Historias del Capo di tutti Capi
Humberto Cuadra Morales*
A finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, emigraron hacia Estados Unidos alrededor de 10 millones de italianos. Entremezclados iban delincuentes sicilianos a imponer un estilo propio de hacer negocios: el de la extorsión, el robo y el asesinato. Estas prácticas las aprendieron de sus antepasados que obligaban a comerciantes y productores a pagarles dinero a cambio de “protección”. De lo contrario se asesinaba a un familiar o se les quemaban sus propiedades. Para mantener sus operaciones delictivas encubiertas e impunes, instauraron dentro de la organización un código de conducta llamado la ormetá o “ley del silencio”.
Para el año de 1910 vivían alrededor 350,000 italianos en Nueva York y como 50,000 en cada una de las ciudades de Boston, Chicago, Nueva Orleáns y Filadelfia. Fue cuando se dio un incremento del índice de criminalidad en los barrios controlados por las comunidades italianas. Las autoridades gubernamentales optaron por restringir la cuota anual de inmigrantes italianos. Pero era demasiado tarde, la mafia siciliana o Cosa Nostra ya estaba organizada en Chicago desde 1890 y en Nueva York desde 1897.
Para ser miembro de Cosa Nostra había que ser un “hombre hecho” y cumplir con 5 leyes fundamentales: “Un hombre hecho debe acudir siempre en auxilio de un hermano con todos los medios de que disponga, incluso a riesgo de su vida o sus propiedades. Un hombre hecho debe obedecer las órdenes de un consejo de hermanos más antiguos que él y no debe cuestionarlas nunca. Un hombre hecho debe considerar una ofensa infligida por un no miembro de Cosa Nostra a un hermano como personalmente contra él y el resto de hermanos de Cosa Nostra, y debe estar dispuesto a vengarla a toda costa. Un hombre hecho no debe jamás acudir a la policía, los tribunales de justicia o cualquier otra autoridad gubernamental en demanda de ayuda. Un hombre hecho, ni bajo el dolor o la muerte debe nunca reconocer la existencia de Cosa Nostra, discutir sus actividades o revelar el nombre de otro miembro de Cosa Nostra”.
Cosa Nostra es una única y sólida organización de italoamericanos que llegó a tener 28 familias esparcidas por los Estados Unidos. La mayoría de ellas aún existe. Cada familia cuenta con un capo o padrino que tiene bajo su mando a un sotto capo o vicejefe, un consejero, varios capitanes, varios tenientes y muchos soldados. Existe un comité rector que dirime las disputas entre las familias que está conformado por seis de los capos de las familias. Este comité tiene la facultad exclusiva de extender contratos, o sentenciar a muerte, a miembros o no miembros de Cosa Nostra. Estos se extienden por asuntos estrictamente de negocios. El comité, en tres ocasiones de su historia, ha contado con un “capo di tutti capi o jefe de capos”, que es la autoridad máxima; su palabra es ley. El primero de ellos fue Salvatore Maranzano quien en 1931 reunió a todos los capos de las familias y les dijo: “He decidido dividir Nueva York en cinco familias, al mando de cinco generales romanos con poderes sobre cinco legiones. Todos ellos reportarán al César, y ese soy yo; yo seré el capo di tutti capi”; y de inmediato nombró a todos los padrinos y vicejefes de las 5 familias, las que a la fecha aún existen. Maranzano desvió, a espaldas de las familias, US$100,000 para su uso personal. Lucky Luciano, del comité, se enteró y decidió que era hora de cambiar de liderazgo. Para ello buscó apoyo principalmente en las familias de Nueva York. Maranzano se enteró del complot y le extendió un contrato a Luciano, pero éste se adelantó liquidándolo primero. Luciano tomó el control total de la organización no sin antes ordenar la matanza de 72 hombres hechos de Cosa Nostra, en menos de 48 horas. Su ascenso provocó un gran resurgimiento de los negocios y del poder de Cosa Nostra, que incluyó el inicio de la construcción de casinos en Las Vegas. Luciano convirtió la organización que había liderado Al Capone, en un juego de niños. Luciano terminó en la cárcel en 1936 acusado de promover la prostitución. En la cárcel, se alimentaba de exquisitos platos de restaurantes famosos, champán, caviar, patés franceses y vinos italianos. Todo el tiempo mantuvo un férreo control de la organización. En ocasión del inicio de la Segunda Guerra Mundial, sus allegados idearon un plan para sacarlo de la cárcel. Éste consistía en hundir uno de los buques de guerra anclado en el Puerto de Nueva York. La idea era hacer creer al gobierno que el espionaje nazi había sido el responsable de la operación. Si el plan resultaba, los mafiosos podrían ofrecerle “protección” al gobierno para los cientos de kilómetros de muelles de la costa este del país, utilizando el control que tenían de los sindicatos de estibadores. A cambio, obtendrían la excarcelación de Luciano. Un año después de terminada la guerra y tras haber permanecido 10 años en la prisión, Lucky Luciano fue deportado a Italia sin derecho a retorno; se le otorgaba la libertad condicional en agradecimiento por su contribución patriótica a la nación. Luciano siguió controlando los negocios de la familia desde Italia, donde murió y fue trasladado para ser sepultado en Nueva York.
