Un nombramiento acertado
Francisco Xavier Aguirre Sacasa FcoAS@ibw.com.ni
Desde el 9 de enero, la Casa Blanca anunció la intención del presidente George W. Bush de nombrar al embajador Roger Noriega —actualmente el Representante Permanente de su país en la OEA— como el próximo Asistente Secretario de Estado Para el Hemisferio Occidental.
En Washington se especulaba que había dos candidatos para esta posición: el embajador Noriega y la embajadora Anne Patterson, quien funge como representante de los Estados Unidos en Colombia.
Ambos candidatos reúnen el intelecto, la experiencia, las calificaciones, el temperamento y el criterio para desempeñar tan importante cargo, y es un secreto a voces en Washington que la decisión no fue fácil. Además se rumora que en un futuro próximo la embajadora Patterson podría ser nombrada para encabezar otro buró de importancia en el Departamento de Estado en reconocimiento de su excelente desempeño en Colombia y en otros cargos anteriores.
¿Ahora bien, quién es Róger Noriega y qué se podría esperar de él como el próximo Asistente Secretario de Estado para el Hemisferio Occidental?
Basado en amplios contactos que tuve con él a partir de 1997 cuando Noriega era un poderoso “staffer” o asesor en el Congreso norteamericano y yo el Embajador de Nicaragua en los Estados Unidos, creo conocerlo bien. Por eso me atrevo a compartir algunas observaciones acerca del embajador Noriega en este artículo.
En primer lugar, Róger Noriega es un conocedor de la realidad latinoamericana. Sus antepasados llegaron a los Estados Unidos de México, ha estudiado la región por años y ha viajado extensamente en el hemisferio. Cuenta, además, con una amplia red de amigos en el continente.
En segundo lugar, tiene una aguda apreciación del sistema político estadounidense y de cómo funciona. Esto es fruto de sus años como asesor para asuntos latinoamericanos de importantes congresistas como el diputado Benjamín Gilman, de la Cámara de Representantes, y el Senador Jesse Helms, del Senado, cuando ambos presidían los comités de relaciones internacionales de sus respectivas cámaras.
Su amplio servicio en el Congreso —y ahora como representante permanente de su país en la OEA, en donde contribuyó a que se aprobase la Carta Democrática Interamericana— le brindan una valiosa dimensión adicional al embajador como candidato.
En cuanto a substancia, Róger Noriega es un conservador, como es de esperarse de un nombramiento del presidente Bush. Pero el Embajador no permite que sus inclinaciones ideológicas cieguen su criterio. Es, sobre todo, una persona que siempre “cumple con su tarea” cuidadosamente y que añade un sano pragmatismo a un estudio riguroso de los hechos antes de adoptar una postura. Pienso que buscaría el “consenso bipartidista” que este cargo —y la política norteamericana hacia la región— requieren. Es más, creo que tiene una buena “visión” de lo que deberían ser las relaciones Estados Unidos-Latinoamérica.
Dos discursos que Róger Noriega pronunció en el 2002 —uno en Wichita Kansas en junio y el otro en la Universidad de Rice en Houston en octubre—, nos brindan una apreciación de esta visión.
En ambos discursos el Embajador claramente evidencia la importancia que —para él— Latinoamérica tiene para los Estados Unidos. Señala que la seguridad y prosperidad de su país están íntimamente ligados a relaciones cercanas con las naciones del hemisferio, y enfatiza el imperativo de “forjar vínculos fuertes” con sus vecinos latinoamericanos. Noriega aboga persuasivamente por la creación de una área de libre comercio hemisférica de 800 millones de consumidores, como la manera de mejorar el nivel de vida de todos los americanos, especialmente los más pobres de Latinoamérica, y para hacer de éste el “siglo de las Américas.”
En una era en que eventos en otros teatros del mundo han prácticamente borrado nuestro hemisferio de la pantalla de radar de los Estados Unidos, es alentador tener como Asistente Secretario a alguien que comprende la importancia estratégica de las Américas, importancia que ha sido subrayada por los eventos recientes en Venezuela y el impacto de éstos en la situación energética de los Estados Unidos.
Además, el Embajador Noriega es un firme creyente en la importancia que “valores compartidos” deben tener en la interacción continental. En sus discursos, habla de la necesidad de lograr una mayor “prosperidad, pero con un propósito”, que él define como el fortalecer la democracia y del estado de derecho en todo el hemisferio e impulsar un desarrollo equitativo para crear más “accionistas” en una América democrática.
Noriega es un realista. Está consciente de que Latinoamérica se encuentra en una encrucijada por las dificultades económicas que está viviendo. Reconoce que estas situaciones han hasta provocado un cuestionamiento de la democracia y de los modelos de libre mercado en algunos países. Cita Venezuela, Colombia y Argentina como naciones que están pasando momentos especialmente inquietantes. Y, por supuesto, condena la dictadura castrista en Cuba. Pero el Embajador no se deja ahuyentar por el difícil cuadro hemisférico. Más bien, ve estas dificultades como desafíos que hay que superar y como una oportunidad que no debe desperdiciarse para mejorar la gobernabilidad fortaleciendo, inter alia, los sistemas judiciales y el respeto a la propiedad privada en Latinoamérica.
Conclusión: el Embajador Róger Noriega es una persona que tiene el bagaje idóneo para desempeñar el cargo para el cual ha sido nominado. El suyo es un nombramiento acertado.
El autor fue Canciller de Nicaragua. 
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