El guardián
Arquímedes González arquimedes.gonzalez@laprensa.com.ni
Seguramente que los ángeles tras escuchar el silbato vuelan y se atropellan en el aire tratando de llegar a tiempo a la escuela en la que por la eternidad, estará a cargo Juan Manuel Sequeira con su gran pito y el rótulo de cartón de “Buenos días” sostenido con sus enormes manos.
Murió mi recordado Director del Colegio Douglas Sequeira, ése que ahora es el Colegio Primero de Mayo, ése donde muchos vimos a Sequeira incansable todas las mañanas, frente a la entrada, su cuerpo colosal, sin moverse, casi embalsamado, el pecho al frente, su impecable camisa blanca, el pantalón plomo desgastado sostenido por la inmensa faja café, la hebilla plateada, sus zapatotes cafés bien lustrados, el mostacho entrecano, desde siempre, sus ojos de lince, sus oídos de radar, su olfato de felino.
Ahí estaba siempre este señor, con frío, calor, lluvia o sol, nada le impedía, pasaba lista de todos los alumnos, los amonestaba públicamente si llegaban con zapatos sucios o la camisa sin planchar, sancionaba de la manera más implacable a aquéllos que ni siquiera habían tenido la gracia de amarrarse los cordones de los zapatos, incluso, si era necesario, los expulsaba dedicándoles una mirada fría que hasta podía herir, y daba la vuelta, hacía sonar el silbato tres veces, las tres advertencias para quien osara a pasarse de la raya y comenzaba su constante ir y venir en los pasillos... un guardián.
En este baúl de recuerdos que a cada instante crece y se alimenta de imágenes y voces, me llega su constante discurso a los jóvenes que caminaban en el borde del barranco, entraba a la hora de Física o Matemática y cancelaba la clase porque lo que tenía que decir era más importante que números o letras, era la vida, que uno debe ser siempre educado, comenzar simplemente con ¡dar los buenos días!, honesto, dar lo mejor, trabajar incansablemente, la bondad como bandera, el conocimiento como escudo, que el dinero no hace mejores personas, que éstas se forjan en la lucha diaria, en “el respeto a sus padres que se parten la espalda para que ustedes estudien, no sean sinvergüenzas”, les regañaba ya entrado en calor, porque “un día se van a arrepentir, cuando vean que nada más les falta que les pongan la albarda ya será muy tarde, habrán perdido la vida pero más, sus padres habrán perdido la batalla de hacerlos mejores que ellos, porque los padres siempre quieren que sus hijos sean mejores y no los burros que ustedes quieren ser”, decía en el borde de la excitación y nos dejaba más enojado con él mientras la mayoría ni escuchaba ocupada en dibujar flores y jugar al ahorcado o pasarse papelitos sobre el último escándalo en el aula al conocerse que la “Tortuga” se había besado con “Petunia”, jeje, y así, jeje pasó el tiempo hasta que Juan Manuel Sequeira ascendió incluyendo su silbato y el letrero de “Buenos días” al cielo, donde seguramente los ángeles se andan ahora con más cuidado porque quien recorre los pasillos es Juan Manuel Sequeira, el Director del Colegio Douglas Sequeira. 
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