El voto de la discordia
 |
|
 | Valenzuela fue un lanzador de impacto |
|
Fernando Valenzuela sólo recibió un voto para Cooperstown. (LA PRENSA/Archivo) |
| |
Javier Miamí ESPNdeportes.co
Luego de convertirse en un fenómeno del béisbol e ídolo de cientos de miles de fanáticos, Fernando Valenzuela fue recibido por los cronistas con un solo voto para el Salón de la Fama
La semana pasada fui uno de los primeros que aplaudió cuando se anunció que Eddie Murray y Gary Carter serán exaltados al Salón de la Fama del béisbol de las Grandes Ligas. Sin embargo, el voto de los cronistas, salvo uno, me dejó un sabor amargo.
La votación de 2002 marcó la primera aparición en la papeleta de Fernando Valenzuela, el otrora fenómeno mexicano que oficialmente se retiró del béisbol de las mayores en 1997, pero que sigue siendo el estándar por el cual se miden a los lanzadores zurdos que no tienen una recta de 100 millas por hora.
Si hay alguien que personificó la década de los 80 en las Mayores, fue “El Toro”. Pero cuando se contaron los votos, sólo un valiente cronista de los 496 que sometieron papeletas, tuvo la memoria y el respeto de incluir a Valenzuela. Quisiera saber quién fue, sólo para darle las gracias.
Quiero dejar algo meridianamente claro. No pienso que Valenzuela fue el mejor lanzador que haya pasado por una lomita de las Grandes Ligas. Tampoco creo que sus estadísticas (173-153 con 3.54 ERA en 17 temporadas) fueron las más impresionantes en la historia. De hecho, pienso que salvó a 1981, cuando ponchó a 180 como novato, y a 1986, cuando ganó 21 partidos. Estadísticamente hablando, Valenzuela fue una lanzador bueno, pero no sobresaliente.
Sin embargo, lo que significó la llegada Valenzuela al béisbol de las Grandes Ligas fue el sembrar una semilla para la globalización del mejor béisbol del mundo. Previo a la llegada de Valenzuela, habían sido pocos los extranjeros que habían tenido un impacto similar en una ciudad, en una nación.
Roberto Clemente, David Concepción y Luis Aparicio, entre otros, se habían destacado y recibido las loas merecidas en sus respectivas carreras. Pero la “Fernandomanía” que arropó a Los Ángeles, y luego la televisión nacional, fue algo sin precedente.
La popularidad de Valenzuela fue el catalítico que comenzó un proceso en las Mayores, un proceso de mercadeo específico a la comunidad hispana. Fue lo que comenzó el pensar en estrategias para hacer llegar el béisbol más allá de las fronteras.
Numerosos equipos comenzaron a transmitir sus partidos de temporada regular en español, aunque sea en la radio. Las Grandes Ligas comenzaron a discutir el jugar partidos de serie regular fuera de las fronteras.
En México, y estoy seguro que mi colega Guillermo Celis puede abundar, Valenzuela se convirtió —y hoy sigue siendo— en leyenda. Quizás porque fue el primer mexicano en convertirse en un jugador de impacto en las Grandes Ligas. Quizás porque fue a Los Ángeles y triunfó.
Y yo soy de los piensan que aquellos que llegan al Salón de la Fama no deben ser juzgados sólo por sus estadísticas. Deben ser evaluados por su impacto en el béisbol en general, pero más importante aún, deben ser vistos desde su justa perspectiva social.
Después de todo, la vida no es todo números.
Y es en ese renglón en el cual Fernando Valenzuela debe ser visto. A mediados de los 80, cuando la economía de los Estados Unidos estaba rezagada por los efectos de los “Reaganomics”, la comunidad más marginada era la comunidad hispana. Valenzuela se convirtió para muchos en un símbolo de esperanza, en un símbolo de que el “sueño americano” era posible.
No mucho después de esa temporada del 81 fue que se abrieron las compuertas para la inundación latina en las Mayores.
Quizá soy yo quien está exagerando. Pero Valenzuela se merece mucho más que sólo un voto. 
|