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DOMINGO 2 DE FEBRERO DEL 2003 / EDICION No. 22990 / ACTUALIZADA 02:30 am
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George Bush(padre): ¿afable y bondadoso?

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Peter R. Bernal
peterrbernal@hotmail.com

El expresidente George Bush (padre) proclamó en su discurso inaugural los “mil puntos de luz” y promovió una América más “afable y bondadosa”. Pues bien, su hijo, el 43 presidente de los EE.UU., en su segundo discurso anual “Del Estado de la Unión”, dio la impresión de haber regresado no sólo a su “conservadurismo compasivo” sino a lo de “afable y bondadoso” cuando hablaba, entre otros temas, de la reforma a los programas de salud para los ancianos, ofreciéndoles medicamentos, recortes de impuestos sobre la renta a los matrimonios, ayuda a la lucha contra el Sida, tanto en África como en el Caribe, conservar el ambiente usando hidrógeno como fuente energética, mejorar el sistema de educación. Algunos señalan que los $670 billones en rebajas de impuestos favorecen mayormente a los de altos ingresos. Otros resaltan que los cambios de medicinas a ancianos quedaran en programas privados sujetos en cuanto a beneficios y costos a las frecuentes altibajas del mercado. Y no olvido su nuevo departamento de Seguridad Nacional.

El presidente ha tratado de inclinar la balanza a favor de una nueva imagen, más favorable a los intereses de la mayoría, a la vez que evita ser criticado por darle demasiada atención a las cuestiones internacionales y no a los agobiantes problemas nacionales, agravados por el desempleo, caída de la bolsa, intereses raquíticos impuestos por necesidad imperiosa, una economía deteriorada, evidentemente en picada. En otras palabras, una recesión, como le llaman los economistas. Por ese lado, Bush, independientemente de aspectos sujetos a crítica, llenó las expectativas de todo un sector en el gran mundo de las comunicaciones sociales y de los comentaristas políticos que entienden que todo esto se hace, en parte, para ayudarle a obtener su anhelada reelección presidencial en 2004. Aparentemente mejoro su descendente índice de aprobación popular, lo cual es un logro.

Pero en la segunda mitad de su discurso, la tónica varió considerablemente. Del hombre “afable y bondadoso” pasó al de la mirada sombría y retórica fuerte, de mano de hierro con guante de terciopelo. Recordó el 11 de septiembre del 2001 y le pidió al pueblo y, a su vez sus aliados, a quien fue dirigida en realidad esa parte de su discurso, apoyo en el conflicto con Irak. Daba la impresión de que utilizaba a todas sus fuentes de inteligencia al señalar la absoluta necesidad de tomar acción militar con o sin apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU y de los aliados tradicionales en la OTAN.

Llegó a explicar cómo un prisionero de la red Al Qaeda, del ya casi no mencionado Bin Laden, ¿se recuerdan de este personaje?, vinculaba al gobierno de Irak con la organización terrorista. Según desertores de Irak y fuentes de inteligencia se conocen los esfuerzos del régimen de Sadam Hussein por darle asilo y colaboración a miembros de la red de Al Qaeda. Según Bush, secretamente, y sin huellas digitales, les podría ofrecer sus armas ocultas a los terroristas. Hasta el aliado más próximo a EE.UU., el premier británico, el laborista Tony Blair, reconoció que él mismo no tenía esa nueva información. ¿Qué estará pasando entonces que la inteligencia estadounidense hasta a su principal amigo en el mundo lo mantenga marginado de sus investigaciones? Un punto importante de énfasis presidencial lo fue el hecho de que el mundo ha aguardado 12 años para que Irak se desarme debidamente.

Corea del Norte no estuvo ausente, como lo estuvo, totalmente, América Latina, y mucho más Cuba y Venezuela, del discurso presidencial. Según Bush, los esfuerzos por apaciguar al régimen norcoreano, tratando de disuadirle de la producción de armas nucleares, habían fracasado, ya que el gobierno de ese país engañó al mundo. La solución inmediata, dijo, consiste en disuadir a Corea del Norte de continuar su carrera armamentista y su chantaje al resto del mundo. Por eso dijo que está trabajando con Corea del Sur, China, Japón y Rusia para convencer a ese régimen de que lo único que conseguiría sería un aislamiento que impediría cualquier crecimiento económico y cualquier alivio a la situación lamentable en que se encuentra la población. ¿No es ese aislamiento el mismo que se le impuso a Hussein después de la guerra sin resultados apreciables?

Hay puntos sobresalientes que merecen reconocerse en este discurso, pero también hay preocupaciones que no pueden echarse a un lado. Muchos observadores de alto nivel consideran como insuficiente las medidas tomadas en cuestiones económicas. Hasta se dice que un presupuesto que muestra un déficit considerado como un “récord” sólo contribuiría a aumentar el peso de los estados y municipios y repercutirá en nuevos impuestos a las ventas y a la propiedad que inutilizarían, indirectamente, el ofrecido por Bush. El nuevo pronóstico de la Oficina Congresional del Presupuesto revela que el déficit será de $199 billones, ojo que si estalla la guerra pudiera llegar a los $300 mil millones. No es necesario tomar un curso en M.I.T. para saber que la guerra y la economía ponen a Wall Street a temblar y esto tendría el efecto domino, hasta en la familia más pobre o rica del país.

La posibilidad de guerra con Irak, por necesaria y lógica que sea, asunto que no estamos discutiendo, tiene que ver inexorablemente sobre toda la actividad económica nacional y mundial. Es cierto que el presidente ha mejorado considerablemente en sus explicaciones en torno a lo imperativo de la acción contra Irak, pero seguirán los temores acerca de lo que ocurrirá después de la guerra, al integrarse un nuevo estilo de gobierno en esa región dividida por etnias y sectas, y caracterizada por su volatibilidad.

No es lo mismo un conflicto bélico de dos semanas, que de dos meses u otro de dos años. ¿Cuánto tendrá que permanecer un ejército de ocupación en Irak? ¿Cómo quedarán los mercados petroleros a posteriori? Esto ofrece posibilidades, pero tiene riesgos. Suenan los tambores y parecen estar a punto de soltarse los perros de la guerra. ¿Afectará ésta la futura confrontación entre los partidos políticos nacionales? ¿Qué ocurrirá con una campana presidencial electoral que ya empieza a perfilarse, tal vez prematuramente? El presidente Bush tiene la ventaja del púlpito de la Casa Blanca. Sea cuál sea su decisión, su mensaje ha sido proclamado.

El autor es columnista internacional.  
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