Un poderoso capo llamado Vito Genovesse quiso convertirse en Capo di tutti Capi, lo que significaba acabar con Luciano. Pero éste, en alianza con Carlo Gambino, tendió una trampa a don Vito que lo llevó a la cárcel por tráfico de heroína; don Vito nunca se enteró de la jugada. Carlo Gambino ganó poder e ingresó al Comité. Un día de tantos, los capos del comité se dirigieron a Don Carlo y besaron su mano, era la señal que lo convertía en el nuevo capo di tutti capi. Gambino fue atacado duramente por el Clan Kennedy y fue señalado como el autor intelectual de la muerte de John F. Kennedy; nunca se le probó nada. Carlo Gambino, que nunca fue a la escuela y que apenas aprendió a leer, logró que la Cosa Nostra llegara a tener miles de millones de dólares de utilidades al año. A inicios de los años 70, Gambino era uno de los hombres más ricos de los Estados Unidos. Su genialidad fue la de invertir el dinero sucio en negocios lícitos y rentables. El último Capo di tutti Capi controló la organización con mano recia y se retiró ya viejo. Murió de muerte natural en 1976. Nadie más volvió a ser Capo di tutti Capi.
En 1963, un hombre hecho llamado Joseph Valachi se enteró de que se le había extendido un contrato a su persona por ser sospechoso de haberse convertido en “informador”. Aterrorizado, llamó a la policía, se acogió al Programa Federal de Protección de Testigos e identificó a 317 miembros de Cosa Nostra. Fue catalogado por la mafia como “rata” o traidor. Sin embargo, Valachi logró morir de muerte natural. Tuvieron que pasar 76 años para que el pueblo norteamericano se enterara de la existencia del crimen organizado. Cuatro años después se escribía la novela El Padrino. Los mafiosos no sólo sabían guardar secretos, sino que sus tentáculos llegaban hasta las esferas más altas del poder, de tal forma que el director del FBI, Edgar J. Hoover, sospechoso de encubrir a la mafia, negaba en sus informes la existencia de un crimen organizado, Cosa Nostra o cosa parecida. Se hablaba de bandas italianas de delincuentes.
De esta historia puede concluirse lo siguiente: 1) La mafia es una organización secreta y cerrada compuesta por hombres hechos que son capaces de todo, hasta de dar su vida en defensa de sus similares. 2) Sus miembros se dedican a hacer negocios ilícitos y a corromper a los círculos de poder para actuar con libertad e impunidad. 3) Se caracterizan por invertir el dinero sucio en inversiones lícitas. 4) No existe reconciliación posible entre la mafia y aquellos que los atacan o traicionan. 5) La orden de un Capo di tutti Capi no se cuestiona y éste sólo puede ser sustituido por voluntad propia o por muerte.
Si por casualidad el lector sospecha de algún caso similar, ya sabe qué puede esperar de ellos.
* El autor es directivo del Partido Conservador. 
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