Entre aves y reptiles
Leslie Ruiz Baldelomar leslie.ruiz@laprensa.com.ni
Lo que para unos significa un oficio poco tradicional y de mucho esfuerzo, para otros se ha convertido en una gran pasión. Es el caso de Juan José Quezada, quien por más de una década se ha dedicado a la crianza de aves y reptiles que luego son exportados principalmente al continente europeo.
En medio de su finca de quince manzanas, encontramos varias jaulas amplias con mayas de hierro y forradas con un cedazo del mismo material. En ellas permanecen distintas especies de cotorros y loras.
Muy cerca, en un área donde hay siembras de árboles de chagüite, se encuentran las boas y serpientes corales que suelen esconderse bajo las hojas secas que han caído en el suelo.
Las tortugas, son otros de los animales preferidos de Quezada. Las hay de todo tamaño y todas son exportadas.
“El Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales, acatando la ley 217(Ley General del Medio ambiente y los Recursos Naturales publicada en la gaceta no. 105 del 6 de junio 1996), prohíbe la cría de aves y reptiles para la comercialización nacional. Por eso me he dedicado a la exportación. Al comienzo lo hice con iguanas, boas y gallegos verdes. Luego me amplié con cotorros y otras especies de aves”, explicó a LA PRENSA.
UNA CARA PASIÓN
Alimentar todos los animales no es barato. “Tengo un vasto criadero de ratas blancas y negras con el único objetivo de darles de comer a las boas, las serpientes corales y los gallegos verdes que por el momento no son muchos, pero que sí implican gastos”, detalló.
Los loros, cotorras y chocoyos son alimentados con melones, remolachas, zanahorias, bananos, maíz y soya. Cuando uno de los ejemplares se encuentra delgado, se saca de la jaula para empezar el proceso de engorde, que consiste en la suministración de 15 CC cada tres días de vitaminas y otros medicamentos.
“Durante la crianza, todas las aves son examinadas por un veterinario experto en sexología. Hace poco estuvo un especialista de Buenos Aires, Argentina por 15 días, quien se cercioró del buen tratamiento que reciben cada una de las especies en esta finca”, dijo Quezada.
Comentó que las jaulas se limpian dos veces al día para evitar que los animales se enfermen.
“Todo esto implica dinero. Sólo en infraestructura invertí unos 60 mil dólares, pues coloqué un sistema de tubería de aguas negras y potable, un sistema eléctrico de 400 metros, perforé un pozo de aproximadamente 200 metros y mantengo en perfecto estado cada una de las jaulas”.
CRIANDO BEBÉS
El veterinario Álvaro Valenzuela, quien también se dedica a este trabajo, cuenta que criar a un ave en sus primeros días de nacido es como cuidar a un bebé humano, ya que implica alimentarlo cada dos horas.
“No importa el tipo de ave que se esté criando, todas necesitan un cuidado intensivo sobre todo durante los tres primeros días después que ha salido de su huevo. En esta etapa, todavía permanecen en incubadora a una temperatura determinada y hay que estarlos vigilando cada hora si es posible”, explicó el experto.
Según Valenzuela, esta especie, a pesar de haber sido incluida dentro de la categoría Apéndice Uno por CIPES (Comisión Internacional de Comercio de Especies de Flora y Fauna en peligro de extinción), no se encuentra en peligro de extinción en Nicaragua a diferencia de Costa Rica, El Salvador, Guatemala y México.
“La inclusión de las loras nuca amarilla dentro de Apéndice Uno fue una decisión política, ya que ni siquiera consultaron si en realidad estaban en peligro de extinción en nuestro país y esto es algo que los miembros de Asofauna conocen y apoyan”, comentó.
Dentro de las reglas básicas de crianza también se encuentra el nulo contacto directo con las crías, puesto que el sudor humano es perjudicial para su salud. Tampoco pueden ser expuestas a las corrientes de aire y la luz solar.
LUCHANDO CON EL CONTRABANDO
“El contrabando nos ha sido muy perjudicial. Según los datos suministrados por los tres estudios de Asofauna (Asociación de Criadores y Exportadores de fauna silvestre), que es la asociación a la que pertenezco, exportamos tan sólo dos mil loras corrientes de las más de 20 mil que podemos exportar cada año”, reveló Juan José Quezada.
Agregó que el mismo problema sucedió con las loras amarillas de las cuales se pueden exportar —supuestamente— más de cuatro mil por año. Sin embargo, durante el 2002, sólo exportaron 500 ejemplares.
“A veces se pone tan malo el negocio debido al contrabando, que prefiero devolver las iguanas a la montaña que mal venderlas”, señaló.
El principal mercado de los miembros de Asofauna es Alemania, aunque no se puede obviar Italia, España y en menor escala Inglaterra. 
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