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VIERNES 17 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22974 / ACTUALIZADA 02:30am
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Una casita en el cielo

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Arquímedes González
arquimedes.gonzalez@laprensa.com.ni

La casa de mis sueños tiene un jardín, pequeño, con rosas, sábila, dormilonas y en el patio, un árbol de mango. Tres cuartos, tampoco quiero una mansión, lo que sueño es un lugar para la marimba de “clones” que seguramente armarán alboroto en los pasillos, le darán vuelta a las sillas, se comerán los helados y al final de la tarde, con sus ropas sucias y zapatos astrosos, escalarán el árbol para disfrutar de sus dorados y dulces frutos.

Pero por hoy, esa casa está en el cielo. No la he encontrado. ¿Saben lo difícil que es comprar una casa? ¿No verdad? Pues aquí les cuento.

Si se consultan los anuncios, hay que estar claro que no todo lo que te dicen es verdad y menos cuando se te cuadren los ojos leyendo que es “una ganga” que por “asunto de viaje”, mentiras, puras y llanas falsedades que descaradamente pagan para que nosotros las leamos y nos traguemos el anzuelo.

Dicen por ejemplo: Vendo casa. Céntrico. De los Cinemas un kilómetro al sur. Zona tranquila. Y uno piensa: Claro, a un kilómetro estoy cerca del centro ¿Cuál centro? pero no hay ninguna urbanización y el anuncio insiste: Nueva, buena construcción, garaje, cinco cuartos, tres servicios. Todo un lujo. Cuando se llama, no dicen precio. “Venga a verla”.

Ya llevamos dos y si todavía uno de ingenuo va, se encuentra que efectivamente es un lugar tranquilo porque casi no hay casas, que efectivamente daría para cinco cuartos, tres baños, garaje y hasta terraza si uno tiene el dinero para construir y todavía le dicen que hacen una rebaja.

La otra opción es llamar a esas bienes raíces que te prometen vivienda hasta en Casa Presidencial pero a precios tan obscenos que uno hasta se sonroja de la indiscreción de haber escuchado semejante cantidad de dinero y mejor rezamos los santos para evitar que nuestra enferma mente vuele calculando cuántos siglos tendríamos que trabajar para pagar.

Y si es en el banco, claro, ahí está la solución. Nueva, tantos varas que hasta se te salen los ojos de la gula, pero cuando calculás por metros ! ah, si es más pequeña que la que tengo! y te piden como mínimo tres mil dólares mensuales de ingreso familiar como que aquí los sueldos fueran tan generosos y uno por no pasar la pena, pide los documentos, eso sí, tan serio como en un entierro, con toda la convicción conteniendo la respiración para después salir y casi caer de rodillas para llorar por tanta desilusión que uno pasa.

La cuarta es la más barata aunque también toma tiempo: Visitar el barrio o colonia donde uno quisiera vivir. Para mi desgracia, fue mala idea. En los tres barrios —porque me perdonan pero aunque se conozcan como colonias o residenciales, poco les falta para barrios— no encontré más que casas con “faldas” de bloque y paredes de madera a no menos de 30 mil dólares, y para no sentirse solo, ya instaladas, las colonias de ratones y cucarachas.

Es increíble que la gente no puede decir la verdad a la hora de vender, total, piensan, siempre hay un gato, pero ese no soy yo. Mientras tanto, sigo buscando mi casa que seguramente está en el cielo.  
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