Zona de strikes
“El Finito” es distinto
Edgard Rodríguez C. edgard.rodriguez@laprensa.com.ni
Es difícil no sentir admiración hacia Ricardo “Finito” López.
No sólo porque fue capaz de forjar una brillante carrera que le ha asegurado su perdurabilidad en el tiempo y en el afecto popular, sino porque a la vez, rompió el estereotipo que muestra a los boxeadores como habilidosos manejando los puños, pero con dificultades para manejar sus ideas.
Ricardo rompió el molde. Es sencillo en sus actitudes e intenso en la palabra. Ha probado que no hay divorcio entre pugilismo e inteligencia. Al contrario, demostró que justamente en este rubro deben estar más unidos que nunca ambos factores para hacer posible la victoria.
Para este azteca de 35 años, lo mismo significó deshacerse de un boxeador incómodo como Will Grigsby, o resolver una inquietud respecto al pensamiento de Franz Kafka o a la filosofía de Paulo Coehlo. Era un espectáculo sobre el entarimado. También lo es cuando habla.
Pero quizá lo que más ha agrandado la carrera del “Finito” ha sido su impecable comportamiento dentro y fuera del ring. A la inversa de la gran mayoría de pugilistas, se ha sabido conducir como un atleta ejemplar, claro del compromiso con su patria, su gente y él mismo.
Ricardo se retiró del boxeo el pasado 28 de noviembre en una emotiva conferencia de prensa en Ciudad México, donde se le brindó un caluroso homenaje después de forjar un record de 51-0-1 y 38 nocauts y capturar dos coronas mundiales.
Realizó 20 defensas al título mínimo del CMB y su reinado, iniciado el 25 de octubre de 1990, tras noquear en cinco asaltos en Tokio al japonés Hideyuki Ohashi, es de los más extensos de la historia, y sólo estuvo en real peligro ante Rosendo Álvarez el 7 de marzo de 1998.
López ha sido calificado, unánimemente, como el mejor pugilista que ha producido el boxeo en las categorías pequeñas, además que fue un constante miembro del ranking de los mejores diez boxeadores libra por libra del mundo.
El “Finito” está entre nosotros y ha sido gratificante descubrir que se puede ser distinto pese a los referentes. López probó que los buenos chicos, no necesariamente son últimos. 
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