siempre metidos en una alcoba, siendo rechazados, excluidos y abusados por los adultos por sus intereses y prejuicios.
Para el señor Cuadra “otro problema es la historia de fantasía, que cree que todo mal es ficción”. Nuestras hija, hijo y nosotros disfrutamos viendo películas de fantasías que nos han enseñado que el mal no siempre gana y que puede ser derrotado si nos lo proponemos, a diferencia del mundo real donde parece que ser malo paga.
Si la ficción es un problema entonces significaría que nuestros niños y niñas no deberían ir al cine o ver la televisión. Peor aún, no podrían leer gran parte de la literatura universal y sobre todo latinoamericana, que se basa en un realismo mágico que retrata con gran precisión la realidad.
Uno de los aportes importantes que ha hecho Harry Potter es rescatar la lectura en un mundo dominado por las computadoras, la televisión y los juegos de video. ¿Cómo es posible que niños y niñas de ocho y nueve años lean un libro de 500 páginas sin quejarse y con gusto? (La última entrega tiene sobre 700 páginas).
El apóstol Pablo invita a “examinarlo todo; retened lo bueno” (1 Tes. 5:21). Harry Potter no es la panacea del mundo pero tampoco es la mayor amenaza a la humanidad y mucho menos al cristianismo.
Los autores son, profesor de la Universidad Politécnica de Nicaragua, y alumna del tercer año de la Nicaragua Christian Academy

|