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VIERNES 17 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22974 / ACTUALIZADA 02:30am
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Hospital El Retiro

Luis Edgardo Gutiérrez Quant

En diciembre de 1972 el vientre de la salud nicaragüense fue herido por el terremoto que destruyó el Hospital El Retiro. Muchos años, muros con propagandas de todo tipo y grandes árboles de un verde tierno escondieron a la vista del nicaragüense los adelantos de las ciencias médicas que ahí se brindaron por parte de honorables galenos de intachable ética, de gran sensibilidad humana y social, acompañado del don divino de enseñar.

En enero del 2003 sentí una sorpresa impactante llena de nostalgia y de pesar. El muro y los árboles cayeron dejando penetrar los rayos solares que dejan ver el movimiento de una gran construcción. Se penetró al corazón de la bomba de cobalto.

El progreso está borrando la historia de ese hospital, orgullo del gremio médico nacional y de estudiantes que, como yo, me nutrí de su ciencia y de su moral; templo de las luchas contra las enfermedades con todos los conocimientos y recursos materiales de esa época. Se debe de escribir su historia de gloria en la salud y medicina de Nicaragua para no olvidarla jamás.

Un epitafio para la lápida del maestro Roberto Calderón Gutiérrez.

Una canción de despedida de Los Bisturices.

Un libro del doctor Sergio Ramírez para recordar un coloso que dio salud.

Un cuadro de Pérez de la Rocha que refleje el arte que ahí se practicó.

Al médico nicaragüense pido una lágrima de honor para ese Hospital El Retiro que lo representó y dio orgullo. Una lágrima que sirva para sensibilizar a los que se encuentran vivos y con poder de hacer algo mejor. Pero el terreno de mi recordado hospital: ¿De quién era? ¿Del Ministerio de Salud o la Alcaldía? ¿Por cuánto lo vendieron o donaron?

Pero qué importa eso. El terremoto lo destruyó y desgraciadamente el progreso no lo pudo levantar y se olvidó de él.

Traumatólogo –ortopedista.  
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