William Ramírez: “Fui desahuciado y la fe me está salvando”
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 | Maestro y periodista, comandante guerrillero y diputado sandinista, William Ramírez se ha enfrentado en los últimos años a un cáncer en el colon y a otro en el hígado. Fue desahuciado por un médico estadounidense, pero un tratamiento eficaz, la fe en Dios y su voluntad de vivir, lo tienen a salvo |
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William Ramírez. Comandante guerrillero y diputado sandinista
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Eduardo Marenco Tercero eduardo.marenco@laprensa.com.ni
La infancia de William Ramírez, de 54 años, “fue la niñez feliz de un niño pobre”, según él mismo cuenta. Hijo de Adilia Ramírez y Alfonso Solórzano Castro, un ingeniero del ferrocarril, fue criado en Niquinohomo por su abuela Fortunata Alejandra Ramírez, una maestra empírica con nombre de personaje de novela, que falleció durante la Semana Santa de 1974, mientras le cocinaba a su nieto un almíbar en la estación del ferrocarril del pueblo donde vivía.
Como la mayoría de niños de Niquinohomo y de los pueblos aledaños, anduvo descalzo hasta los siete años, comió al fiado, cortó, cargó y recogió café, y pudo concluir su bachillerato gracias a la pensión de jubilada de su abuela y a los ahorros de su trabajo.
Obtuvo una beca mediante una competencia escolar en tiempos del presidente René Shick (1963-1967), y se graduó como maestro en 1967 en la Escuela Normal de varones “Franklin Delano Roosevelt”, de Jinotepe. De allí partió hacia Managua a ejercer su profesión y a estudiar periodismo.
Inspirado en el ejemplo del periodista Rolando Avendaña Sandino y en las luchas cívicas del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, se inició en la Radio Centauro con el periodista Agustín Fuentes, siendo contratado después por el doctor Chamorro como reportero de planta, gracias a las gestiones de “Fuentitos”.
Mujeriego empedernido, seis hijos de cuatro compañeras, fue miembro de una camada histórica en LA PRENSA: Roberto Sánchez Ramírez, Hermógenes Balladares, Filadelfo Alemán, Bayardo Arce, Anuar Hassan, Horacio Ruiz —jefe de redacción—, Agustín Fuentes —jefe de información—, Koriko, Chepe Chico Borgen y Eugenio Leytón, entre otros. Al inicio dio cobertura a la nota roja.
Me cuentan que te convertiste en uno de los “mimados” del doctor Chamorro. ¿Es así?
Yo le guardo un recuerdo especial, porque él nos hizo sus amigos, jugábamos ping pong con él, nos invitaba a su casa, asistíamos a sus cumpleaños, cantaba... era un hombre alegre, firme y un gran periodista. El doctor Chamorro te retaba, y cuando le ganabas podías burlarte de él así como él lo hacía si perdías. Era el maestro enseñándole al alumno y éste haciéndolo lo mejor posible. A otro que quería mucho era a Bayardo (Arce), le decía “Bayardín”, y lo toleró, lo toleró, porque Bayardo era “picado” (borracho), lo aguantaban y lo aguantaban, hasta que al final mezclaron la política con su comportamiento y lo corrieron un poco antes de la insurrección. A él lo corren porque siempre bebía mucho, pero fundamentalmente por razones políticas. Bayardo estaba muy “quemado” y su situación en LA PRENSA era insostenible, ponía en riesgo al periódico, desde el punto de vista de los intereses de los dueños.
¿Es cierto que te llamaban “Trapito” y “Cara de enfermo”?
Sí, porque yo era muy serio, siempre me dedicaba a mi trabajo, procuraba escribir de la mejor manera posible, no me desconcentraba de lo que hacía, y entonces cuando alguien me volvía a ver, yo lo hacía con una cara de enfermo, preocupado por mi trabajo, entonces el doctor Danilo Aguirre me decía: “Ideay, tenés cara de enfermo vos”. Y me decían “Trapito” porque era muy liberal en el vestir.
¿Vestías al estilo hippie?
Un poco al estilo hippie: pantalones de campana, deshilachado, de camiseta, sin faja, despeinado y unos pelitos de chivo loco como “barba”.
Al igual que Bayardo Arce vos te vas de LA PRENSA para la guerrilla. ¿En qué momento comienzan a conspirar? ¿Llegaron amarrados?
No llegamos amarrados. Cuando yo llegué a LA PRENSA ya Bayardo estaba allí. Lo que pasa es que también trabajamos juntos en el noticiero “Seis en punto”, de Agustín Fuentes. Quien me recluta a mí para la guerrilla es Bayardo, pero en la universidad, donde estudiábamos periodismo, prestándome mi casa para un matrimonio que estaba siendo perseguido. Allí comenzó todo. Me comprometí, y cuando uno se compromete no tiene retroceso.
Dentro de LA PRENSA mi tarea para el Frente Sandinista era conseguir toda la información posible de análisis económico y político, porque tenía acceso a distintas fuentes, para entonces cubría el Banco Central, el Ministerio de Economía, por designación del mismo periódico. Me daba acceso a información valiosísima, movimiento de personas, documentos importantes, contactos, y yo siempre tuve cara de buena gente. Comencé a involucrar a algunos amigos del periódico, como Carlos Doña, Danilo Aguirre, que me ayudaron, a quienes le dije en lo que andaba, sin embargo me apoyaron, al igual que Edgard Tijerino y Manuel Eugarrios.
¿O sea que LA PRENSA se convirtió en un hervidero de conspiraciones?
