Cosas veredes Sancho amigo
Con don Fidias, recordando a don Gratus Halftermayer
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 | Durante muchos años permaneció abierta en Managua la Biblioteca Centroamericana que era atendida por un señor bajito, blanquito, amable y de exquisita erudición. Ese era don Gratus, el primer cronista e historiador de Managua que, desde su tumba, espera la reedición de sus obras |
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Mario Fulvio Espinosa opinión@laprensa.com.ni
Fue en el barrio Los Ángeles. Jugaba en la acera de mi casa con mi hermanito mayor, tratábamos de “coger pulso” con tres chibolitas azules. De repente apareció “El Señor”. Era un hombrecito del tamaño de Panchito Mayorga, vestía un traje color plomo “muy trajineado”, pues en algunas partes presentaba pequeñas sombras blancas.
Camisa blanca, corbata negra y zapatos combinados (café con blanco) completaban su atuendo... Ahhh, se me olvidaba mencionar dos prendas muy personales, el sombrero de fieltro gris adornado con una de cinta de seda negra y bastón fino de madera blanca que colgaba elegante de su brazo derecho.
Mi madre salió a recibirlo: “Hola Maestro, qué milagro por aquí, pase adelante, en qué puedo servirle”. Los ojillos grises de “El Señor” brillaron bondadosos al decir: “Ya estamos adelante, vengo a ver una obra de arte que, según dice doña Queta Morgan, está usted pintando para la Iglesia del Calvario”.
Entró el Señor y mi madre le mostró una cartulina de aproximadamente un metro de alto por 70 centímetros de ancho, donde estaba esbozada la figura más triste que pensativa de Jesús, sentado sobre una piedra a la vera de un camino, con la pierna derecha cruzada sobre la izquierda. El detalle raro del cuadro eran los pies de El Salvador, uno de ellos estaba descalzo en tanto el otro lucía una sandalia dorada.
Salimos de dudas respecto a “El Señor” cuando mi madre dijo: “Don Gratus, ésta es la imagen de “Cristo Pobre”, o de “Jesús de los Pobres”, y trae una leyenda que trato de plasmar en la pintura”.
LA HISTORIA DE CRISTO POBRE
Ya sentados en la salita, mi madre, la Chilita Ampié, contó así la historia: “Se cuenta que ésta era una imagen de bulto que existía en cierta ciudad europea y que las dos sandalias de Jesús eran de oro legítimo”.
“Una vez llegó a postrarse a los pies del Cristo un hombre en extremo pobre que transido de penas y fe, le pidió que le diera una limosna para dar de comer a sus numerosos hijos. La imagen conmovida estiró una pierna y le dejó caer una de sus sandalias. El pobre tomó aquello como una dádiva, tomó la prenda, la vendió y con eso dio satisfacción a sus necesidades”.
“Pronto cayó preso acusado de robo y sacrilegio. El hombre contó su verdad y al transcurrir el juicio pidió que lo carearan con Jesús para que él confirmara su decir. Así se hizo y cuando los alguaciles interrogaron al Señor, éste estiró la otra pierna y dejó caer su otra sandalia a los pies del acusado. Las autoridades comprendieron el milagro y dejaron libre al reo que así se ganó las dos sandalias de Nuestro Señor”.
Don Gratus —pues él era “El Señor”— se entusiasmó con la leyenda y dio algunos consejos a mi madre para mejorar la obra, la que al ser terminada pasó a ocupar un lugar especial en la ermita de El Calvario donde por mucho tiempo fue venerada por los creyentes.
UN LIBERAL ENCICLOPÉDICO
Fue así, hace 64 años, que conocí al caballero don Gratus Halftermayer. Era un lector compulsivo, poseía una cultura enciclopédica y con orgullo proclamaba ser un liberal nacido de la Revolución Francesa. Sus héroes favoritos, los que más mencionaba, eran los líderes de La Montaña que figuran en “La Historia de los Girondinos” de Alfonse Lamartine.
