La función pública como ganga
“El funcionario es un administrador a quien se le paga para que administre; el funcionario es un fiscal que vigila los bienes de una comunidad, absolutamente ajenos a su propiedad; el funcionario es un empleado, que comprometido a dar su trabajo por un salario, no puede percibir, ni indirectamente hablando, más bienes que los derivados del ejercicio de su cargo a través de un salario. El servicio público no es una ganga”.
Esas palabras del Dr. Pedro Joaquín Chamorro (“La reforma política”) demuestran su ejemplar sentido ético acerca de la función gubernamental, algo absolutamente opuesto al criterio de que el Estado es un botín del partido vencedor —en la guerra o en las elecciones—, que en tiempos del Dr. Chamorro practicaba el Partido Liberal Nacionalista (somocista).
Por eso una de las principales aspiraciones del doctor Chamorro era establecer una república democrática y pluralista en la que los ministros y otros altos funcionarios fueran personas “que conviertan la política en un apostolado, para que deje de ser lo que ahora es, una ganga”.
Consideramos oportuno citar esos conceptos del Dr. Chamorro, porque con motivo de los supuestos cambios en el gabinete que prepara el presidente Enrique Bolaños, algunos prominentes miembros del PLC están solicitando y presionando para que se ponga “achiote liberal” en el gobierno, es decir, que se nombre sólo a liberales en los altos cargos gubernamentales.
Al respecto, en la sección de Cartas al Director de esta misma edición, publicamos una del secretario privado del Vicepresidente de la República, que refuta nuestro editorial del miércoles de esta semana (“Cambios en el Gabinete”), en el que expresamos que el Gobierno no es un botín del partido vencedor, sino un administrador de los bienes y los intereses de todos los nicaragüenses; y que por lo tanto no es correcto poner en los altos cargos sólo a liberales. Por el contrario, señalamos, los funcionarios públicos deben ser escogidos entre personas de probada integridad, capacidad, profesionalismo y vocación de servicio a la comunidad sin tomar en cuenta a qué partido pertenecen.
Como expresamos en el mencionado editorial, si el Gobierno fuese sólo para atender a los liberales sería normal que el Presidente nombrara como ministros y otros altos cargos sólo a miembros y recomendados del PLC. Y si ese fuese el caso, el Presidente hasta podría, si se le antojara, poner de nuevo en el gobierno a quienes ahora son prófugos de la justicia pero ocuparon altos cargos en el gobierno anterior precisamente porque eran “achiote” y “orgullosamente liberales”.
Sin dudas que en el PLC hay personas capaces e íntegras. Algunas de ellas ocupan destacadas posiciones en el actual Gobierno. Pero es innegable que el gobierno anterior estuvo formado sólo por liberales o aliados afines, según el criterio de que como el PLC ganó las elecciones tenía derecho a usufructuar el botín del Estado, y muy bien se sabe que ese gobierno fue uno de los más corruptos de toda la historia de Nicaragua
De manera que el presidente Bolaños no debe ceder a las presiones para que ponga en los cargos principales a determinadas personas porque son del partido liberal que ganó las elecciones, sino que debe nombrar a quienes sean porque son íntegras, competentes y laboriosas, independientemente de que pertenezcan al PLC, a cualquier otro partido o a ninguno.
Los partidos políticos son indispensables para el funcionamiento de la democracia; son parte del sistema del sufragio universal y surgieron cuando los ciudadanos obtuvieron el derecho a participar en la toma de las decisiones públicas y a fiscalizar su cumplimiento correcto. Es imposible mantener y consolidar la democracia, ni alcanzar éxitos económicos y sociales, sin un sistema político de partidos. Pero éstos son únicamente intermediarios entre los ciudadanos y el poder, servidores del pueblo y no dueños del Gobierno ni saqueadores del Estado con el pretexto de que para eso conquistaron el poder.
En realidad, lo que ha significado poner el “achiote” y la “sangre roja liberal” en las instituciones del Estado se puede ver claramente en lo que ocurrió en la Asamblea Nacional el año pasado, donde Arnoldo Alemán incrementó la planilla en cincuenta por ciento, puso a fichas del partido que sólo llegaban a retirar el cheque y devoró el presupuesto del Legislativo en menos de seis meses. 
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