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DOMINGO 26 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22983 / ACTUALIZADA 1:30 am
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Las pícaras aventuras del ingeniero Alfonso García

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.Cuando sus ojos se negaron a seguir captando los fenómenos luminosos, Andrés García Córdoba continuó su vida imperturbable. Pero se volvió más optimista, más alegre, sonriente, dicharachero y más memorista, porque “a partir de aquel día, supuestamente triste, he seguido viendo más y mejor con los ojos del alma”.

Entre cuento y cuento una chupadita al cigarro.

 

Mario Fulvio Espinosa*/Colaborador
opinión@laprensa.com.ni

Este hombre alto, de tez blanca, cabellos nevados, rostro alargado, nariz grande y perfilada, está sobrecargado de anécdotas históricas y personales las que cuenta con fruición, sin abandonar la crítica, el comentario, y una que otra moraleja explicita o latente “para que cojan cábula los que quieran oírme”.

Durante los años sesenta y parte de los setenta fue subgerente de la Empresa Aguadora de Managua y trabajó bajo las ordenes de don Santos Zelaya, personaje insípido, inodoro e incoloro, aunque en algunas ocasiones, pocas por cierto, supo agarrase los blanquillos al tomar sus decisiones.

Recuerdo –dice sonriendo- que la lista de morosos de la carretera sur era muy extensa. Los cortes de agua en esa zona eran comunes y corrientes y yo no me iba a poner a revisar quienes eran los perjudicados porque para mí la ley debe ser pareja. Pero una mañana llega el contador Monchito Sirias y me dice: “Ingeniero, le cortaron el agua a la Dinorah y ahí vienen a reclamar”. Pues si está en esa lista es porque no ha pagado –le dije-.

“Y mire amigó, ahí me di cuenta de lo servil que eran algunas gentes que servían a Somoza. Oiga usted... Alguien contó el cuento y seis ministros llegaron a pagar el agua de la Dinorah Sampson, el primero fue Valle Olivares (Y esto parece cómico pero para mí era triste), entre los que ofrecieron saldar la deuda de la querida de Tacho estaba un periodista que no supo de donde agarró reales para eso, ese periodista era el Negro Huezo. Usted bien sabe que Efrain Huezo no tenía donde caerse muerto, pero sí para ser servil.

De bandidencia lo que hice fue aceptar el pago de los seis, al primero de ellos le retuve el dinero para pagar la cuenta de la Dinorah, y a los otros cinco les devolví el dinero cuando yo quise y no cuando ellos quisieron, para que no fueran tan arrastrados.

Otro parche me ocurrió con la famosa doña Matilde, esposa del “Tío Luz”, ( Luis Manuel Debayle) gerente de la empresa eléctrica de Managua. Doña Matilde me había pedido que me fuera a trabajar a Enaluf percibiendo un sueldazo que era el doble del que tenía en la Aguadora. Pero la movida era que la mitad del sueldo era para ella y la otra para mí, eso era parte del “bisne”. Naturalmente rechace la oferta y quedé muy mal con ella.

Resulta que un día estoy en mi despacho y llega una sobrina de doña Matilde: “Mirá Ponchó –me dice-, vos sabés que mi tía Matilde es ordenadísima, pero se le perdió el recibo original y quiere que le volvás a hacer otro recibo igualito, para que a la hora de pagar pueda archivar la colilla que le queda a ella”. Hummm, Yo conociendo el sebo de mi ganado le dije: “Como no, no hay problema”. Doy la orden, le emiten el recibo, pero también ordeno al encargado de la mecanizada que le pongan el sello “Duplicado”. Me voy a mi casa a comer tranquilo y cuando vuelvo por la tarde encuentro a don Santos que popeaba contra mí. Suba a mi despacho, me dijo, y yo pensando “¿qué habré hecho?”. Sentía que subía las gradas como que fuera la cuesta del Calvario. “Si don Santos, ¿en qué le puedo servir?” Mire –me dice- aquí hay una acusación muy seria (Ya esta sentada en la oficina la sobrina de la Matilde). La queja de la señora es que usted emite recibos dobles y eso es prohibido aquí.

Si me permite el recibo, le digo. Me lo dan, ¿Qué dice ahí en el recibo?: “Duplicado”, Entonces no es otro recibo, Y le cuento toda la historia. Don Santos hizo pucheros y me dice: De esa cosa yo nada tengo que ver, queda en sus manos, haga lo que quiera. Ya con ese visto bueno ordené cortar el agua en la casa de Luis Manuel Dabayle. El hombre se voló cinco días sin agua, llegaban pipas de ENALUF a dársela, pero yo se la conecté hasta que pagó la multa y la deuda.

