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SáBADO 1 DE FEBRERO DEL 2003 / EDICION No. 22989 / ACTUALIZADA 03:30 am
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Por qué sabemos que Sadam Hussein miente

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Condoleezza Rice

Siete semanas después que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad una resolución demandando —una vez más— que Irak revele y termine con todos sus programas de armas nucleares, químicas y biológicas, resulta apropiado preguntarse “¿Ha decidido Sadam Hussein desarmarse voluntariamente?”

Desafortunadamente, la respuesta es un “no” claro y resonante. No hay ningún misterio en el desarme voluntario. Los países que deciden desarmarse llevan a los inspectores a donde se encuentran y producen armas, responden abiertamente a cualquier pregunta, declaran pública y frecuentemente su intención de desarmarse y urgen a sus ciudadanos a cooperar. El mundo conoce, a través de los ejemplos de Sudáfrica, Ucrania y Kazajstán, qué ocurre cuando un gobierno decide renunciar, de una manera cooperativa, a sus armas de destrucción masiva. Los elementos comunes esenciales de estos esfuerzos incluyen un compromiso político de alto nivel con el desarme, iniciativas para desmantelar los programas de armas y cooperación y transparencia totales. En 1989, Sudáfrica tomó la decisión estratégica de desmantelar su programa secreto de armas nucleares. Destruyó su arsenal y más tarde se sometió a la verificación rigurosa del Organismo Internacional de Energía Atómica.

Los inspectores tuvieron acceso total a todas las instalaciones nucleares (en operación y clausuradas) y al personal. Se les presentaron también millares de documentos que detallaban, por ejemplo, la operación diaria de las instalaciones de enriquecimiento de uranio, al igual que la construcción y desmantelamiento de armas específicas. Ucrania y Kazajstán exhibieron un patrón de cooperación similar cuando decidieron despojarse de las armas nucleares. La conducta de Irak no podría ofrecer un contraste más conspicuo.

En lugar de un compromiso con el desarme, Irak mantiene un compromiso político de alto nivel para mantener y ocultar sus armas, compromiso encabezado por Sadam Hussein y su hijo Qusay, quienes controlan la Organización de Seguridad Especial, la cual dirige las actividades de encubrimiento de Irak. En lugar de poner en práctica las iniciativas nacionales de desarme, Irak mantiene instituciones cuyo único propósito es entorpecer la labor de los inspectores. Y en lugar de la cooperación y transparencia totales, Irak ha presentado a las Naciones Unidas una declaración falsa de 12,200 páginas. Por ejemplo, la declaración no rinde cuentas ni explica los esfuerzos de Irak por conseguir uranio en el extranjero, su fabricación de combustible específicamente para misiles balísticos que proclama no tener, y los vacíos previamente identificados por las Naciones Unidas en la rendición de cuentas iraquíes de más de dos toneladas de materia prima necesaria para producir millares de litros de ántrax y otras armas biológicas. La declaración de Irak recurre incluso al plagio descarado, con largos pasajes de informes de las Naciones Unidas copiados palabra por palabra (o depurados para eliminar cualquier crítica contra Iraqk), presentados como textos originales. Lejos de informar, la declaración se propone oscurecer y confundir el verdadero cuadro del arsenal de Irak. Esto constituye una violación importante a la Resolución 1441 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que estableció el actual programa de inspecciones.

Al contrario de otras naciones que se han desarmado voluntariamente, y en desafío de la Resolución 1441, Irak no les permite a los inspectores el “acceso inmediato, libre de obstáculos, irrestricto” a las instalaciones y las personas involucradas en su programa de armas. Como lo demostró una inspección reciente a la casa de un científico nuclear iraquí, materiales y documentos todavía se mueven de un lado a otro. La lista de personas involucradas en los programas de armas de destrucción masiva, que las Naciones Unidas le requirieron a Irak, termina con los que trabajaban en 1991, aún cuando las Naciones Unidas había establecido previamente que los programas continuaron después de esa fecha.

Las entrevistas con científicos y funcionarios del programa de armas identificados por los inspectores tuvieron lugar sólo ante la presencia vigilante de agentes del régimen. El hallazgo de 12 ojivas químicas no incluidas en la declaración de Irak fue particularmente preocupante.

Anteriormente, Irak ha llenado este tipo de ojivas con sarin, un agente neurotóxico mortal. Richard Butler, ex jefe de inspectores de armas de las Naciones Unidas, estima que si un tipo de ojiva más grande, que Irak ha construido y usado anteriormente, se llenara con VX (un agente neurotóxico aún más mortal), y se lanzara en una ciudad importante, podría matar hasta un millón de personas. Irak tampoco ha provisto a los inspectores de las Naciones Unidas documentación en respaldo de su declaración de haber destruido sus acopios de VX. Quedan pendientes muchas interrogantes acerca de los programas y el arsenal de armas nucleares, químicas y biológicas iraquíes, y es obligación de Irak ofrecer las respuestas. De una manera espectacular, omite hacerlo. Tanto por lo que hace como por lo que deja de hacer, Irak demuestra que no es una nación que se inclina al desarme, sino que tiene algo que ocultar. Irak trata las inspecciones como si fueran un juego. Debería saber que se le está acabando el tiempo.

La autora es Asesora de Seguridad Nacional en los Estados Unidos.  
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