Y además…
Guerra
Luis Sánchez Sancho luis.sanchez@laprensa.com.ni
Se dice que la guerra en Irak podría estallar en cualquier momento. Inclusive se asegura que sería a principios de marzo, cuando no haya luna en Irak y una absoluta oscuridad envuelva su territorio.
La guerra, como se sabe, ha sido una compañera inseparable de los hombres, desde los orígenes de la humanidad. La paz universal y perpetua de que hablaron Inmanuel Kant y Víctor Hugo, sigue siendo un sueño imposible.
Nuestros antepasados nahuas creían que los dioses crearon a los hombres para que hicieran la guerra, y que así la Tierra y el Sol tuvieran sangre y corazones con qué alimentarse. Por eso la guerra era lo que daba mayor prestigio en la vida y en la muerte, y las almas de los guerreros iban sin condiciones al paraíso del Sol.
Según algunos historiadores y antropólogos, son muy pocos los pueblos que jamás hicieron ni han hecho la guerra. Y mencionan a los isleños de Andamán, cerca de la India; los Shoshoni, de Nevada, Estados Unidos; los Yahgan, de Patagonia; los Misión, de California; los Semai, de Malasia; y los Tasaday, de Filipinas.
En la mitología grecorromana, los dioses de la guerra eran Ares y Marte. Algunos etimologistas consideran, inclusive, que la palabra Marte provino de “mas”, igual a macho, y por eso a Ares y Marte los representaban como hombres barbudos que llevaban la cabeza cubierta con un casco, coraza en el pecho, lanza y escudo en las manos. Les eran consagrados el gallo y el buitre y como víctimas les ofrecían el macho cabrío, el toro, el carnero y el verraco.
Los romanos representaban también a la guerra con la diosa Belona, hermana de Marte. Su nombre se derivó de bellum, que significaba guerra, y de allí bélico, belicista, belicoso, etc. A Belona la personificaban como una mujer fuerte, fiera la mirada, que conducía un carruaje tirado por briosos caballos y llevaba una antorcha, una espada o una lanza en la mano. La acompañaba la Discordia, una diosa que fue expulsada del cielo porque mucho promovía pleitos entre las demás deidades. En vez de cabellos la Discordia tenía serpientes en la cabeza y llevaba en las manos una antorcha y una culebra, o un puñal.
Tras el carro de Belona y Discordia iban el Miedo (representado por un conejo, un ciervo o un elefante) y la Muerte, personificada por una mujer sombría, alada, vestida de negro y empuñando un cuchillo. Belona se aparecía en los momentos más encarnizados de las batallas con los cabellos despeinados, llevando un látigo ensangrentado en la mano, para enardecer a los combatientes.
La primera guerra de que tiene información histórica, según pruebas arqueológicas, fue la de Jericó, ciudad de la actual Palestina que data de antes de los tiempos bíblicos y que ya 7,500 años antes de Cristo tenía un sistema de murallas, torres y fosos defensivos.
Algunos historiadores calculan que en los últimos 3,500 años hubo más de 3,200 guerras, o sea que en esos 35 siglos hubo menos de 300 años de paz.
En Nicaragua las guerras más importantes fueron (ojalá no haya otra, nunca más) la de la conquista española; las de la Anarquía, después de la independencia de 1821; la Nacional, contra los filibusteros; la Constitucionalista, en 1926-1927; la de Sandino, en 1927-1932; la Guerra Civil antisomocista, de 1977 a 1979; y la Guerra Civil de los contras en 1981-1990, cuyas secuelas todavía estamos soportando. 
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