Especial
El Tratado del Elíseo, modelo de integración
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 | Dejando atrás una rivalidad sangrienta y millones de muertos en tres guerras, los líderes de la Alemania y la Francia de la posguerra decidieron convivir en paz y construir juntos su futuro y el del continente. Este 22 de enero se cumplirán 40 años del Tratado de Cooperación Franco-Alemana firmado por de Gaulle y Adenauer |
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El presidente de Francia, Charles de Gaulle (derecha) , y el Canciller de Alemania, Konrad Adenauer, firman el histórico tratado en el Palacio del Elíseo en París. (LA PRENSA/Cortesía del BPA) |
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Alberto L. Alemán alberto.aleman@laprensa.com.ni
Aquel 22 de enero de 1963, el Palacio del Elíseo en París fue el testigo de un acontecimiento que formalizó las bases de una paz duradera entre dos rivales encarnizados en la historia contemporánea de Europa, y puso un pilar de la futura integración política y la prosperidad del continente, desgarrado por las peores guerras de la historia humana.
El presidente de Francia, el general Charles de Gaulle, y el canciller de Alemania Federal, Konrad Adenauer, se reunieron ese día para firmar el documento que selló la reconciliación y cambió permanentemente los principios de convivencia de ambas naciones: el Tratado de Cooperación Franco-Alemana, o Tratado del Elíseo.
Alemania y Francia consultaron desde entonces importantes decisiones políticas internas o exteriores, económicas y sociales. Se creó el llamado “Eje Franco-Alemán”, que aún persiste y es el núcleo de poder más influyente de la Unión Europea (UE).
Fue una época de grandes estadistas como Robert Schuman, Ministro del Exterior francés, y su asesor, Jean Monnet, quienes junto a Adenauer jugaron un importante papel en la construcción de la casa común europea, cuyos visionarios fueron.
Alemania y Francia, enfrentados en tres guerras desde 1871, separadas por la sangre de sus hombres y el odio, supieron adoptar el pragmatismo y dejar atrás las diferencias para ponerse a construir el futuro propio y del continente.
“La vieja rivalidad sangrienta fue superada por dos grandes estadistas, de Gaulle y Adenauer, que se dieron cuenta de que eso no podía continuar”, apunta el ex canciller y destacado analista nicaragüense, Emilio Álvarez Montalván.
“Para el deshielo, aprovecharon esa idea genial de dos grandes pensadores como fueron Schuman y Monnet, para apoyarse en el comercio del acero y el carbón y así construir una asociación que llevó al mercado común europeo”, dijo el analista.
La existencia de la UE como bloque comercial permite a las naciones en desarrollo una alternativa diferente a EE.UU. y Asia para un mercado de productos de gran poder adquisitivo, y, además, es la única agrupación política internacional que tiene la capacidad ser un cierto contrapeso a la hegemonía global estadounidense, agregó Alvarez.
Schuman y Monnet fueron los inspiradores de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, la base de donde evolucionó lo que hoy es la UE.
“Fue el inicio de una nueva etapa en Europa, su influencia es muy importante”, señaló el embajador de Francia en Managua, Michel Vandepoorter. “Cada etapa de la construcción de la unión monetaria de Europa fue acordada con Alemania porque hubo dificultades (serias) en los dos países”.
Hans Petersmann, embajador alemán en nuestro país, destacó que “cuando Francia y Alemania se vieron como rivales, toda la construcción europea sufrió”. Hasta antes de 1945, las fronteras comunes fueron a veces como “una falla tectónica de la construcción europea”.
“Después de tantos conflictos, sufrimiento, hemos comprendido que ahí se necesita una determinación de abordar (las relaciones) de manera constructiva”, agregó.
Pero como en todo matrimonio, también hubo pleitos, inevitables en 40 años de vida común. Las diferencias más importantes en distintas etapas fueron económicas, coinciden ambos.
No existe otro modelo de integración tan completa a escala regional como la UE, y guardando las diferencias obvias, debería servir de modelo guía a Centroamérica, donde los vientos integracionistas soplan con insistencia en los últimos años, más bajo el peso de las exigencias de una globalización indetenible que por la convicción propia de los centroamericanos mismos de que un futuro común es nuestro destino.
LAS INSTITUCIONES FRANCO-GERMANAS
Con base en el Tratado del Elíseo y en su complemento de 1988, se creó un complejo entramado institucional bilateral:
Las cumbres de los cancilleres alemanes y presidentes franceses, que marcan las pautas en temas de política interna de ambos países
El Consejo Germano-Francés de Seguridad y Defensa
Los Consejos de Economía, Finanzas y de Medio Ambiente
Encuentros Blaesheim: desde 2001, reuniones cada 6 u 8 semanas de los ministros del Exterior en un marco informal, para discutir temas europeos e internacionales
Intercambios de personal de ambos ministerios del Exterior y otros
Estrecha cooperación de las embajadas francesas y alemanas en terceros países
Brigada Franco-Alemana y el Eurocuerpo, en el plano militar.
TRES GUERRAS Y ODIO
En 1871, Prusia derrotó a Francia en la llamada Guerra Franco-Prusiana. En el Palacio de Versalles, residencia de los reyes franceses, se proclamó la unidad alemana y a Wilhelm I como emperador. Fue una humillación inaudita para Francia. En 1914 estalla la Primera Guerra Mundial, en la cual Alemania salió derrotada. Su capitulación fue firmada en un vagón de tren y se le impusieron reparaciones tan onerosas que alimentaron los deseos de revancha, que, en parte, sirvieron a Adolf Hitler para conquistar el poder. En 1940, Alemania ataca a Francia, la cual capitula y es obligada a firmar en el mismo vagón. Charles de Gaulle encabeza las fuerzas francesas libres. La Alemania nazi es derrotada en 1945 y su territorio ocupado por los aliados.
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