Aventura adolescente terminó en odisea
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 | Tres adolescentes nicaragüenses decidieron viajar ilegales hasta Costa Rica, en busca del hermano de uno de ellos, padecieron hambre, durmieron a la intemperie y ahora suplican por ser deportados |
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En la gráfica aparecen Carla y Berlinda junto a una funcionaria del PANI, conversando sobre su futuro inmediato. (LA PRENSA/E.Bravo) |
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Elí Josué Bravo CORRESPONSAL /COSTA RICA nacionales@laprensa.com.ni
Tres menores nicaragüenses que permanecen en un albergue del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), lloran de arrepentimiento. Una decisión imprudente los llevó a deambular solos por varios días, con hambre y expuestos muchas veces a la intemperie por algunos sitios de Costa Rica, lo que ha constituido “la peor experiencia de sus vidas”.
Carla Mayorga, de 15 años, y Berlinda Mairena, de 14, ambas originarias de Ciudad Sandino, Managua, decidieron acompañar a su amigo Máximo Acevedo, de 15 años, quien iniciaba una larga y peligrosa travesía desde su natal Posoltega hacia Costa Rica en la infructuosa búsqueda de su hermano Leopoldo.
Luego de este aventurado itinerario en el que han soportado días sin comer, noches durmiendo en la calle, encontraron autoridades bondadosas que les han brindado ayuda. Ahora se lamentan agriamente de estar lejos de sus casas, añoran a su familia y ruegan a las autoridades ticas que los devuelvan a Nicaragua en el menor tiempo posible.
Los jóvenes recuerdan que la noche del 13 de diciembre partieron sin el consentimiento de sus padres en un furgón con rumbo a Peñas Blancas. Le comentaron a Eric Campos, conductor del vehículo, que no tenían dinero en sus bolsillos y necesitaban buscar urgentemente a unos familiares residentes en San José.
Al ver la angustia, Campos les dio “raid”. Los trasladó la misma noche hasta Peñas Blancas. Al siguiente día, el chofer se las ingenió para burlar los controles migratorios trasladando a los pequeños cerca del poblado La Cruz.
“El señor nos dijo que ya no nos podía llevar en su camión, porque los puestos de la policía eran más difíciles de pasar. Ya estábamos en Costa Rica y teníamos que seguir en busca de mi hermano”, justifica Máximo Acevedo.
ESQUIVANDO A LA POLICÍA
Carla Mayorga dijo que iniciaron un largo recorrido sobre carretera en busca de su objetivo y cuando se acercaban a un puesto policial, entraban en zonas montañosas para evitar ser vistos. “Estábamos cansados —agrega—, no comíamos nada, sólo bebíamos agua cuando encontrábamos un río”.
Sorpresivamente, tras dos días y medio de camino y cientos de kilómetros de trayecto, reencontraron a Eric Campos a bordo de un auto azul. El mismo los llevó a su casa en Alajuela, les brindó alimento y una noche de dormida.
“A la mañana del otro día, nos dijo que nos fuéramos de su casa, que no podía tenernos por mucho tiempo. Nos venimos caminando desde Alajuela. Por casualidad llegamos al parque La Merced donde dormimos una noche, ahí un viejito nos tuvo pesar y nos pagó una noche en un hotel”, expresó Berlinda Mairena.
Las múltiples súplicas al propietario del lugar, les garantizaron permanecer cinco días más en el destartalado hospedaje. De acuerdo a sus expresiones, una vecina les mitigaba el hambre con un plato de comida que compartían entre los tres.
Al sexto día de estar sin pagar un centavo en el inmueble el dueño los corrió. No tuvieron otra alternativa que regresar a Nicaragua caminando.
BUENOS SAMARITANOS
“Parece que teníamos mucha suerte, cuando ya íbamos por un aeropuerto, otro señor como de cincuenta años nos dio dormida una noche en Alajuela, pero también tuvimos que salir”, explica Berlinda.
Ya era 26 de diciembre. Esta vez los infortunados adolescentes seguían su peregrinaje en las cálidas calles de Alajuela. Deambularon ahí hasta el 31. No ingirieron alimentos en ese lapso. La buena suerte ya no estaba de su lado, pues no encontraron a otro ser benévolo que los protegiera.
El primer día del año solicitaron ayuda a un agente de la policía, quien se encargó de llevarlos al puesto policial de Alajuela. Ahí permanecieron un día más, luego fueron puestos a la orden del PANI de San José.
Desde entonces permanecen en un albergue. Máximo logró contactar a un primo pero no a su hermano.
“HICIMOS ALGO MALO”
Los tres adolescentes están desesperados por regresar a su terruño. Funcionarios del PANI dicen que debido a su condición de indocumentados, tienen que coordinar su retorno con las autoridades de Migración y Extranjería.
Según nos informaron, este proceso durará aproximadamente dos semanas y si sus familiares no aparecen, ellos mismos los llevarán hasta Ciudad Sandino.
Carla, Berlinda y Máximo están desesperados. Aunque no se quejan de la buena atención que reciben en el albergue se sienten inseguros, solos y piensan que sus familiares en Nicaragua estarán sumamente preocupados.
“Lo que hicimos fue algo malo. Sinceramente es el momento más difícil de mi vida. A veces me pongo a llorar y a la vez pienso en el castigo que nos darán nuestros padres. Pero juro que por nada del mundo lo vuelvo hacer”, dice Carla. 
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