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DOMINGO 2 DE FEBRERO DEL 2003 / EDICION No. 22990 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Caña, guarapo y dulce… un reencuentro con lo ancestral

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.Visitar la ruta de los trapiches de Carazo, es reencontrarse con lo ancestral; la herencia de generaciones camina con pie firme hacia el mañana, en un abrazo donde se funden las raíces de una cultura y el sustento familiar

José de la Cruz Blanco, de 14 años, alimenta la caldera con el bagazo de la caña, mientras su padre, que lleva el mismo nombre, puntea la miel. (LA PRENSA/R. Ortega)

 

Lucía Vargas Calderón
CORRESPONSAL/ SANTA TERESA
departamentos@laprensa.com.ni

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El motor vino a reemplazar a los bueyes en los molinos de caña. La antigua tradición de importantes familias que antes dependía de la tracción animal, aún persiste al tiempo con la existencia de los rústicos trapiches, que airados a las modernidades del presente siglo muelen la caña para obtener de sus azúcares la miel espesa y dulce.

Santa Teresa es el municipio que acuna esta costumbre con sus decenas de casonas que bordeadas de cañales, entre los meses de noviembre a mayo, son la esencia del trabajo artesanal del dulce de rapadura.

En el trapiche Santa Rosa la labor inicia a las dos de la madrugada, el puntero José de la Cruz Blanco, saca la “cachaza” del jugo hirviente, mientras a su alrededor otro buen número de hombres y niños realizan otras labores que conducen a dar el toque final al producto.

“La producción está buena”, dice el joven Pablo Antonio Ramírez, mientras vigila la jornada de sus subordinados, pero asegura que la venta está rogada, después de los días navideños cuando las tapas de dulce son codiciadas para elaborar manjares tradicionales.

Muy cerca está el trapiche “El Chistate”, su administrador Alfredo Vanegas Rojas comenta que este año fue muy buena la cosecha, mientras hace alarde de su experiencia en la materia y explica que trabajan con caña propia y hasta alquilan el plantel a otros productores de dulce, tras señalar que una carretada de caña da para sacar una pila de “guarapo.”

Muchos hombres trabajan rudamente cortando la caña, para luego llevarla en carretas haladas por bueyes a las fincas donde se elabora el gran proceso. Los Potrerillos, Los Encuentros, Los Cruces, El Caliguate, San José de Gracia, Santa Cruz y Monte Grande, son los sitios donde abundan los famosos trapiches.

Los punteros custodian fielmente el hervor del “guarapo” en las enormes pailas; las que son alimentadas con el fuego intenso de la caldera, hasta donde se lleva el bagazo de la caña para calentar a grandes temperaturas el jugo extraído en el molino de motor.  
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