Desde Washington
Venezolanos deben hallar la solución a sus propios problemas
Marcela Sánchez washingtonpost.com
No hay duda que para entender la crisis venezolana hay que vivirla. Pero la semana pasada representantes de los dos polos que están desgarrando al país sudamericano hicieron su peregrinaje a Washington con la intención —tal vez la única en común—de exponer su drama al mundo.
A juzgar por sus palabras, la solución está más lejos que nunca. Ambos esgrimieron su destreza en incriminaciones mutuas. Es el otro, dijeron, el que ha usado su posición privilegiada para llamar a la discordia, la violencia e incluso la muerte. Cada uno parecía empecinado en no hacer concesiones al contrario, al que señalaban como el único enemigo de la democracia.
Es verdad que cada lado se esforzaba por dar su mejor diagnóstico de la crisis . Si no se conocen los síntomas, difícil formular una cura al enfermo, dijo el Canciller venezolano Roy Chaderton. De acuerdo. Pero también es cierto que en su interés por revelar su sufrimiento cada uno dio la impresión de no invertir el mismo tiempo, pasión y talento en buscar la medicina para tratarlo.
En ningún otro punto coincidieron más que en su lamento por la incomprensión internacional de su dilema. No sorprende, entonces, que ambos hayan respaldado, como el comienzo de una respuesta internacional a una crisis que no se puede seguir ignorando, la creación del grupo de países amigos para que participen en las negociaciones entre el gobierno venezolano y la oposición.
El grupo podría satisfacer esa sed de atención internacional. Pero más importante aún es que haga aceptar a todos la idea de que atender y entender la crisis venezolana no significa estar plenamente de acuerdo con uno u otro bando.
Diversos analistas coincidieron en que el Grupo de Amigos podría ser muy útil en restaurar la confianza y en presionar a los venezolanos a modificar su retórica apocalíptica. También podría garantizar el cumplimiento de compromisos acordados y ejercer presión para llegar a ellos, pero resulta difícil imaginar una presión más fuerte que la ejercida en los últimos dos meses por la oposición venezolana por medio de un devastador paro nacional.
Es muy pronto para saber si el Grupo de Amigos tendrá éxito. Como era de esperarse, la primera reunión de cancilleres y vicecancilleres del Grupo la semana pasada en Washington, dejó pocos resultados concretos. Pero en nombre de los seis países miembros (Brasil, Chile, España, Estados Unidos, México y Portugal), el canciller brasileño Celso Amorim envió ya un mensaje esencial: la solución en Venezuela la podrán encontrar sólo los venezolanos.
El mensaje puede parecer simplista. Pero lo importante aquí es reconocer que el Grupo de Amigos puede resultar inútil especialmente si su existencia se convierte en otra excusa para la inacción.
En la década de los 90 esa táctica de mirar al exterior fue común entre muchos colombianos. Agotados por un conflicto interno descontrolado, miraban especialmente a Estados Unidos como la única fuente de esperanza para una resolución. Al final del día, tras la renuencia de Washington a ser el Mesías y ante el deterioro de la situación interna, los colombianos parecieron reconocer la necesidad de poner más de su parte.
Es claro que en situaciones como la de Venezuela la introspección no es fácil. Fácil, y además reconfortante, es mirar al exterior y acudir a aliados convenientes, predecibles y siempre animosos. El presidente Hugo Chávez parece haber encontrado dicho aliado en el líder cubano Fidel Castro; y curiosa, pero no sorprendentemente, la oposición venezolana parece haber encontrado lo mismo en el archienemigo de Castro, particularmente el exilio cubano de Miami.
Pero Chávez y su oposición harían bien en mirar más allá de Castro y el exilio cubano. Después de todo, sus actos frente a la situación de su propio país han llevado a un impasse diplomático de más de cuatro décadas. Entre muchas otras razones, buscar amigos en otras latitudes resulta especialmente importante ahora que el grado de tensión en Venezuela requiere menos porristas y más árbitros imparciales.
Al fin de cuentas, ¿de qué sirven amigos claramente más interesados en apartar a los bandos en Venezuela que en acercarlos?
La intensidad del paro en Venezuela parecía estar disminuyendo esta semana, pero no es el momento de proclamar ganadores o perdedores. Una victoria real no será algo que se reclame sino algo que se logre. El Grupo de Amigos podría ayudar a los venezolanos a entender la necesidad de otro tipo de sacrificio, el tipo de sacrificio que los acerque en vez de desgarrarlos. 
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