Entrevista _ Enrique Salvo Horvilleur, director ejecutivo de Eskimo S.A.
El empresario debe pensar en el éxito
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 | A los 55 años, Enrique Salvo, ingeniero mecánico con un master en Administración de Negocios, se siente satisfecho del rumbo que lleva la empresa familiar, cuyas finanzas le toca dirigir. Es muy empecinado en la gestión empresarial y la competitividad, aspectos que le han valido para colocarse como una de las pocas empresas nacionales con presencia en el resto de Centroamérica con exportaciones anuales de seis millones de dólares |
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LA PRENSA/G. Miranda |
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Gustavo Ortega Campos gustavo.ortega@laprensa.com.ni
Enrique Salvo es el tercero de seis hermanos, todos ligados a la vida empresarial. Hoy en día dirige el negocio familiar desde el cargo de director ejecutivo, se trata de la empresa Eskimo S.A., especializada en fabricación de helados y una de las pocas con presencia en el resto de Centroamérica.
Muy puntualmente se inició la entrevista en su oficina, muy sobria y donde sobresale un dibujo infantil con dedicatoria hecho por su hija menor, de siete años, mismo que se intercala con diplomas.
De ojos de un azul muy intenso, muy peculiares por ser idénticos entre todos sus hermanos, es una persona sobria, de hablar paciente y de pocos ademanes, contrario a su hermano mayor, Mario, quien entró a la oficina en medio de esta entrevista y se caracteriza por tener un carácter más apasionado.
Es descendiente de italianos y franceses, lo que explica la fisonomía que porta. Su principal interés es mantener pujante el negocio que dirige, mismo que estuvo fuera de sus manos durante el gobierno sandinista.
Amante de la lectura y de la vida en calma en general, “no me gusta asistir a fiestas”, asegura, pero a pesar de ello ha fungido en altos cargos en varias organizaciones empresariales.
¿Ha sido empresario siempre?, es la idea que viene al pensar en “los Salvo”...
Siempre he estado involucrado de una manera u otra en una familia de orientación empresarial, siempre tratando de desarrollarse en esta línea. Este negocio, y toda Nicaragua lo sabe, es de origen familiar fundado por mis padres Mario Salvo y Josefina Horvilleur. Casualmente el seis de enero cumplimos 61 años de establecidos, por ese vínculo es que se le graba a uno esa manera de trabajar y así se ha mantenido el negocio como una empresa de corte familiar.
¿Cuáles fueron los orígenes de la empresa?
Pues el negocio inicia en la rama de helados y francamente no ha cambiado mucho, seguimos en la rama de helados, nada más que ahora hay una variante con productos frescos con la oferta de Yoplait y la extensión del mercado que ahora es a nivel regional, cubrimos desde Guatemala hasta Panamá, esto se ha logrado con el esfuerzo no sólo de la familia, sino con todos los que laboramos aquí, la empresa ha ido creciendo.
Usted es la cabeza pública de la empresa, ¿pero a lo interno cómo están constituidos?
Dentro de la estructura familiar de un negocio, no está perfectamente definida la mezcla de lo que es familia o es negocio, tratamos en lo posible de que todas las decisiones importantes sean tomadas en el seno familiar con la directiva de la empresa, yo con otras personas me concentro en la actividad financiera, administrativa y de mercadeo, principalmente. Soy accionista igual que mis otros cinco hermanos.
Mi hermano Mario se encarga de la parte técnica y mi papá que aún está activo en los negocios...
¿Aún trabaja acá?
¡Sí!, él viene diario, trabaja muy dinámicamente...
Él manda entonces...
Pues las decisiones muy trascendentales las tomamos familiarmente. Mi papá, Mario Salvo Lasari, es el presidente de la junta directiva. Somos una empresa de 400 empleados, con un alto sentido de responsabilidad hacia el trabajo.
Han pasado 61 años, Eskimo ya es una empresa constituida, ¿pero cuál es la fórmula para mantenerse en el mercado luego de cuatro o cinco gobiernos...?
