Negociar: ¿qué y por qué?
Lorena Zamora-Rivas lorena@ibw.com.ni
Ante lo trascendental del veto parcial del Presidente Bolaños, he leído y escuchado hasta la saciedad: “se tiene que negociar....” Para efectos de la negociación debo preguntar... ¿qué se va a negociar? ¿por qué?
Somos 5 millones de nicaragüenses, pero el futuro del país lo negocian unos cuantos que anteponen los intereses partidarios a la visión de nación. A diario se recibe una retórica de discursos cargados de engaños y culpando a media humanidad de las desgracias de la nación, y nunca reconociendo el grado de responsabilidad que a cada quien le toca. Es más fácil decir “los bancos no han pagado IR”, “el FMI es insensible”, “el gobierno anterior fue irresponsable”. Pero… ¿por qué no se revisa de dónde se origina el mal de la deuda interna y de la deuda externa? La deuda interna es en gran parte los bonos de propiedad, y los CENIS que se emitieron por las quiebras bancarias. ¿Y la deuda externa?… La administración de los 80. Nadie habla de la deuda externa, porque supuestamente ésta va a ser condonada con la iniciativa HIPC. Pero esto también se está arriesgando si no se acepta el veto parcial del presidente Bolaños.
El presupuesto fue elaborado con mucha cautela en función de los pocos ingresos que tiene el país, a conciencia, con visión a largo plazo, con responsabilidad para ordenar las finanzas públicas contando con la asesoría de organismos financieros internacionales interesados en que superemos todas las deficiencias responsables de la situación de caos que hoy persisten. Pero en el recorte realizado por la Asamblea se tocaron exactamente las instituciones que tienen impacto social y que están orientadas a la reducción de la pobreza extrema con el propósito de quitarle al gobierno su capacidad de dar respuesta integral a las necesidades sociales como un todo. Los que salen perdiendo son exactamente los sectores que se está alegando defender.
Hay que explicar cómo se le quita al FISE 63 millones, que son una poca cosa con relación a lo que no se va a recibir, y no se quitan los 37 millones asignados para que cada diputado los utilice a su arbitrio atendiendo intereses personales o electoreros sin que necesariamente redunde en beneficio de la nación. Deben Justificar a la población, la lógica de aumentar a un sector que conlleva un automático despido de otros y cerrando las posibilidades de que se aumenten las fuentes de trabajo para los que ya hace rato no tienen.
Si no vienen los fondos y los alivios, el país entero es afectado. El déficit se aumentará y sólo quedará el recurso de usar la maquinita de hacer dinero sin respaldo para crear un espejismo que se disipará al instante. Nicaragua es una carga tanto para los organismos internacionales como para los mismos nicaragüenses en el extranjero, que en vez de invertir en sus propias necesidades viven mandando sus remesas familiares, que han alcanzado ya niveles de importancia que compiten con las exportaciones que apenas tenemos. No se puede seguir en esta ruta y por eso el prestatario FMI no admite que el país se salga del plan de racionalidad financiera que se firmó recientemente. Estos acuerdos deben respetarse y los primeros que deberían hacerlo son los diputados que fueron electos para pensar en el bien de nuestra población.
Es opinión general que la Asamblea dio un golpe de estado técnico al Ejecutivo. La negociación intenta realizarse en base a que el Presidente es un rehén con una pistola en la cabeza: o acepta el Presupuesto aprobado y arrastra a la nación al despeñadero o deja de ser Presidente. No hay otra manera más gráfica de representar a lo que ha estado sometido durante todo este tiempo. Creo que así nos sentimos todos los nicaragüenses: rehenes de los políticos.
El veto es una acción patriótica que retoma la responsabilidad del Presidente de la República de proponer las estrategias económicas con las que intenta propiciar las condiciones básicas para el desarrollo del país. La Asamblea debe apoyar ese derecho y ese esfuerzo y en vez de ver en cada votación oportunidades para obtener cuotas de poder bajo la amenaza de dar el tiro de gracia al poco potencial de futuro que queda, de una vez por todas trabajar por Nicaragua. Es importante que se acepte el veto, porque la negociación sólo es posible si respeta el desarrollo indispensable que requiere Nicaragua, y respetando los acuerdos que tomamos para generar préstamos que tanto necesita el país. Así se cumple con el FMI y se sientan las bases para un desarrollo integral, cuando todos los fantasmas del pasado se disipen y ya no se tenga que cargar la gran deuda heredada de un modelo económico catastrófico. Se trata de tomar la medicina para sobrevivir y hacer lo necesario con una visión a largo plazo. Es hora de patria y no de partidos. Es hora de ser nicaragüenses, de darse un respiro y permitir que se intente, una vez más, corregir la dirección equivocada que algunos se empeñan en escoger. Sinceramente, como decía don Roberto Terán (q.e.p.d.), hay que tener compasión de la nación.
La comunidad internacional ha sido generosa y ha acompañado a Nicaragua en sus tortuosos caminos hacia la democracia, y ha estado ahí cubriendo la balanza de pagos y otros rubros para lograr la estabilidad macroeconómica, permitiendo con este apoyo que los nicaragüenses retomen la responsabilidad de la construcción de un país con sus finanzas públicas ordenadas y con una determinación unánime de empezar a producir y finalmente salir del atraso en que estamos sumergidos. ¿Cuándo el país va a generar credibilidad institucional y mejorar el clima de inversión y crear los empleos que tanto necesita?
Es el futuro de los hijos y nietos de cada uno de nosotros el que está en juego. Hay que aceptar el veto parcial al Presupuesto. No hay que vetar el futuro de Nicaragua.
La autora es ex presidenta de AMCHAM y miembro del CONPES. 
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