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MARTES 14 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22971 / ACTUALIZADA 02:30 am
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El adulterio: Una conducta que lastima

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Margarita Murillo
mmurillogamboa@yahoo.com

Muchos y muchas de ustedes en algún momento de sus vidas probablemente han estado ante una situación de irrespeto como lo es el adulterio, ya sea como participantes en donde probablemente no puedan medir las consecuencias afectivas, sociales y familiares de la situación, tanto de la otra parte de la pareja, como de los hijos e hijas si los hubiera, así como de la construcción que establezcan sobre sus vidas en la conformación del concepto de pareja. O del otro lado sufriendo las consecuencias de haberse visto envuelto en la desilusión de “ser cambiado, ignorado, maltratado”.

El adulterio es un tema polémico por las múltiples aristas que surgen de la situación, desde las causas o justificaciones más increíbles como para una película de ficción hasta las condiciones que se presentan por la exposición sociocultural de una conducta adúltera fácilmente tolerada y promovida por nuestras sociedades machistas y latinoamericanas.

Es sin duda un dilema el asunto de tener solo una pareja, algunos incluso polemizan acerca de la realidad de poder subsistir en esta situación, sin embargo es curioso estos análisis pues por lo general sólo están de un lado de la balanza, del lado masculino o de las múltiples “necesidades sexuales” que tiene el macho en nuestra sociedad, pues si a una mujer se le ocurre demostrar las mismas “necesidades” sin duda alguna será tachada de prostituta o “mujer fácil”, pero no debemos de caer en simplicismos, la conducta adúltera tiene muchas más raíces de las que nos imaginamos.

Yo guardo muchos ejemplos con mis alumnos y alumnas cuando comienzan a formalizar relaciones, sólo algunos de ellos buscan más de una pareja y es cuando a lo largo de los años puedo observar su incapacidad de poder madurar un amor adulto, la incapacidad de poder establecer vínculos duraderos y profundos, no sólo consigo mismos o mismas sino con los otros. Por lo general el que no logra construir desde el primer momento, probablemente, a menos que logre madurar las líneas de respeto, le será muy difícil poder construir algo estable y duradero, pero sobre todo libre, maduro y profundo.

En realidad el adulterio tiene sus bases en la calidad del código moral que hayamos podido construir a través de nuestra existencia, y la capacidad o madurez para poder sobrellevar las presiones socioculturales acerca de nuestra vida sexual y amorosa. El adulterio es una especie de adicción con una debilidad en la coraza moral del individuo, y como tal debe ser tratada, pues en la historia se ha podido observar, como las personas que cometen adulterio, no sólo cometen ese revés moral, sino que también están cometiendo otras faltas a la moral, como las mentiras, el faltar en algunos aspectos en el trabajo, en el trato con los amigos, en las relaciones interpersonales, en el cumplimiento de sus deberes, por lo general comienzan a darse pequeños detalles que afectan la conducta integral de la moral en el ser humano.

Si nuestra comunicación y relaciones no estuvieran tan cargados de afectividad, si nuestro lenguaje sexual y humano no tuviera tantas emociones probablemente serían más fáciles las relaciones interpersonales, pero como se destacó en el artículo anterior, las líneas de respeto que deben existir entre las personas también cuentan con un código moral a cumplir por ambas partes.

El adulterio o la infidelidad es un conflicto de culpabilidad que por lo general nos hace mención de la incapacidad de dar el salto en el amor maduro que se necesita en toda relación de pareja sana. El acto de adulterio posee también una voz, como lo refiere el Dr. Dobson en su libro “El amor debe ser firme”, que se le llama conciencia que se convierte en un oponente formidable contra la irresponsabilidad y no va a permitir las violaciones a los códigos morales establecidos.

La persona que se halla en esta situación puede experimentar tres maneras de resolver la situación: A) La conciencia gana y la persona retorna a la vida recta y madura. B) La persona racionaliza tan eficazmente su conducta que comienza a parecerle pura y santa. C) La conciencia gana pero la persona persiste en hacer de todas maneras lo que estaba haciendo. Estas últimas continúan viviendo contradiciendo su código de ética o moral y esto en ocasiones termina en desórdenes psicológicos y físicos.

Pero para tema de otro artículo, hablaremos acerca de la educación de la sexualidad en nuestros niños y jóvenes que busquen promover una identidad sexual y un manejo del placer menos dañino y doloroso, sino más profundo y satisfactorio.  
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