Se perfila como un negocio como muy familiar en los primeros 20 años, luego se incorpora un poco, en la medida que los hijos nos fuimos involucrando en los negocios, se fueron abriendo más espacios para manejar la parte técnica y administrativa. Esto permitió una nueva modalidad para trabajar.
En 1975 firmamos la franquicia con Yoplait de Francia, fuimos unas de las primeras en América y ese mismo año iniciamos con la cultura de exportación, porque ya entonces el yogur estaba en Costa Rica, El Salvador y Guatemala, los helados un poco en Costa Rica. Es decir que las exportaciones las empezamos en los años 70.
¿Qué pasó con la insurrección y el establecimiento del gobierno sandinista?
Pues vino 1979, empezaron los problemas que culminaron con la expropiación de la empresa en 1981, se trató en lo posible de evitarlo pero no se logró, entonces nos fuimos al exterior, agarramos para diferentes partes, hacia Costa Rica, Estados Unidos, México...
Ya con el gobierno de doña Violeta (Barrios), uno de los primeros decretos, el 11-90, se regresaron las primeras propiedades y una de ellas fue Eskimo, reiniciamos operaciones en 1990.
La empresa funcionó en los ochenta, ¿al regresar ustedes percibieron cambios, mejorías... deterioro?
Bueno la encontramos deprimida como estaba toda la situación en Nicaragua, hay razones que no me gustaría comentar, pero sí continuó abierta, pero estaba desabastecida de materia prima, los equipos muy deteriorados con tecnología obsoleta y lógicamente después de 10 años de manejo estatal, la cultura de los empleados estaba orientada a otro tipo de gestión. Lo primero que hicimos fue convencer a toda la fuerza laboral que nosotros veníamos aquí a trabajar y a olvidarnos de esa etapa y que las oportunidades del desarrollo de la empresa continuaban abiertas para todos.
Nosotros no cometimos el error de sacar a personas que estaban identificadas con el gobierno anterior, lo que hicimos fue dejar en claro que nuestra misión era manejar el negocio bajo el sistema de libre mercado, que la competencia hacia fuera y hacia adentro era válida.
Fue como empezar de cero...
Tuvimos que capacitar al personal bajo esta cultura, invertimos en recursos tecnológicos y reabastecimos de materias primas a la empresa y empezamos de nuevo, de tal forma que en 1992 reiniciamos el contrato con Yoplait, porque dicho sea de paso, en 1981, automáticamente al cambiar drásticamente la empresa de dirección, el contrato se suspendió automáticamente, Yoplait no le dio a nadie la franquicia en esos 10 años, nos respetó y eso siempre lo hemos visto como un gran gesto por parte de esta empresa francesa.
¿Cuándo es que se reinician las exportaciones?
En 1994, el primer país fue Honduras, siguió Costa Rica, El Salvador y Guatemala, en ese orden y desde ese entonces ha sido una continua lucha por las mejoras, permanente atención al cambio, lo importante es la innovación y la calidad. Estamos conscientes de aquellos elementos que son importantes para mantener un nivel de competitividad adecuado, creo que ésta es la única empresa en Centroamérica con el programa de Análisis de Riesgos y Puntos Críticos (HACCP, por sus siglas en inglés) y nos acaban de certificar, todavía no es oficial, que hemos logrado la ISO 9001 versión 2001 para la actividad de Yoplait, el FDA (Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos) recién vino y nos certificó la planta, todo esto indica que estamos muy atentos a la calidad, incluyendo los procesos.
Se le nota muy entusiasta...
Siempre estamos pensando en las posibilidades del futuro, es el caso del TLC con los Estados Unidos, pero tampoco obviamos los riesgos que eso significa.
Recién pasó un año duro en materia económica, donde el énfasis gubernamental estuvo en la lucha contra la corrupción... pero junto a eso, la empresa privada se mostró tímida, según aseguran varios sectores...