Pasó, y un día me llama por teléfono Luis Manuel y me dice: “Te voy a mandar a cortar la luz”, Fíjese doctor –le respondo-, que usted no puede hacer eso porque yo voy al día en mis pagos y si hace eso lo demando. Parece que entró en razón, tal vez porque sabía la calidad de mujer y de sobrina política que tenía y no tomó represalias.


HUYENDO DE LA DICTADURA DE CARÍAS

El padre de don “Poncho” García llegó a Managua en 1940 procedente de Ocotal. Ya antes había salido huyendo de Honduras con toda su familia, porque era perseguido político del gobierno dictatorial de Tiburcio Carías Andino.

“Mi padre, dentista de profesión, trató de establecerse en Ocotal, pero resultó que la única paciente que le salió al paso era una monja y don Alfonso, por razones de caridad, no le cobraba por la sacada de las muelas. En esas trazas el horizonte profesional del doctor García no se miraba muy promisorio.

“Nos venimos para Managua –relato don “Poncho”-, y eso fue una odisea, porque tuvimos que viajar con todos nuestros chereques a lomo de mula desde Ocotal a Estelí. Ya en Estelí nos estaba esperando un carro que nosotros mirábamos con ojos de plato, como si fuera un avión jet de ahora. En Managua nos instalamos en la casa de don Gustavo Córdoba Serra, tío de mi madre. Mi madre se llamaba Carmen Córdoba de García, mi papá era el dentista Alfonso García.

“Después conseguimos otra casa que estaba situada de la Chichería Central media cuadra al lago. Ahí teníamos de vecinos a don Fernando Balladares, al general Emiliano Chamorro con doña Lastenia, al señor Stanley Atha, papá de estos muchachos Atha de ahora.

Por ese tiempo murió el dentista don Laureano Zelaya y la viuda decidió vender la clínica y alquilar la casa, mi padre y mi madre fueron a ver ambas cosas, les gustó y la alquilaron. Quedaba esa casa del Hotel Estrella media cuadra abajo, allí nos radicamos de 1941 a 1948.


UN VECINDARIO Y SUS VALORACIONES

Partiendo del Parque Candelaria hasta la Catedral, el ingeniero García recuerda así al vecindario: “Estaba un señor Sotomayor al que le decía “Chihuahua”, era dueño de la Empresa de Transporte Sotomayor, socio de doña María Teresa de Callejas de Sotomayor y del capitán Alfonso Sotomayor, que fue director de policía en aquellos tiempos, cuando veinte policías manejaban a cuarenta borrachos y les sacaba el carcelaje y otras multas.

“Después seguía la familia Molina, luego los Guerra que son los abuelos de ese ministro que se llama José Adán, que es Guerra, da guerra y es ministro de la Guerra. Luego venía el doctor Carlos A. Morales, el papá de Jaime Morales Carazo, yo conocí al doctor Morales, un hombre extremadamente obeso pero lo que tenía de obeso lo tenía de brillante. Yo siempre he catalogado a las personas más brillantes de este país, y que me perdonen los inteligentes que no llegan a brillantes. El doctor Carlos Morales era uno de los brillantes, otro era el doctor Mariano Argüello Vargas, al que le decían “El Ruco”, y la tercera eminencia era el doctor Manuel Cordero Reyes.


JUVENTUD MUY POLITIZADA

“Yo a pesar de mi edad, andaba como hormiguita metido en todo lo que era política, mi familia ha sido extremadamente política sin tratar de perjudicar a nadie pero tampoco dejarse, esa era la tónica que nos inculcaron los viejos.

“Pero sigo con el vecindario. Al cruzar la calle, en la esquina estaba el Hotel Estrella donde se hospedaba una pléyade de exiliados políticos que residían en Nicaragua, ahí conocí a Idígoras Fuentes, el que conspiró contra Arbenz, también ahí platiqué en más de una ocasión con Emiliano Chamorro, el general Julián Irías, el doctor Carlos Cuadra Pasos, el doctor Alejandro Abaunza Espinosa, el papá de la actual primera dama de la República.

Me acuerdo de una metida de pata que cometí ahí en el Hotel Estrella en una rueda de políticos. Llegó éste “pegoste” y a “sotto voche” le digo al general Chamorro: “General Chamorro”, “Si Monchitó”, me contesta. “¿Es cierto que usted mandó a colgar a mi abuelo?”... Claro que era cierto, porque lo mandó a colgar de los dedos de los pies, y también es cierto que lo hizo caminar descalzo cuando ya era un viejo, desde el INCEI donde había una cárcel, hasta el Estadio, y mi padre de once años iba con una almohada para metérsela a mi abuelo cada vez que se caía, para que no se golpeara.

“Yo le lancé la pregunta a Chamorro a sabiendas de que me iba a decir no.

“No Alfonsitó –me dijo-, cómo vas a creer, si yo a tu abuelo lo respeté mucho.

Puta, dije para mis adentros, que tal si no lo ha respetado. Son cosas de la política.


