Los hijos del barro
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Los verdaderos artistas del barro han dado sus primeros pasos como estos pequeños: jugando. (LA PRENSA/R. Ortega) |
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Gabriel Sánchez Campbell gabriel.sanchez@laprensa.com.ni
Ver fotos El secreto transmitido de generación en generación ha perdurado más de 700 años. Ha marcado una influencia cultural por encima de su valor económico y ha mantenido la unión y armonía de sustancias naturalmente disímiles que pasaron de la funcionalidad al arte, y de la belleza al patrimonio a través de un solo elemento: el barro.
Antes de La Colonia, los indígenas fabricaban artefactos primarios y piezas de lujos a partir de este elemento: Ollas, platos, cucharas, jarrones, esculturas y hasta joyas. Hoy estas piezas son confeccionadas a través del mismo proceso que inicia con la extracción del barro de los yacimientos de arcilla.
Para la elaboración de la formula de la cerámica, el artesano tiene que dejar remojando en agua el barro negro y el blanco por lo menos 12 horas. Luego se extrae del recipiente donde se suavizó la pasta que es mezclada con más agua y arena, para llegar al momento en que todo estará listo para empezar a dar vida a la masa amorfa, la cual será quemada en un horno para ser terminada.
El proceso es laborioso. Requiere el esfuerzo de los hombres y mujeres que se han dedicado toda la vida a trabajar la mezcla; la masa que en su niñez fue sólo un juguete para entretenerse haciendo figuritas, hasta convertirse en la materia que ha creado esculturas gracias al conocimiento que sin darse cuenta los convirtió en los hijos del barro. 
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