Manejaba la historia al dedillo, no sólo la de nuestro país, sino la de Centroamérica y el Mundo. Eso le valió ser nombrado director de la Biblioteca Centroamericana que, allá por los años cincuenta, estaba ubicada en las cercanías de la Colonia San José, en la Calle 15 de Septiembre.
Por la década de los cincuentas, se apareció por mi casa para entregarle a mi madre, debidamente autografiada, su obra cumbre, la “Historia de Managua”, en la cual, además de plasmar sus investigaciones históricas en torno a nuestra capital, resaltaba la faceta humana de sus habitantes, sus costumbres, humor, tragedias y quehaceres.
Se sabe que “La Historia de Managua” fue reeditada en varias ocasiones, sin embargo en la actualidad constituye una odisea conseguir un ejemplar, pues los diferentes Consejos Comunales han olvidado esa tarea que debe ser fundamental para enriquecer la cultura de los capitalinos.
Otros retazos sobre la vida de don Gratus me llegaron por relación del doctor Eduardo Conrado Gómez, quien afirma que el señor Halftermayer era su pariente y que una de sus costumbres favoritas era visitar la casa de su padre, el abogado Eduardo Conrado Vado, situada en la Avenida Bolívar, frente a la fábrica de “Camas Luna” en la Vieja Managua.
No satisfecho con mis averiguaciones, el martes anterior dirigí mis pasos hacia una humilde casita del Barrio Campo Bruce, donde habita don Fidias Halftermayer Aragón, hijo de Juan Halftermayer, hermano de don Gratus.
“El primer Halftermayer llegó a Nicaragua en 1854. Era el caballero Juan Halftermayer, natural de Alsacia, Francia. Don Juan dominaba a perfección el español, el francés, el inglés y el alemán, fundó una academia de idiomas a la que acudían los hijos de las familias pudientes de Managua. Murió el 24 de mayo de 1891 a los 89 años, sus restos reposan en el Cementerio de San Pedro”, nos informa don Fidias.
“Don Juan tuvo un hijo llamado Rubens, quien se casó con doña Julia Gómez, del matrimonio nacieron alrededor de 16 hijos, entre ellos Gratus, Juan, María, Julia, Leonor y otros cuyos nombre no recuerdo. Yo, repito, soy hijo de Juan. Mi tío Gratus no tuvo hijos, al menos eso es lo que sabemos, aunque las malas lenguas aseguran que allá por San Isidro o en Matagalpa, dejó una hija preciosísima”.
“Además de escritor, mi tío también era pintor. Una vez pintó el cuadro de un Jesús que medía seis pies de alto, porque él sostenía que ésa era la estatura del Redentor. Se lo dejó a mi mamá y en cierta ocasión un hombre muy alto se paró en la puerta y le ofreció, cien, doscientos, trescientos dólares por el lienzo, pero ella no lo vendió, aunque después lo regaló a su hermana. Esa pintura se perdió durante el terremoto del 72”.
Asegura don Fidias que don Gratus comenzó a escribir como gacetillero en varios diarios de la Vieja Managua. Su obra más conocida es la “Historia de Managua”; sin embargo, también publicó otros libros, entre ellos “Del solar nativo”, “El Andamio”, “Cáncer social”, “El sabor de la tierruca”, “La vida ejemplar del Padre Dubón”, “Tradiciones nicaragüenses”, “Carroña”, “Managua a través de su historia”, “El canto del güis” y “José de la Cruz Mena”.
“En ‘El canto del güis’ —dice don Fidias— don Gratus hace una crítica a esos que rezan por rezar, y relata el caso de una señora que está rezando el rosario y, entre Padrenuestros y Avemarías, daba órdenes a sus empleadas e hijas”.
“Ella estaba en todo, pero además rezando. Esa obra fue llevada a las tablas por la famosa “Compañía Encanto”, de don Paco García, el mejor cuadro teatral de los años treinta”.
