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LUNES 13 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22970 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Deuda interna: Las piñatas no son gratis

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José Luis Medal

Fue el Premio Nóbel Milton Friedman quien acuñó la famosa expresión de que en economía no existía nada gratis. De una manera u otra, cualquier subsidio, regalo o gasto, termina siendo pagado por alguien. Todo tiene un costo, inclusive las piñatas. La abultada deuda interna del país, se origina en dos grandes piñatas: la primera, la de 1990 cuando se privatizaron a favor de particulares una larga lista de propiedades supuestamente propiedad del Estado, y la segunda, pero no menos importante, las quiebras bancarias y la corrupción generalizada del período 1997-2001, cuyo costo definitivo total aún no se conoce, pero que oscila en un monto no menor de US$700 millones de dólares.

Si algunos creyeron que las piñatas eran gratuitas, se equivocaron. Llegó la hora de pagar la cuenta. Según un informe del FMI, la deuda interna de Nicaragua ascendió en el año 2002, a un monto de US 1,583 millones de dólares y el servicio de la misma implica sólo para el año 2003, erogaciones por un monto de US$428 millones. Esa suma será mayor para el año 2004, año en el cual según el FMI, el servicio de la deuda interna ascendería a un monto de US$626 millones de dólares. Esas proyecciones del FMI evidencian claramente que Nicaragua tendrá que dedicarse los próximos años a pagar —o mejor dicho a intentar pagar—su abultada deuda interna o a reestructurar la misma, con plazos y tasas de interés más adecuados. Como el flujo de ese servicio es virtualmente impagable, habrá que reestructurarlo para suavizar su impacto y que éste afecte en menor grado los escasos recursos disponibles para salud, educación y combate a la pobreza.

Además de reestructurar la deuda, deben hacerse todos los esfuerzos para recuperar de los beneficiados de las piñatas, todo lo que sea posible. No debe ser la ciudadanía la que deba pagar todos los platos rotos. En este campo hay mucho por hacer. Para comenzar, el gobierno debería informar cuánto se ha recuperado a base de la ley sobre propiedad reformada urbana y agraria, aprobada por consenso en 1997. En la mencionada Ley se obligaba a los que se apropiaron de casas de habitación de más de cien metros cuadrados a pagar un impuesto equivalente al 100 por ciento del valor catastral de las referidas propiedades. Esa medida en lo general no ha sido cumplida. Curiosamente, los gobiernos de los últimos años, han sido muy eficientes en emitir bonos de indemnización abultando así la deuda interna, pero no se han interesado ni siquiera en cobrar lo mínimo que en Derecho corresponde. Para mencionar otro ejemplo, en el caso de la CORNAP se ha declarado tranquilamente que casi nada es recuperable, pero los bonos emitidos a los confiscados, si tendrán que cancelarse.

Una segunda medida indispensable es recuperar la mayor parte de los activos de los bancos fraudulentamente quebrados y establecer compensación de deuda por impuestos pendientes, por los CENI emitidos a favor de los bancos adquirentes. Respecto a esto último, cabe señalar que la exoneración de facto del impuesto sobre la renta de que disfrutan los bancos, no tiene base legal alguna. Si el Banco Central le debe a los bancos por CENI éstos no han pagado al parecer el impuesto sobre la renta que en derecho corresponde, a como se evidencia con la simple lectura de los informes de la Superintendencia de Bancos, los que muestran que no existe relación entre las utilidades obtenidas y el impuesto sobre la renta pagado, lo que sólo muy parcialmente puede explicarse por el hecho de que los intereses de los CENI están exentos del IR. Corresponde en consecuencia compensar parte de los CENI con lo que bancos adeudan por impuesto sobre la renta. Si resulta necesario apuntalar a los bancos del sistema, ello debe hacerse por medio de otros instrumentos de política económica y no a través de una exoneración de facto de impuestos.

En resumen, el problema de la elevada deuda interna no debe resolverse a través exclusivamente de reestructuración de plazos y de tasas de interés, corresponde también hacer todos los esfuerzos, para cobrar tanto a los beneficiados de la piñata de 1990, como recuperar la mayor parte de los activos de los bancos quebrados, y eliminar exoneraciones de impuestos, para el sistema financiero. Esas medidas aliviarían en algo el peso de la deuda interna, el resto de ese peso terminará inevitablemente recayendo en la ciudadanía en general, debido al principio económico fundamental, de que las piñatas no son gratuitas.

El autor es economista.  
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