Sor María : Un Año Nuevo cerca de Dios
Ruth C. de Fuentes
Sor María Romero, al principiar el año reunía a sus niños y sus catequistas para darle gracias a Dios y a María Santísima por todos los favores y maravillas que les había dado y les decía: “hoy es un buen momento para hacer balance del año que ha pasado y propósitos para el que comienza. Buena oportunidad para pedir perdón por lo que no hicimos y por el amor que nos faltó”.
Como lo he dicho varias veces la fe de Sor María era inquebrantable: en uno de los meses se había lamentado dulcemente con el Señor: “¡Oh Jesús! ¡qué diera por poder ir a las casas de los pobres para enseñarles a amarte, a amar a la Virgen y al prójimo!”.
La voz había dicho: “hazlo por medio de las oratorianas” y precisamente habían sido las oratorianas del coro, las que la empujaron... Pero como siempre había personas que se le opusieron lo vemos por una pregunta que con atrevimiento, Sor María hace al Señor, en diciembre: “encones, ¿harás milagros?... Sí, con tal que creas y te abandones a mí como te he dicho ¡Cree y verás!”. Ella creyó.
Las catequistas acompañaba a su grupo al barrio o pueblo de donde procedían. Sor María siempre, pagaba los viajes a todos, ida y vuelta.
Ocurrió una vez que treinta niñas, precisamente en una de las grandísimas reuniones, dejaron marchar el autobús, sin darse cuenta. Nos cuenta el hecho la misionerita Teresa Alpizar Herrera, luego religiosa misionera de la Asunción.
Sor María “tenía una fe inquebrantable... arrancaba los milagros: lo palpé un día de concentración de los oratorios. Me retiré a mi casa. Al poco rato ella me mandó a llamar. Unas niñas de San Josecito de Alajuelita se habían quedado en el Colegio. Me pidió el favor de que fuera con estas niñas a dicha población y buscar a sus familias. Con gusto lo hago, –le dije– pero ahora los buses se van y ya no regresan. ¿Cómo haré para volver? No tengas pena –respondió–, la Virgen te hará el milagro de hallar un bus. Yo sabía que era imposible; los buses regresan sólo cuando están llenos de personas, pero por una o dos jamás lo hacen. Me fui y estaban esperando a las niñas sus familiares. No había bus para mi regreso. Hablé con el chofe y me dijo: no se puede hacer el viaje, no hay gente. La Virgen traerá la gente, le respondí. Pocos momentos pasaron, cuando apareció un gran grupo de personas, suplicaron al chofer les hiciera el viaje a San José, porque venían en otro bus, y este había quedado parado en el camino, sin control. ¡Qué grande es su fe! Me dijo el chofer. Yo le dije: “la Virgen lo hace todo! Pero pensaba en la fe de Sor María, que me había dicho: “yo quedaré rezando para que la Virgen haga el milagro”.
Pidámosle al Señor que este año que estamos sea un año de paz, amor, que todos nos sintamos como hermanos, que nos perdonemos unos a otros, que termine el odio y el rencor, que el abrazo que nos damos durante la misa sea sincero, deseando que tengamos esa paz que tanto necesitamos en nuestra Patria.
La autora es miembro de la Asociación Sor María Romero. 
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