LA BIBLIOTECA CENTROAMERICANA
El 15 de septiembre de 1939, bajo la administración de Anastasio Somoza García, se fundó la Biblioteca Centroamericana con aportes bibliográficos de los embajadores, don Teodoro Díaz, por Guatemala; César Virgilio Miranda, por El Salvador; Julián López Pineda, por Honduras; Vicente Urcuyo, por Costa Rica; y Antonio Barquero, por Nicaragua.
El primer director de esa centro de cultura fue don Gratus, que donó todo su caudal de libros a la biblioteca que comenzó a funcionar en el Barrio Larreynaga, posteriormente estuvo en las cercanías de la Colonia San José, en la Calle 15 de Septiembre, y en la actualidad se encuentra en el Parque de La Madre.
“Mi tío —dice don Fidias— se parecía mucho a mi papá, de manera que cuando don Gratus murió hace muchos años, lo estaban velando en casa de mi mamá. Estaba el féretro en la casa, cuando de repente se presenta en el umbral mi papá, y usted hubiera visto el susto de los presentes al creer que el difunto tío había resucitado, porque mi papá también era chiquito, blanquito y de nariz aguileña”.
“Don Gratus era una persona muy callada, casi no hablaba, lo que hacía era escribir, para eso era tremendo. Dejó varios cajones llenos de libros y escritos, pero mi tía María los vendió toditos porque se estaban llenando de polilla. Yo heredé de mi tío la vena poética, pero mi poesía es mística, contemplativa”.
“Vivo para leer, me gustan los grandes clásicos como Shakespeare, Darío, Dante y Petrarca. En música también soy selectivo, pero sobre todo me gusta Carlos Gardel, me considero un gardeliano de corazón”.
“Con su permiso quisiera declamarle uno de mis poemas místicos que he titulado “Cristo”, dice así:
“Con el rostro macilento y en su costado una herida/ está Cristo en su tormento con la cabeza caída.
Todo está ya consumado, se cumplió la profecía / y en el madero clavado/ Cristo sufre en su agonía.
Para salvar del pecado a tanta alma en corrupción/ dejó que fuese entregado a una turba sin compasión.
Y como si fuese poco quienes dudaron de él y lo trataron de loco/ se convencieron después/ porque vino una señal que no admitió discusión/ y se supo la verdad del por qué de la Pasión”.
¿Dónde estudió usted don Fidias?
“En el Ramírez Goyena, que tenía la fama de formar hombres librepensadores, pero ya ve, mi musa es mística como lo demuestra este segundo poema que lleva por título:
“OH, QUÉ DICHA MI DIOS, YA TE ENCONTRÉ”
Escuche pues...
Te he buscado Señor, yo te he buscado, en el trino de un pájaro cantor, en el alma de un ser enamorado, en la gracia, la dicha, en el amor. Te he buscado también en lontananza, en el viento, en la brisa, en la llanura, avivándose mi amor, toda esperanza. Te he buscado también a cada instante porque tú eres la vida y la verdad, no pretendo blasones ni diamantes tan sólo tu beatífica bondad. Oh, qué dicha mi Dios, ya te encontré en la paz del horizonte de mi alma en el fondo, remanso de mi fe, en la tibia caricia de mi calma.
EL SOBRINO DE DON GRATUS
Don Fidias Halftermayer es abogado, durante muchos años trabajó en todos los juzgados de Managua y en el Ministerio del Trabajo.
Nació en 1924 y ahora vive de una pensión “generosa” de mil trescientos córdobas.
Se casó con doña Eva Rosales con la que ha procreado una familia honrada y dedicada al trabajo.
CRONISTA DE MANAGUA
Si alguien merece el título de Cronista e Historiador de Managua, ese mérito es exclusivo para don Gratus Halftermayer. De no ser por él, nuestra capital sería un conglomerado anónimo, sin pasado, sin historia y sin referencias humanas, algo que no conocerían las pasadas y las presentes generaciones. 
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