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DOMINGO 26 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22983 / ACTUALIZADA 1:30 am
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Una falsa apendicitis

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William Ramírez, uno de los jefe del Repliegue sandinista.

 

Su vida dio un brusco cambio el 23 de enero de 2000 cuando lo que se pensaba que era una apendicitis, fue diagnosticado como un cáncer de colon, que se complicó por una infección múltiple, hasta que llegó un momento en que no se pudo poner de pie.

Su hijo hizo los arreglos para que viajara a Cuba, gracias a las gestiones de Daniel Ortega Saavedra con el despacho de Fidel Castro, gobernante de la Isla. Durante un mes le combatieron la infección y luego inició el tratamiento contra el cáncer. A partir de entonces viajó a Cuba cada mes a recibir la quimioterapia sin que le cobraran un centavo. “Me dieron lo mejor, con una atención exquisita y una gran solidaridad”, recuerda Ramírez. Sin embargo, el cáncer no cedió y le apareció un nuevo ganglio, de modo que él solicitó una segunda opinión. Se fue a Oklahoma, Estados Unidos, gracias al apoyo de Daniel Ortega, Tomás Borge, el padre Miguel D’Escoto, el Instituto Nicaragüense de Seguros y Reaseguros (Iniser), sus compañeros de bancada legislativa y de cuatro diputados de la Bancada Azul y Blanco.

También ha recibido el apoyo de Reynaldo Hernández, Octavio Sacasa y Arturo Arana, así como de la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocios.

En Oklahoma le descubrieron células cancerosas en el hígado. “De una manera brutal y descarnada el médico me dijo que no había nada que hacer, que me quedaban entre seis meses y un año de vida. Me quedé pasmado y me desmayé, me acostaron en una camilla, y cuando desperté le dije que estaba preparado para lo que hubiera que hacer”, recordó Ramírez.

Le ofrecieron un tratamiento de quimioterapia con una efectividad en un rango de veinte y un cincuenta por ciento. Se lo han aplicado en Nicaragua, y “gracias a mi Señor”, dice Ramírez, un hombre que había perdido la fe en Dios, “desaparecieron las células cancerosas en el hígado y la mayoría de los ganglios, uno que medía 7.8 centímetros ahora mide 5.7, y en el último examen ya casi no los tengo, de tal manera que mi proceso curativo va muy afirmativamente, gracias a Dios, ahora lo que le pido es que me dé fe, para que el proceso de curación que Él inició termine felizmente”.

¿Estás casi a salvo, entonces?

Yo estoy a salvo porque estoy en la gloria del Señor, para lo que él quiera, para servirle.

Me decías que la quimioterapia es dura

Es un infierno, te produce vómito, te quita el ánimo, el carácter te lo pone como lo peor, mata las células malignas y las buenas, y entonces en los primeros días quedás indefenso absolutamente, sin nada que te proteja, hay quienes mueren de una infección, catarro o gripe en esa etapa. Cuando te aplican la quimioterapia, me decía un doctor, es como que te pase un tren encima y quedés vivo. También es importantísima la alimentación, pero lo más importante es tener fe en Dios y voluntad para vencer la enfermedad.  
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