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DOMINGO 2 DE FEBRERO DEL 2003 / EDICION No. 22990 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Cinco tareas de cara al TLC

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Roberto Artavia Loría

La plataforma de libre comercio que vienen construyendo las naciones centroamericanas constituye una oportunidad sin precedentes para impulsar y consolidar el desarrollo económico y social de nuestros países. En la segunda mitad del siglo XX ha quedado claramente establecido que para las economías pequeñas el único camino hacia fuentes de mayor riqueza es la explotación positiva de los mercados internacionales.

En buena teoría, la dinámica del libre comercio lleva a mayores y más sofisticadas inversiones locales y extranjeras; al crecimiento del comercio exportador e importador, generando nuevas fuentes de riqueza y empleo y mejores condiciones para los consumidores; genera recursos fiscales importantes a partir de las nuevas inversiones y del crecimiento económico general; requiere de mayor sofisticación de los procesos y servicios, resultando en mejores salarios y, en fin, tiene el potencial de crear una verdadera marea de crecimiento económico. Esto se reflejará rápidamente en mejores estadísticas macroeconómicas y en bonanzas microeconómicas en los sectores y empresas que aprovechen la oportunidad con estrategia, inversiones y constancia.

Pero debemos entender que el TLC no genera todo lo anterior de manera automática. Para que todos estos efectos positivos se den, hay que hacer la tarea en varias áreas importantes de la vida económica y política del país.

En primer lugar, y en esto siento que estamos muy bien cubiertos por los actuales responsables del proceso, hay que negociar un período de transición apropiado para aquellos sectores que, por su relativa improductividad histórica o circunstancial, se verán afectados con competencia más sofisticada, productiva y algunas veces distorsionada por los gobiernos de los países con que nos estamos integrando. Pero negociar bien no es la única tarea importante relacionada con este tema. El “período de gracia” que se nos otorgará debe ser aprovechado para implementar en todos sus alcances la famosa reconversión productiva que, lo que realmente significa, es aumentar la productividad intrínseca de las empresas del sector, de su clima de negocios específico, y de sus factores de comercialización tanto en el país como en el exterior. La primera tarea es, entonces, aprovechar la buena negociación que se dará para preparar a estos sectores no sólo para subsistir, sino para competir.

La segunda tarea es crear los mecanismos concretos para la atracción de inversiones “deseables”. Por inversiones deseables entendemos aquéllas que le aportan a nuestros países fuentes frescas de capital, nueva tecnología productiva y de comercialización, acceso incremental a los mercados y nuevos conocimientos a la fuerza laboral, que le permita a ésta, en el tiempo, cotizarse mejor. La atracción de inversiones tiene tres requisitos fundamentales: seguridad jurídica, clima de negocios propicio y productividad. En términos de incentivos es importante, más que nada, el acceso a los mercados y eso lo garantiza la plataforma múltiple de libre comercio (USA, Canadá, México, República Dominicana, CARICOM, Chile, Panamá, Centro América) que en su conjunto ofrecen las economías de la región. Como los recursos son limitados, habrá que crear climas de negocios propicios para aquellos sectores en que cada una de las economías de la región está mejor preparada para competir y, conforme las economías crezcan, seguir impulsando la atracción de inversiones cada vez más sofisticadas. Para ser exitosos en esta tarea es importante el manejo de la imagen de nación y el mercadeo específico que se haga en los sectores objetivo, el cual debe ser proactivo, moderno y respaldado por el gobierno como de alta prioridad.

La tercera tarea es a nivel de los sectores productivos. Las organizaciones del sector privado deben convertirse en impulsoras de inversiones; en creadoras de especialización sectorial en el clima de negocios; en fuentes de información de los nuevos mercados para sus asociados; en fuentes de información, primero para la negociación y luego para la promoción del crecimiento, para el gobierno y el sector financiero; y en centros de transferencia de tecnología y capacitación especializada. Su labor, más que de cabildeo político debe ser de desarrollo productivo. Esta tarea es fundamental porque para darle sostenibilidad a los impulsos iniciales que creará el TLC es necesaria esta transformación de las organizaciones privadas que facilite, complemente y fortalezca la acción del estado.

La cuarta tarea es a nivel de las empresas grandes, medianas y pequeñas. En este enorme mercado de libre comercio habrá nuevas oportunidades para todos. El mercado que se abre es rico en escala y en nichos diferenciables, en niveles de consumo, en suplidores eficientes de los más diversos insumos, en opciones logísticas y, sobre todo, en su capacidad de crecimiento. Todas las empresas deben trabajar en estrategias que las preparen para esta gran oportunidad. Para esto requieren de información de los nuevos mercados, de capacidad de invertir en su tecnología y expansión, de la habilidad para posicionarse en el mercado local y extranjero, de la capacidad de mejorar su eficacia operativa y de un ajuste de enfoque, pues no va a ser mediante negociaciones gremiales ni favores del estado que van a subsisitir y competir en el futuro. Tendrán que hacerlo a través de sus productos y servicios, de sus marcas y canales de distribución, de la lealtad de sus clientes y distribuidores, lo cual sólo se puede lograr con estrategia y la capacidad de implementarla en todos sus alcances.

La quinta tarea es la más difícil, pues es a largo plazo, y sus resultados sólo los prodrá evaluar la historia. La quinta tarea de preparación para el TLC es crear la agenda social paralela al vértigo del libre comercio. En naciones como las nuestras es claro que no toda la población está lista para saltar hacia esta nueva plataforma con igual fuerza. En nuestra región existen importantes sectores de la población, particularmente en las áreas rurales, que para beneficiarse de los TLC requieren apoyo explícito del gobierno, de organizaciones no gubernamentales y del sector privado, principalmente a través de una política social redistributiva de los réditos del crecimiento económico que la nueva plataforma comercial de seguro generará. Los réditos del crecimiento económico deben ser la base de una nueva política social que se centre sobre las zonas históricamente marginadas por nuestros patrones de desarrollo para que los TLC se conviertan en la fuente de un nuevo modelo de desarrollo social. El objetivo de esta quinta tarea debe ser asegurar que la siguiente generación completa, y particularmente los que menos tienen hoy, se incorporen de lleno y en el plazo más corto posible a los beneficios y potencialidades que la nueva plataforma comercial nos ofrece. Para esto el apoyo de la institucionalidad internacional y de nuestros socios comerciales más ricos será necesario también.

No me cabe duda de que los TLC son una parte fundamental e importante de la creación de nuevas y mejores fuentes de prosperidad para nuestras naciones. Pero sería una lástima si nos conformamos con lograr buenas estadísticas agregadas de nuestro desempeño económico. Hay que aprovechar esta oportunidad como lo que realmente es: una tabla de salvación para los que menos tienen, siempre y cuando priven en los años que vienen la solidaridad, la redistribución y la constancia como valores de nuestra gestión conjunta del desarrollo regional.

El autor es rector de INCAE.  
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