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DOMINGO 12 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22969 / ACTUALIZADA 06:38 am
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Dos pueblos de Managua con nombres ficticios

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.Como sacados de la fantasía, pero con historias reales similares, a lo largo y ancho de Nicaragua, algunos pobladores, en vez de buscar en el Almanaque de Bristol algún nombre para bautizar su comunidad, prefieren ponerle el de alguna telenovela de moda. Pero en este caso, fueron los pobladores de otra comunidad los que le impusieron a los habitantes de Los Reyes, hace más de 30 años, el nombre de un pueblo imaginario, creado por el escritor radial Fabio Gadea Mantilla, conocido por muchos como El Galope. Coincidentemente, otra comunidad cercana, también lleva el nombre de otro pueblo, igualmente ficticio, de El Ojochal, cuna de Aniceto Prieto, creación de Otto de la Rocha

 

Orlando Valenzuela
orlando.valenzuela@laprensa.com.ni

El Galope es un pueblito de tierra adentro, oculto tras las montañas llenas de pinos y roblares, donde sus únicas cuatro calles todavía no conocen el adoquín ni el pavimento y sus casas, construidas de adobe, taquezal y paja, en su mayoría tienen techo de tejas de barro rojo. En el centro del poblado hay una sobria y blanca iglesia católica, frente a un pequeño y bonito parque adornado de plantas de vivos colores y bancas de cemento, donde los jóvenes y adultos suelen sentarse por las noches a contar historias de espantos y aparecidos, en las que muchas veces los protagonistas son ellos mismos.

A un costado del templo religioso, se encuentra la Alcaldía local y al otro extremo, un viejo cuartel de la extinta Guardia Nacional. En la esquina derecha, con amplio y fresco corredor de tejas, una surtida tienda de abarrotes, donde se encuentra de todo para la vida en el campo, desde un foco de baterías, un mosquitero, una piedra de molejón, una cutacha, un buen par de botas de hule, hasta un frasco de brillantina “Parami”.

Aunque el alcalde y el comandante militar son las máximas autoridades locales, en realidad nada se puede hacer sin contar con la opinión del cura de la iglesia, que es la persona que tiene más credibilidad e influencia sobre la población.

A pesar de ser un pueblo de más de doscientos años, los pobladores de El Galope sólo viven de las promesas de progreso que los políticos llegan a hacer cada vez que se acercan las elecciones, porque la carretera, el agua potable y la luz eléctrica, sólo la conocen cuando salen a pie o a caballo a la cabecera departamental.

DE LA IMAGINACIÓN A LA REALIDAD

Esta misma situación la viven los pobladores de El Ojoche, comarca cercana, donde desde hace décadas siguen esperando que les instalen una estación del ferrocarril, una sala de cine, una vulcanizadora, una bomba de gasolina y un semáforo, aunque si no se puede todo esto, por lo menos que les manden un tractor para abrir la trocha y que les pongan la luz eléctrica.

Aunque parezca mentiras, El Galope y El Ojochal, pueblos imaginarios inventados por las prodigiosas plumas de Fabio Gadea Mantilla, creador de los cuentos de Pancho Madrigal y Otto de la Rocha, creador de Lencho Catarrán, ¡Existen! Y están tan cerca de la capital, que todo mundo pensaría que nada de lo que dicen los cuentos se parece a la realidad, pero siempre sucede que la realidad es más dura que la fantasía.

A El Ojoche, la gente le conoco como El Ojochal, por la influencia de los cuentos de Lencho Catarrán.

Según el creador de Pancho Madrigal, Fabio Gadea Mantilla, El Galope es un pueblo típico de Nicaragua, con su plaza, su iglesia, su cuartel, sus casas de taquezal y tejas de barro, sus calles desnudas y su gente sencilla, que bien podría ser Totogalpa, Ocotal, Jalapa, Acoyapa, Santo Tomás, Diriomo, Belén u otro lugar.

“El pueblo de El Galope no existe, es una invención mía que nació con los cuentos de Pancho Madrigal, igual que sus personajes, Aniceto, la Tula, Pancracio, doña Genara y otros”, explica don Fabio.

Para que nadie se sintiera aludido, don Fabio cuenta que escogió el nombre de El Galope porque éste representa la acción de galopar, de montar a caballo o mula, cosa que por lo general se hacía y aún lo hacen, como único medio de transporte, muchos campesinos en pueblos del norte y centro del país, principalmente. El nombre de El Galope saltó a la fama, en la época de oro de la radiodifusión, cuando salieron al aire por primera vez, en 1959, los Cuentos de Pancho Madrigal, escritos por Gadea Mantilla y desde entonces, por más de cuatro décadas se ha mantenido en el dial. Su característica principal son los cuentos y vivencias de la vida rural, matizadas con historias de aparecidos y espantos ocurridas en ese mítico pueblo.