EL CASO DE DON LEONARDO ARGUELLO

“Resulta que en 1945 vino a Nicaragua el señor Encargado de Asuntos Latinoamericanos, mister John D. Rockefeller, para notificarle al general Anastasio Somoza García que ya no podía ser candidato a la presidencia de Nicaragua. Mi padre en ese tiempo era diputado y convencional del Partido Liberal.

“Entonces Somoza llamó a los convencionales y les explicó que no podía aspirar y que buscaran un candidato para reponerlo a él. Inmediatamente se formaron dos grupos, uno a favor de Alejandro Abaunza Espinosa y otro del doctor Lorenzo Guerrero.

“Eran 82 convencionales y curiosamente se repartieron la misma cantidad los contendientes, cada uno 41. Así se mantuvieron hasta la convención del partido, ofrecieron prebendas porque eso siempre ha existido, pero el asunto es que ni uno ni otro cedió, entonces el General se vio obligado a sacar en tercería otro candidato que fue el doctor Leonardo Arguello, un señor apacible, golpeado por la vida, soberbio como él sólo. Y yo andaba metido en todo y el que me llevaba de la mano para que no me perdiera en política, era el secretario de la candidatura de don Alejandro, el doctor René Shick Gutiérrez.

“Así nació mi amistad con el doctor Rene Schick. “Alfonsito, me decía, véngase” y ya me montaba en su carro y me llevaba a León, a los pueblos, o donde había carretera para ir gritando “Viva fulano”, “Viva zutano” y yo con don René de la mano (Si hasta parece en verso).

“En la convención salió “triunfante” don Leonardo. Los partidos antagónicos a Tacho sacan dos candidatos de lujo -modestia aparte, dos liberales-: el doctor Enoc Aguado y el doctor Enrique Lacayo Farfán. Más no se podía pedir. Dos hombres acrisolados. Después ya se sabe la historia, le robaron las elecciones al doctor Aguado y a los 27 días Somoza le dio el golpe de estado a Argüello que se fue exiliado a México donde murió de pena.

“Recuerdo que como era Boy Scout me asignaron de edecán de la representación de Honduras a la toma de posesión. Así que andaba de virote solo abriendo y cerrando puertas, pasando vasos de agua y alegre, además, porque el que vino de delegado era casado con una prima mía y lo que comían ellos comía yo, mientras los demás edecanes fakiriaban de lo lindo.


MÁS DEL VECINDARIO

“Después de la casa de doña Eva Sotomayor había un patio baldío, donde recuerdo que guardaron dos caballos que trajo un andarín argentino.

En la propia esquina estaba la escuela que regentaba la profesora Mercedes Campos de Martínez, los hijos de ella eran muchachitos apartados, bastante serios porque la mamá parece que era muy severa.

El papá de los Martínez Campos trabajaba en el Ferrocarril, era recolector de boletos y tomador de tiempo. Un hombre jovial que tomaba muy en serio su oficio, siempre llegaba con su uniforme elegante, camisa blanca, pantalón azul y un kepis con el escudo del FC del PDN.

—- Algunas vagancias de niño?

—- Super vagancias. Andar cazando con tiradora en las costas del lago era lo máximo. Teníamos nuestra pandilla pero no como las actuales, nosotros mismos nos poníamos un límite de comportamiento y al que mirábamos que se salía le jalábamos la chaqueta.

Con rajadas de cabeza y todo cómo no me voy a acordar de los miembros de mi pandilla, ese santulón que aparece en los periódicos, Jaime Morales, Carlitos Morales, los Molina...

Antes de que partieran la calle, en el Parque Candelaria había un kioskito. Al costado norte del parque estaba la ebanistería de don Amadeo Rodríguez. Al costado sur estaba el Petit Café.

Era una juventud juguetona pero apacible, nos castigaban de todos modos porque en ese tiempo no había Código de la Niñez, y recibíamos coyunda según nuestro comportamiento.


COMO EL LOBO DE GUDDIA

“En 1949 mi padre me mandó a México a la casa de mi tío el ingeniero Andrés García, el que fue ministro de Educación y después de Economía

Allá entré al colegio La Salle de los Hermanos Cristianos, me gradué, me quedé trabajando un rato y regresé a Nicaragua.

En México fueron incontables mis muertes y daños, al regresar tuve suerte, un día me invitaron a una fiesta y ahí me contrataron para trabajar en la Empresa Aguadora de Managua


GALLO MUY JUGADO

En la empresa aguadora –dice don Alfonso-, tuve choques fuertes con aquellos que no practicaban la honradez, incluso con el gerente don Santos Zelaya al que le decía: “No haga eso porque lo van a joder”, gracias a Dios me escuchó la mayoría de las veces, porque a pesar de que él era un viejo, yo siendo joven era un gallo más jugado.  
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