La expectativa que tiene el sector privado en Nicaragua es que este año que inicia se logre una reactivación económica, el año pasado se concentró mucho la lucha contra la corrupción, proceso que no para, sin embargo habría que cambiar la atención hacia una reactivación económica, que es lo que básicamente, junto a una gestión transparente, hará que el país salga adelante.
Vamos a ver qué pasa con la firma del acuerdo con el FMI y con el Presupuesto de la República, a ver si se empieza a mirar esa inversión pública que es tan necesaria, yo creo que si la inversión pública arranca, la inversión privada vendrá siguiéndola.
¿Y qué piensa del sector empresarial nacional?
A mi juicio con la visión empresarial muy clara, nuestra iniciativa privada es muy limitada todavía, primero porque tuvimos un atraso de diez años, mientras que el resto de Centroamérica siguió avanzando, es difícil alcanzar a alguien cuando la carrera va avanzando, con todas las dificultades la diferencia, inclusive, puede hacerse más grande... yo creo también que las limitaciones estructurales del país tampoco han permitido la creación de una clase empresarial muy pujante y además, la mentalidad que imprimió el sandinismo, de un Estado paternalista, todo era responsabilidad del Estado, eso ha sido una carga, un lastre para la competencia.
Pienso que el empresario debe estar impregnado en una actitud donde a pesar de las dificultades se tiene éxito, a mí me gustaría tener costos de energía más baratos, me gustaría tener carreteras más adecuadas... pero el reto está que a pesar de esto, busco elementos competitivos que me compensen esto para tener chance en el mercado.
¿Y qué tal compite en la región?
Vendemos el helado más barato de Centroamérica y si desde luego competimos con productos lácteos frescos, es porque la gente no paga más por este tipo de productos, estamos a un nivel de precios que implica un estricto control de costos, me parece a mí que ahí estriba la gestión empresarial, hay que buscar qué elementos se tienen para ser exitosos, pero también tener la habilidad de que si es imposible tener éxito dada una estructura determinada, es mejor no meterse al negocio.
¿Por dónde andan los niveles de exportación?
Nosotros exportamos entre cinco y seis millones de dólares anuales en productos derivados de la leche y helados, es la exportadora más importante de lácteos del país.
El Eskimo…
Paralelo a la venta de helados y yogur, la familia Salvo es reconocida por su restaurante El Eskimo, nombre con el que fue bautizado la caricatura de un esquimal y que hoy es el logotipo de la marca empresarial.
Enrique Salvo Horvilleur, director ejecutivo de la empresa Eskimo S.A., rememora que el restaurante nació antes que la parte industrial y ha estado en tres lugares, el primero en la la zona del cine Alcázar; luego en 1968 se trasladó muy cerca de ahí, hasta destruirse con el terremoto de 1972.
“El día siguiente del terremoto se iba a inaugurar una ampliación, sólo quedaron los manteles puestos, se destruyó y temporalmente lo trasladamos donde era el taller de mecánica de la empresa”, rememora Salvo.
En ese mismo lugar, en el Barrio Altagracia, hoy en día continúa el restaurante, que junto a su “hermana menor”, “La Crema Batida”, constituyen otro giro del negocio familiar.
“La Crema Batida” se instaló por el entusiasmo de la construcción de los nuevos centros comerciales de Managua.
Ubicado aún en el centro comercial Camino de Oriente, el origen pensado para “La Crema Batida” era la de un restaurante formal con el nombre “El Eskimo de Oriente”, concepto que fue cambiado por la misma demanda de los clientes.
“El Camino de Oriente estaba dirigido para un segmento informal, recordemos que aún está contiguo al Bolerama, entonces al segmento al que pensábamos dirigirnos originalmente no era el adecuado, tuvimos que cambiar el concepto drásticamente”, aclara Salvo.
La atención de ambos restaurantes se da con menos empuje de mercado en comparación a los helados y yogur, pues a juicio de Enrique Salvo, esta actividad requiere mucho más involucramiento e inversión. 
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