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MARTES 4 DE FEBRERO DEL 2003 / EDICION No. 22992 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Mueren los dos últimos soldados quemados

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.Después de más de dos meses de batallar contra la muerte, dos de los cuatro sobrevivientes de la explosión fallecieron en el Hospital Militar
.En total fueron ocho víctimas mortales; solamente dos fueron dados de alta

Los padres y amigos del soldado lo acompañaron hasta su última morada. (LA PRENSA/L. Vargas)

 

Lucía Vargas Calderón
sucesos@laprensa.com.ni

Los soldados que durante 83 días batallaron en la Sala de Quemados del Hospital Militar Alejandro Dávila Bolaños, se rindieron ante la muerte.

José Evenor García Zeledón murió ayer lunes al mediodía, mientras que Máximo Calero López falleció el domingo por la tarde.

Ambos fueron víctimas de quemaduras de tercer grado durante el accidente en la unidad militar Base Dos del Comando de Apoyo Logístico del Ejército, el pasado 13 de noviembre. En el accidente murieron seis soldados y otros cuatro sufrieron graves quemaduras, de éstos dos lograron sobrevivir.

MADRE SE DESPIDE

Tres besos en la frente. Fue lo último que Máximo Calero López, de 32 años, pidió a su madre el pasado 10 de noviembre. Doña María del Carmen López, de 75 años, entre sollozos relata que su hijo pasó dos días con la familia y cuando se despidió la siguió hasta el aposento y dándole unas palmaditas en la espalda le pidió lo besara, pero nunca imaginó que era la despedida.

Una tragedia que cobró la vida de seis miembros del Ejército de Nicaragua, dejando a otro grupo en estado delicado, dos días después de esa tierna despedida, tomó por sorpresa a esta madre campesina dejándola en zozobra durante 83 días, hasta que le llegó la fatal noticia de que su hijo se había rendido a la muerte, pues él fue una de las víctimas de la explosión, ocurrida el pasado 12 de noviembre en los almacenes del Ejército Nacional.

A las 11 de la noche de este domingo llegó el cuerpo sin vida de Máximo Calero hasta su casa ubicada en la comunidad rural Cañas Blancas Número 2, zona de Los Cocos, ubicada 12 kilómetros al sur de Jinotepe, donde su cuerpo fue velado hasta en horas de la tarde de ayer lunes y luego sepultado en el cementerio de San José de Masatepe, a las tres de la tarde.

Originario de Mata de Tule, Santa Teresa, Máximo Calero se trasladó a Cañas Blancas, donde creció al lado de sus 8 hermanos, su madre y su padre el señor Jorge Martín Calero Pavón, de 80 años. De estrato campesino y dedicados en toda su familia al trabajo de la tierra, este muchacho un día decidió meterse al Ejército, aunque su madre le pidió que no lo hiciera.

“Era su destino”, dice doña María, pues señala que una vez le pidió se saliera porque a ella no le gustaba, pero él le respondió que se sentía bien como soldado. Aseguró que él nunca dejaba su ropa, pero ese 10 de noviembre la dejó y la siguió hasta su cuarto para despedirse de ella.

ESPERAN PENSIÓN VITALICIA

Los gastos del funeral, aseguran fueron asumidos por el Ejército, pero existe una interrogante de los familiares y es que si se hará efectiva una promesa que hizo el presidente Enrique Bolaños, de pasarles una pensión vitalicia a sus padres, dado que son ancianos y también dependían del salario de la víctima.

Santos Benito Calero, hermano del fallecido, coincidió con su madre y resto de hermanos en que el Ejército asumió las medicinas e hizo lo que pudo para salvarle la vida, pero no se logró por el estado en que había quedado producto de la explosión. Señaló que dos miembros de la familia estuvieron día y noche cuidándolo en el hospital, hasta que murió.

Santos, aseguró haber hablado con dos mayores del Ejército, de los que no citó sus nombres y que éstos le prometieron que harían una colecta entre todos los soldados para entregarles una ayuda colectiva de 5,000 córdobas, sin embargo solicitó que el Estado debe asumir una pensión más seria para sus padres.

El mayor Jorge Betanco, al ser consultado al respecto, dijo que desconocía esas disposiciones, las que sólo podían ser aclaradas por los altos mandos y por el mismo presidente.

SOLDADO ABNEGADO

Hasta su última morada fue acompañado por 27 militares, bajo el mando del mayor Jorge Betanco que lo recordó como un soldado abnegado, disciplinado y muy responsable en sus obligaciones, tras reflexionar que esta tragedia es una fatalidad para las filas del Ejército.  
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