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DOMINGO 12 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22969 / ACTUALIZADA 06:38 am
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Un nuevo amanecer en Estados Unidos

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Peter R. Bernal

Ha pasado un tiempo prudencial, y ya es posible, con sangre fría divisar en el horizonte del 2003 las señales que nos permitan prepararnos para el futuro inmediato, algo a lo que trató de llevarnos el ex presidente George Bush (padre) cuando se refirió en su discurso de toma de posesión de que tenemos que construir una “nación afable y bondadosa” (kinder and gentle).

No se puede obviar que después de que Ronald Reagan en su mayor momento de popularidad pudo ganar el Senado Federal de mano de los demócratas el hoy presidente George W. Bush ha logrado repetir la hazaña. En este caso ganó de nuevo para su partido el Senado y ratificó su mayoría en la Cámara Baja, aunque los márgenes de ventaja son pequeños (51 a 49) y 229 a 206 (incluyendo independientes pro demócratas) en la Cámara. En los gobernadores sí disminuyó la ventaja republicana. Ahora sólo tienen 26 contra 24 y los demócratas controlan la mayoría de los estados con más votos electorales (California, Pennsylvania, Illinois, Michigan, Wisconsin, Nueva Jersey, Virginia, Carolina del Norte y otros; aunque los republicanos mantienen Texas, Florida y Ohio porque Nueva York aunque Pataky fue reelecto en las presidenciales su tradición “sine-qua non” es votar demócrata...

Esto es el “landscape” o panorama que se puede ir viendo para la elección del 2004 donde los Estados grandes juegan un papel determinante en el Colegio Electoral (538 votos). Recuerden que son 270 votos electorales los que se necesitan para ganar y aunque Al Gore ganó el voto popular por más de 550 mil sufragios perdió la Casa Blanca por un voto, Bush logró 271 al ganar la Florida (25) y Gore perder Tennessee (11) su Estado natal y quedó con 267 votos electorales.

Visto el caso y comprobado el hecho, hay que ver hacia dónde va filosóficamente este país. El Senado pierde posiblemente el último reducto del verdadero conservadurismo al estilo de “Mr. Conservative” el fallecido senador de Arizona y ex candidato presidencial en 1964 Barry Goldwater, legendario ícono de la derecha estadounidense. ¿A quienes se perdió este año?

Por quererse jubilar abandonaron el Senado: Strom Thurmond, que acaba de cumplir 100 años de edad, de los cuales pasó 47 en el Senado, el fundador del partido “Dixiecrat” en la década de los cuarenta se pasó de demócrata a republicano y pronunció un discurso de 24 horas en 1957 para detener la legislación de derechos civiles, el “filibuster” más largo en la historia del Senado; el insumergible Jesse Helms, también acogió la jubilación, símbolo de la política exterior conservadora; el famoso actor Fred Thompson de Tennessee y Phil Gramn, el de los presupuestos balanceados que cumplió 18 años en Washington desde que salió de su querida Texas. Para darles una idea de lo que esto significa, el nuevo presidente del panel de Exteriores lo será otro republicano, Richard Lugar de Indiana, ¡auxilio! Nadie más alejado de la línea dura, un republicano “a lo Rockefeller”, en perfecta comunión con otro “moderado” el secretario de Estado, Gral. Colin Powell y el recién designado “Chairman” de un panel presidencial, el mismísimo Henry Kissinger ¡misericordia!

Los demócratas, por su lado, perdieron a otro conservador, que fue condecorado en Vietnam, perdió sus dos piernas y un brazo en batalla, Max Cleland que se despidió del Senado con las palabras del general Douglas MacArthur: “los viejos soldados nunca mueren, sólo desaparecen”. Curiosamente, con la salida de estos dos demócratas, el otro es Bob Torricelli, amigo del exilio cubano, se pierden conservadores en política exterior y votos en su panel, pues ambos encajaban dentro de la línea fuerte hacia temas como el cubano y latinoamericano, por citar ejemplos. Donde sí pierden los liberales es en Minnesota con la entrada del republicano Norman Coleman, pero eso no se traslada a ciertos temas, pues Coleman en su debate televisivo con Walter Mondale, candidato demócrata de última hora por la muerte del titular Paul Wellstone, dijo que su gran diferencia con el presidente Bush era que él (Coleman) favorecía levantarle el embargo a Cuba. ¿Qué les parece? Más preocupante debe ser que al no tener a Helms en el panel de política exterior los votos no estén para confirmar medidas más duras ni nuevos subsecretarios de Estado como Otto Reich.

En cuanto a la Cámara de Representantes, hay que darle gracias al Todopoderoso en que el demócrata Charles Rangel no lograra su sueño de manejar el dinero para todas las causas, habidas y por haber, potestad que le daría presidir el Comité de Medios y Arbitrios (Ways & Jeans) si los demócratas hubieran ganado la mayoría. Por otro lado, hay muchos republicanos y demócratas conservadores que apoyan aperturas con Cuba y otros países. ¿Estamos entonces frente a un Congreso realmente conservador? Bueno en algunos asuntos tal vez, pero no en todos. ¿Era ese el plan de Bush o simplemente una estrategia del Partido Republicano para situarse en una era de globalismo sin ingredientes ideológicos marcados? ¿Dónde están los verdaderos conservadores a lo Reagan? Su estilo no se nota en el trato hacia América Latina. Los cuatro cubanos en la Cámara de Representantes, los hermanos Díaz Balart, Ros y Menéndez podrían perder su voz buscando apoyo y hasta quedarse sin muchos aliados en temas específicos. Algo que no conviene en agendas de interés para sus distritos y tendrán que luchar a brazo partido con el Departamento de Estado, Inmigración, la Guardia Costera y si no se logra el nombramiento de Reich u otro de su filosofía. ¿Qué pasa entonces? Gracias que queda todavía Bob Graham en el Senado.

El presidente Bush tiene la mejor intención y el deseo de ayudar a más de 600 millones de seres humanos al sur del Río Grande. En otras palabras, creo que en Bush podemos confiar, en su momento nombró a Reich, y lo haría otra vez en otro cargo, además habló del bloqueo económico a Cuba contra viento y marea, pero cuando vemos el panorama congresional del 2003, después de estas curiosas e híbridas elecciones sin conservadores de verdad ni liberales de combate, sólo falta decir: ¡Apaga y vamos!

El autor es periodista estadounidense.  
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