El “conspiracionismo”
Es evidente la intención que hay en ciertos círculos de poder, de descalificar o al menos minimizar el informe de la OEA sobre el caso de las armas que salieron de los arsenales de la Policía y el Ejército de Nicaragua y fueron a parar a manos de terroristas colombianos. Inclusive, por medio de ciertas informaciones se ha pretendido hacer creer que lo que hubo fue una conspiración internacional —del crimen organizado o de algunos países— contra el Ejército y el Estado de Nicaragua.
Pero es muy difícil creer que el gobierno estadounidense se hubiera confabulado con los de Israel y Colombia para dañar a Nicaragua, siendo como es uno de los principales proveedores de ayuda a nuestro país. Inclusive, el gobierno de Estados Unidos ha respaldado de múltiples maneras el proceso de conversión profesional del Ejército y la Policía, al que ha valorado como muy exitoso. Ahora mismo, el ministro de Defensa y el jefe del Ejército de Nicaragua se encuentran en Estados Unidos, seguramente hablando sobre el caso de las armas pero también acordando nuevos planes de cooperación estadounidense con las fuerzas armadas nicaragüenses.
Es cierto que las conspiraciones han existido y seguramente seguirán existiendo nadie sabe hasta cuando, en Nicaragua y el mundo. Pero también es verdad que con frecuencia se recurre al “conspiracionismo” para justificar represiones, ocultar negocios sucios o turbios y proteger a quienes los promueven y se lucran con ellos.
De manera que no es con estratagemas “conspiracionistas” que se debe enfrentar y resolver el caso de las armas que fueron a parar a manos de terroristas colombianos. Más bien el Gobierno debe afrontar los hechos con entereza y garantizar que la investigación sea correcta, imparcial y creíble, y si fuera el caso, poner a los involucrados a la orden de los tribunales competentes para que sean estos los que determinen su inocencia o culpabilidad.
El “conspiracionismo” se ha practicado muchas veces en Nicaragua, pero la verdad siempre terminó resplandeciendo. El somocismo, en muchas ocasiones inventó conspiraciones del comunismo internacional o de quien fuera, para mantener sometida a la población y reprimir a los opositores. Y lo mismo hizo el régimen sandinista que hasta involucraba en las falsas conjuras a sacerdotes y monjas, igualmente para mantener atemorizada a la población no sandinista, reprimir a los desafectos y mantener suspendidas las libertades individuales y los derechos humanos.
Por supuesto que el “conspiracionismo” no es un recurso propiamente nicaragüense, sino internacional y de antigua data. En el siglo XX recién pasado, los regímenes totalitarios fascistas y comunistas fueron campeones en la invención de conspiraciones para justificar las crueles y sangrientas represiones masivas que llevaron a cabo y costaron la vida a decenas de millones de seres humanos.
Al respecto, la semana pasada la prestigiosa revista británica The Economist publicó un reportaje titulado “Teorías para explicarlo todo”, que fue traducido y reproducido por el diario La Nación, de Argentina, en el que se examinaron algunos casos en los que gobiernos y personajes autoritarios han inventado conspiraciones de toda clase para explicar sus fracasos y justificar las represiones. En dicho reportaje se menciona, por ejemplo, que Samuel Morse, creador del código de comunicación que lleva su nombre, inventó una supuesta conspiración de Austria para imponer a un príncipe Habsburgo como “emperador de los Estados Unidos”.
Según The Economist, “culpar a otros de los errores propios puede, emocionalmente, causar satisfacción, pero es un consejo dictado por la desesperanza...”; e inclusive, “en casos extremos las teorías de la conspiración pueden costar vidas”. Y menciona el caso de Bin Laden, quien creía o cree que hay una conspiración occidental-sionista-cristiana contra el islam; y el de Hitler, quien estaba convencido de que asesinando a millones de personas podría liberar a la humanidad aria de un complot universal de los judíos y las “razas decadentes”.
Pero la verdad siempre se impone. Esto no lo deberían olvidar quienes se empeñan en inventar conspiraciones para evadir responsabilidades y proteger quien sabe a qué personaje poderoso que podría estar implicado en el escándalo de las armas.
Como hemos dicho anteriormente, si lo que se quiere es salvar la institución no se deberían entorpecer las investigaciones con burdas estratagemas como el “conspiracionismo”. 
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