Tenés razón, Marvin
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 | El deporte evita que te distorsionés |
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Marvin Benard se ha convertido en un verdadero ejemplo. (LA PRENSA/M. Lorío) |
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Edgard Tijerino M. edgard.tijerino@laprensa.com.ni
Refrescante, como una leve brisa —apenas sensible y perceptible— cayendo encima de nosotros en una noche de luna llena, fue escuchar a Marvin Benard hablando sobre la utilidad del deporte en el desarrollo de una sociedad, la incidencia que tiene en la formación, y esa exigencia que nos plantea para mantenernos alejados de peligrosas distorsiones.
“Inclinarme por el deporte desde muy pequeño, dejarme atrapar por esa actividad que te fortalece física, espiritual y mentalmente, fue decisivo en mi vida... Fue esa pasión por el deporte la que no me permitió desviarme hacia los peligros... Nunca tuve tiempo para reparar en el alcohol y las drogas, en los desvelos y las alteraciones”, apuntó con esa sencillez que lo caracteriza, el pelotero que terminó de crecer y de estructurarse en Estados Unidos, en otro marco de condiciones, como el que encontraron Silvia y Claudia Poll en Costa Rica.
Bueno, dirán ustedes, eso que dijo Benard es obvio... Sí amigos, debería de serlo, pero no aquí en Nicaragua, un país donde la importancia del deporte es algo que parece estar tan oculto como los ahorros de Tutankamon, o un asunto pendiente de tratar el día del juicio final.
Es triste, lamentable, dramático, y para algunos como yo, algo trágico.
No es necesario tener una visión tridimensional del futuro para estar claros de todo eso, pero en Nicaragua Marvin, tu señalamiento sigue siendo tan ignorado que viaja en un coche fúnebre, como el progreso, y pasa frente a nuestras narices sin darnos cuenta.
“Aterrizando en el deporte, uno tiene que concentrarse para conseguir el enfoque requerido y sacar el máximo provecho del potencial... El deporte garantiza salud y te empuja consistentemente hacia la ética de trabajo, el esfuerzo bien canalizado y el significado que tiene la superación... Además, te ofrece posibilidades de acuerdo con tus facultades de ser alguien, de convertirte en un triunfador, en un ejemplo y hasta en un símbolo”, dice el big leaguer pinolero, una firma de los Gigantes en la ronda número 50 que, contra pronóstico, llegó a convertirse en titular de uno de los mejores line-up del béisbol.
MENOS MAL
Si a Somoza no se le ha ocurrido en los años 40 respaldar el proyecto de la construcción de ese Estadio en el cual estás jugando, nunca hubiéramos podido ser sede de cinco Campeonatos Mundiales.
Ese Polideportivo, que para nosotros es el Staples Center de Los Angeles o el Garden de Nueva York, y que para hacerlo no fue necesario contratar a un arquitecto como Fidias, fue producto de una gestión con el Gobierno de España.
Imagina esto: hemos ganado tres veces la sede de los Juegos Centroamericanos en atrevimientos olímpicos, y en ninguna de esas ocasiones se ha podido colocar la primera piedra de algo. 
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