Zona de strikes
Aún estamos estremecidos
Edgard Rodríguez C. edgard.rodriguez@laprensa.com.ni
Por encima de las razonables críticas, que como jactancioso, Ricardo Mayorga pudiera recibir, tenemos que reconocer su espíritu guerrero, capaz de generar momentos extraordinarios como el que ofreció este sábado, que indiscutiblemente, ha quedado grabado a fuego en nuestra memoria.
Mayorga convirtió lo que debió ser —a vista de los expertos— su suicidio, en el punto de apoyo que le ha permitido escalar la cúspide, mientras reinserta a Nicaragua en las altas esferas del boxeo, de donde hemos estados ausentes desde los días en los que Alexis Argüello devastaba oponentes.
Este Ricardo del sábado, no sólo disipó abrumadoramente nuestro escepticismo, sino que nos ha demostrado que cuando habla no lo hace propiamente en sentido metafórico, sino en un afán de probarnos que su franqueza, o mejor dicho, su atrevimiento, es proporcional a su talento.
Mayorga no se mostró como el artista pensador porque no lo es. Lució como ejecutor inapelable, frente a un Vernon Forrest, que aún en la derrota mostró algunos destellos de su material. Tras un confuso primer asalto, el norteamericano tuvo gran presencia en el magistral segundo round.
Pero ese round, ganado por Forrest, permitió descubrir la capacidad para asimilar de Mayorga, quien fue agredido por un par de uppercuts que pudieron haber noqueado a cualquiera. Eso nos llevó a concluir que el nica, ciertamente está para asumir cualquier reto dentro de ese casillero.
Y mientras Mayorga lucía suelto, temible y desbordado, Forrest cometió el grave error de entrar en su línea de fuego, en un afán de recuperar el respeto que el pinolero había arrebatado y lo que consiguió fue entrar en sus dominios para ser finalmente masacrado ante el asombro de todos.
Mi mayor deseo es verlo perdurar en esos niveles de grandeza, y mejor aún, si logra hacer ciertos ajustes que le permitan proyectar mejores huellas para las nuevas generaciones. En medio de las habituales crisis que agobian a nuestro país, este Mayorga ha emergido como un calmante. 
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