EL GALOPE DE VERDAD

A solo 15 kilómetros y medio de Managua, sobre la carretera vieja a Tipitapa, se encuentra la entrada a Cofradía. Caminando 5 kilómetros al oriente de la carretera pavimentada, se llega a un empalme que no tiene ninguna señal, pero que todo el que vive cerca sabe que ésa es la entrada al caserío de El Galope.

Una estrecha y polvorienta trocha de más de un kilómetro, nos conduce a la primera casa de esta comunidad. En la entrada de la propiedad, protegida por un cerco de alambres de púas, doña Carmen Fernández, de 65 años, junto a uno de sus nietos da de comer guate a cuatro de los cinco terneros de la familia, mientras, en el centro, don Julio Fernández da vueltas al malacate para sacar agua del pozo, ya que a esta casa, como en El Galope del cuento, no hay agua potable.

Por casi treinta años, la población de este Galope se alumbró con candiles de kerosene y hasta casi llega al siglo XXI sin conocer la luz eléctrica, ya que fue hasta hace seis años que con esfuerzo propio y la ayuda de un diputado, pudieron meter los cables de la energía hasta el caserío.

En El Galope viven unas 700 personas, en su mayoría miembros de las familias Reyes, Fernández, Araque, Orozco, Polanco y otros; pero no todos están contentos con el nombre que por muchos años le pusieron a su comunidad los vecinos de Cofradía. Como una norma, cada familia crea su propio caserío en el terreno de su propiedad, por eso uno se encuentra con agrupaciones de casas donde los patios son colectivos porque todos son parientes entre sí.

ABANDONO

Doña María Lucrecia Reyes, de 45 años, nacida y criada en este lugar, explica el origen del nombre. Cuenta que en el año 1959 llegaron a asentarse a estos terrenos las primeras familias de apellido Reyes y Fernández. “Para entonces, esto era montañas y el poblado de Cofradía quedaba a más de un kilómetro”, cuenta doña María Lucrecia.

Mientras que a la población vecina llegaba la luz eléctrica, agua potable, escuelas, caminos y otras obras de progreso, esta comunidad, que en aquellos años sólo era conocida como “Los Reyes”, por ser una de las familias mayoritarias, apenas veía levantar de lejos, el polvo que dejaba atrás la caravana del desarrollo.

“Aquí se llamaba Los Reyes, pero la gente de Cofradía, que ya conocían los cuentos de Pancho Madrigal, por molestarnos, cuando llegábamos al pueblo y les decíamos que vivíamos en Los Reyes decían ¡ha!...ustedes viven en El Galope!, indicando que estábamos lejos de la civilización. Y así, con el tiempo se fue quedando ese nombre, hasta que ya toda la gente conoce más este lugar como El Galope y no como Los Reyes, que es su verdadero nombre”, indicó doña María. Pero este nombre que molestaba a muchos pobladores, finalmente, tras el triunfo de la revolución sandinista, finalmente fue cambiado por el de Sector Nueve, para indicar que ya forma parte de los barrios de Cofradía.

Aunque en este Galope no existe ningún cura católico, porque ni siquiera hay iglesia de esta religión, sino una evangélica, las similitudes con el pueblo del cuento son varias, como por ejemplo, no tiene transporte propio y los habitantes tienen que tomar los buses que pasan por el empalme, a más de un kilómetro de distancia. Tampoco tiene alumbrado público y al igual que la población de Cofradía, desde que nacen hasta que se mueren, tienen que ir hasta Nindirí a hacer todas sus gestiones legales, porque allá esta la oficina de la Alcaldía y las instituciones del Estado.

Tampoco hay comando de guardias ni de la Policía, ni grandes tiendas, pues una parte de población vive de la siembra de maíz, pipianes, frijoles y ayote, mientras que otra parte vive de su trabajo en la zona franca.

Irónicamente, en El Galope nadie conoce a Aniceto Prieto (Otto de la Rocha) ni al creador de Pancho Madrigal (Fabio Gadea), pero sí conocen de sus historias de miedo y bandidencias. Sin embargo, hay personas como doña Carmen Fernández que asegura que a ella no le dan miedo esos cuentos. “Aquí no hay ceguas, ni espantos que les tenga miedo, a lo que sí le tengo miedo es a los ladrones”, aseguró doña Carmen.

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