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JUEVES 13 DE FEBRERO DEL 2003 / EDICION No. 23001 / ACTUALIZADA 02:00 am
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El drama de los niños héroes del trabajo

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Fernando Centeno Chiong
fcenteno@cablenet.com.ni

José Rubén no volverá a cortar café utilizando sus dos manos. Alfredo quedará con una lesión permanente en uno de sus ojos, lo que le impedirá apreciar con toda su intensidad los hermosos amaneceres en el campo. Jamileth no podrá correr al igual que las niñas de sus edad por la amputación de uno de sus pies. Jairo, Nelson, Noel y Ernesto quedarán con cicatrices para toda la vida como producto de las quemaduras de la descarga eléctrica que recibieron en el fatídico accidente de principios de año, en Matagalpa, cuando viajaban en un camión con más de 150 cortadores de café.

Estos niños corrieron mejor suerte que Humberto (12 años) y Abel (18), quienes vieron truncadas para siempre las aspiraciones de dejar algunas vez las labores del campo para enrumbarse con más firmeza y conocimiento en los distintos senderos de la vida.

Los niños víctimas del accidente, al igual que 300 mil más, forman parte del inmenso y dramático ejército de niños héroes que diariamente cumplen jornadas de trabajo mayores de 30 horas semanales, muchos de ellos en las peores condiciones de explotación para llevar a su casa el sustento de cada día.

Según la encuesta de Endesa 2001, de cada 100 niños entre los 10 y los 13 años, 22 trabajan tanto dentro como fuera de su hogar. En el rango de los 14 a 17 años, 32 lo hacen activamente y 16 en labores de la casa. Lo más grave es que más del 50 por ciento de los niños, niñas y adolescentes que trabajan no tienen remuneración alguna y el 45 por ciento no asiste a clases o se retiran de las mismas por razones económicas.

En Nicaragua hay miles de casos de sobre explotación laboral de niños y niñas que conllevan riesgos físicos, sicológicos y sociales, en medio de un contexto de violencia social y contaminación ambiental.

La tragedia de Matagalpa puso en evidencia el incumplimiento del gobierno y de otros sectores involucrados, de las leyes y disposiciones contempladas en el artículo 32 de la Convención de los Derechos de Niño, los artículos 19, 73, 74 y 75 del Código de la Niñez y Adolescencia, así como el convenio de la OIT sobre las peores formas de trabajo infantil suscrito recientemente por el gobierno, que establecen entre otras medidas la prohibición de emplear a niños y niñas en cualquier trabajo, y no poner en riesgo la vida, la salud, la integridad física o moral, tanto de éstos como de los adolescentes integrados a faenas diarias.

El fenómeno de la pobreza y extrema pobreza, las medidas de ajuste estructural, la falta de empleos, la baja calidad en la educación, la falta de acceso a los servicios básicos, especialmente en las zonas rurales y la precariedad tanto en el campo, como en los asentamientos en la ciudad originadas por las migraciones son causas del incremento de trabajo infantil.

No bastan entonces las medidas de protección establecidas en la Constitución Política, ni en la Convención, ni en el Código de la Niñez y Adolescencia, ni en los Convenios Internacionales y otras disposiciones legales, para evitar que tragedias como ésta y la de otros miles más que laboran en las peores formas de explotación laboral se repitan, sino que faltan políticas públicas más enérgicas y eficientes dentro de un plan de desarrollo de nación que ofrezca una mayor acción para garantizar un mejor porvenir para las generaciones venideras.

El autor es periodista.  
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