Los desechos radiactivos
Alejandro Serrano Caldera
Recientemente los medios de comunicación del país han puesto de nuevo ante la opinión pública nacional el tema de los desechos radiactivos almacenados en los predios del que fue el Hospital El Retiro, en donde se construye en la actualidad un importante centro comercial junto a la bodega que contiene tan indeseables como amenazadores acompañantes.
Desde hace siete años, aproximadamente, los vecinos de Bolonia y del Jonathán González nos enteramos, siempre gracias a los medios de comunicación, de esa inquietante vecindad. Ante nuestras preguntas se nos dijo, de parte de la Comisión Nacional de Energía Atómica, que los residuos radiactivos se habían recogido en barriles o cápsulas de plomo debidamente sellados, y que en todo caso era una medida provisional mientras se producía el traslado de los mismos a un local despoblado, como mandan todas las normas, internacionales y nacionales, concernientes a la protección del medio ambiente.
En 1997 se intentó trasladarlos a Waswalí, a una base del Ejército, pero los pobladores cercanos al sitio, lo mismo que los cafetaleros, protestaron por el riesgo que para la salud de las personas y para el café que se cultiva en esa zona representaban los desechos. El resultado de esta situación fue que estos residuos no se movieron de lugar, aunque se nos hizo saber que se estaba buscando un sitio más apropiado para trasladarlos, lo que nos pareció perfectamente lógico, pues no se trata y ni remotamente es nuestra intención, de quitar el peligro a unas personas para pasárselo a otras.
Pero han transcurrido varios años, y a raíz de un peligroso incendio ocurrido el 29 de enero del 2001 en ese mismo sitio, escribimos a la ministra de Salud de entonces, licenciada Mariángeles Argüello, el uno de febrero del 2001 y al Presidente de la República en esa época, doctor Arnoldo Alemán, el 7 de febrero de ese mismo año sin recibir respuesta de ninguno de los dos. Recientemente el 16 de enero de este año, escribimos al actual Presidente de la República, ingeniero Enrique Bolaños, sin que hasta el momento se nos haya respondido.
Es evidente que no basta decir que los desechos radiactivos están seguros en sus cápsulas de plomo. Las cosas son seguras hasta que ocurren los accidentes y para entonces ya es demasiado tarde. Yo quiero recordar a las autoridades respectivas que en materia de prevención no cabe especular sobre seguridades relativas; se deben adoptar sin vacilaciones las medidas que prevengan los accidentes.
Como ha recordado la Procuraduría del Medio Ambiente al Ministerio de Salud, tanto en el pasado como en el presente, la Ley 217, Ley General del Ambiente y los Recursos Naturales, publicada en La Gaceta No. 105 del 6 de junio de 1996 en su artículo 3 inciso 1 señala: “El criterio de prevención prevalecerá sobre cualquier otro en la gestión pública y privada del ambiente. No podrá alegarse la falta de una certeza científica absoluta como razón para no adoptar medidas preventivas en todas las actividades que impacten al ambiente”.
El Decreto 9-96, Reglamento de la Ley General del Medio Ambiente y los Recursos Naturales, publicado en La Gaceta No. 163 del 29 de agosto de 1996, en el artículo 94 establece que, “se prohíbe la ubicación de instalaciones que almacenen, produzcan, o formulen, sustancias tóxicas, peligrosas y otras similares a mil metros de distancia de la población”.
La Constitución Política en su artículo 59 señala que “los nicaragüenses tienen derecho, por igual, a la salud. El Estado establecerá las condiciones básicas para su promoción, protección, recuperación y rehabilitación”. Y en el artículo 60 de la misma Constitución se establece que “los nicaragüenses tienen derecho de habitar en un ambiente saludable; es obligación del Estado la preservación, conservación y rescate del medio ambiente y de los recursos naturales”.
Es evidente que la situación referida es una violación permanente a la Constitución Política y a Leyes de Nicaragua y obligan, en consecuencia, no a certificar la supuesta o real garantía que los barriles de plomo ofrecen, sino a decidir de inmediato su traslado a un lugar seguro para todos.
Yo hago aquí las mismas preguntas que he hecho a las autoridades correspondientes en comparecencias en la televisión. ¿Es recomendable que los desechos radiactivos estén almacenados en medio de la ciudad? ¿Es recomendable que lo estén sobre una de las mayores fallas geológicas de Managua cuya actividad produjo la destrucción total del Hospital El Retiro en el terremoto de 1972? ¿Qué radio de alcance tendría la radiactividad sobre la ciudad de Managua y sobre la población y qué efectos podría tener sobre el manto acuífero del que se extrae el agua que consumen los habitantes de la capital? ¿En otras partes del mundo los desechos radiactivos están ubicados en centros urbanos? ¿Cuáles serían los efectos sobre la población? ¿Es sensato construir un centro comercial a la orilla de un depósito de desechos radiactivos? Si, como se nos ha dicho, los proveedores se están llevando los desechos radiactivos actuales, ¿no puede contratarse con ellos para que se lleven también los de las bodegas del antiguo Hospital El Retiro?
El autor es escritor, miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA. 
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