LA PRENSA fue el lugar donde hacíamos el periódico “Trinchera”. Y nadie se daba cuenta. Lo hacíamos Tijerino, Eugarrios, Bayardo y yo, lo escribíamos allí, los tipógrafos y todo el mundo eran cómplices, todo el mundo sabía y nadie decía nada, era una conspiración silenciosa. Había solidaridad de compañeros.
¿Cuándo te vas de LA PRENSA?
La Seguridad me fue cercando, me siguieron, llegó un momento en que ya era imposible, se dio después de la división, cuando Tomás Borge y yo llevamos a Roberto Huembes y Luis Carrión a punta de pistola a asilarse a la embajada de Venezuela. Entonces pasé a la clandestinidad. Cuando surgió la división de tendencias en el FSLN, me quedé en la Guerra Popular Prolongada (GPP), donde estaba Bayardo, estudiábamos los documentos de táctica y estrategia, y creíamos que era lo correcto.
DE LA GUERRILLA A LA NAVIDAD ROJA
Conocido como “Aureliano” en la guerrilla, Ramírez tuvo una preparación política “privilegiada” con Carlos Fonseca Amador, fundador del FSLN, Carlos Agüero, Leticia Herrera, Tomás Borge, Pedro Aráuz Palacios y Bayardo Arce. “Ellos fueron mis instructores”, recuerda. Estuvo dos años en la montaña donde fue herido. Al darse la unidad de las tendencias sandinistas durante la insurrección, se conformó un Frente Interno representativo, integrado por William Ramírez por la GPP, Joaquín Cuadra por los terceristas, y Carlos Núñez por los proletarios, que dirigió las operaciones insurreccionales de Managua y la región sur oriental del país.
Ramírez fue uno de los jefes de “El Repliegue”, una operación táctica que desconcertó a la Guardia Nacional y que ha sido calificada por Fidel Castro, gobernante de Cuba, como la operación más importante de la guerra en Nicaragua. Consistió en un repliegue de unas seis mil personas hacia el sur del país, luego de someter a Managua a 19 días de ataque, para luego tomarse varias ciudades como Masaya, Diriamba y Jinotepe; y regresar en una operación envolvente de nuevo a Managua.
Al triunfo de la revolución fue fundador de la Escuela “Carlos Agüero” del Ejército Popular Sandinista (EPS), de las Tropas Especiales “Pablo Úbeda” del Ministerio del Interior, de la Escuela “Modesto Duarte” de Seguridad Personal y de la Escuela “Walter Mendoza” de la Policía Nacional.
Fue ministro sandinista para la Costa Atlántica, y su viceministro fue Lumberto Campbell, con quien hizo una “dupleta inseparable”, según dice. Estuvo en la región atlántica durante cinco años.
¿Qué fue la “Navidad Roja” de 1981?
Se originó en un movimiento que se dio en San Carlos, en el Río Coco, donde un reverendo mískito tuvo un altercado con un soldado, al que mató de una manera atroz, al atravesar su corazón con una estaca. Eso provocó un exceso de parte de las autoridades militares nuestras, y a partir de allí la reacción de la población, que huyó hacia Honduras. Hubo violentos enfrentamientos. Eso lo manejaron los militares directamente. Hubo represión, hubo un montón de personas muertas, hubo prisioneros, se trajeron a Managua, se enjuiciaron y se amnistiaron.
¿Es cierto que la Central de Inteligencia Americana (CIA) había infiltrado a los mískitos para venderles la idea de que los sandinistas eran el demonio y que había que combatirlos?
No, creo que era un problema de desconocimiento nuestro de la idiosincrasia de los pobladores de la Costa Atlántica. Y nos costó mucho aprender y aceptar conceptos como el de la autonomía.
¿El Ejército sandinista sacó a muchos de los mískitos de sus tierras, quemó sus chozas y animales?
Eso lo conozco porque ellos (el Ejército sandinista) nos expresaron que lo iban a hacer y que necesitaban el apoyo del gobierno. La idea que tenían ellos es que si el río pasaba por la zona y al otro lado estaban las fuerzas mískitas armadas, su retaguardia estaba garantizada por los que vivía a la orilla. Entonces al momento de un enfrentamiento esta gente quedaría entre dos fuegos. Mejor, saquémoslos de allí, garanticémosles vivienda, se dijo, y se armó el éxodo hasta llevarlos a Tasba Pri.
¿La masacre de Leymus ocurre durante la Navidad Roja?
No te puedo hablar sobre eso, no lo conozco.
¿Qué heridas abrió la Navidad Roja?
¿Qué heridas puede abrir que te arranquen de tu casa a la fuerza donde tenés vínculos permanentes como el coco que sembraste y el hijo que criaste?
¿Fue uno de los peores errores de la revolución?
Creo que fue una circunstancia de la guerra. ¿Qué habría ocurrido si se hubiera dado un enfrentamiento de lado a lado? Efectivamente hubieran muerto inocentes.
Pero también el Ejército quería evitar que la gente apoyara a los mískitos armados.
Eso creía el Ejército, pero el efecto fue que todos los hombres se fueron a Honduras y los niños, mujeres y ancianos para Tasba Pri. El efecto fue al revés.
¿Sentís responsabilidad por los errores que ocurrieron en la Costa Atlántica como parte de la Revolución?
Comparto la responsabilidad de un revolucionario, de ser parte del todo, pero yo era un civil en labores de gobierno no en labores militares. Pero sí fui parte de la revolución y tengo la responsabilidad como la tienen todos, pero con la diferencia de que recalco. Yo no puedo salir hoy lavándome las manos. 
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