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JUEVES 9 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22966 / ACTUALIZADA 02:00 am
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Especial
Tragedias infantiles que marcan para siempre

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.La falta de tutela o de medidas para prevenir el peligro que acecha a los niños, que por su ingenuidad no prevén los riesgos, ha dejado como resultado fatales accidentes que de alguna manera se pudieron evitar y que marcan para siempre la vida de su padres o tutores

Arnulfo Aguirre Ortiz, carga el cuerpo inerte de su hijo José Alejandro, momentos después de fallecido en el hospital La Mascota. (LA PRENSA/ Archivo)

 

Elízabeth Romero
elizabeth.romero@laprensa.com.ni

Un poco más de un mes ha transcurrido, desde que Mariana de Jesús Hernández Sánchez y Arnulfo Aguirre Ortiz, ambos de 38 años, perdieron a su hijo de siete años, sin que encuentren consuelo que calme su dolor.

Ambos lloran con los recuerdos de esa trágica mañana del pasado 25 de noviembre del 2002, cuando José Alejandro Aguirre Hernández pereció en un lamentable accidente.

“Que alegría va haber”, fue la primera reacción de Mariana al recordar que las recién pasadas fiestas de Navidad y Fin de Año, transcurrieron sin la compañía de su pequeño vástago. “Me encuentro descontrolada”, añadió.

Los recuerdos de ese fatídico día aparecen claramente en la mente de Arnulfo, cuando salió de su casa ubicada en el barrio San Juan, municipio La Concepción, Masaya, junto a su pequeño hijo José Alejandro, para sacar un poco de arena por encargo de su primo José Francisco Hernández Ortiz, quien le pagaría por el trabajo realizado.

Fue en cuestión de minutos que del pequeño promontorio de arena sobrevino un derrumbe que cayó sobre su hijo. A como pudo, el hombre sacó al pequeño José Alejandro del lugar y aún con vida lo llevó al hospital materno infantil La Mascota, donde a los pocos minutos le dieron la trágica noticia de que su hijo había muerto.

El hombre luchó por devolverle la vida a su hijo, corrió por esos polvosos caminos en la comunidad de San Ignacio de La Concepción, hasta donde había llegado con las intenciones de trabajar para ganar un poco de dinero y, con su hijo en brazos que se quejaba constantemente, salió en busca de un vehículo que los trasladara a un hospital capitalino.

En ese momento, Mariana, inocente de lo que ocurría, vendía frutas en el Mercado Oriental.

“Guardá esa venta”, fue lo que el primo Francisco le dijo a Mariana, quien nerviosa preguntó: “¿Qué pasa?”... ¿Le pasó algo a Arnulfo?” Pero por respuesta ésta sólo escuchó: “Es uno de tus hijos”.

En su mente la mujer empezó a hilvanar todo tipo de pensamientos, pero nunca imaginó que se trataba de una fatalidad. En el trayecto del Mercado Oriental al Hospital La Mascota, Mariana guardaba la esperanza que su bebito estuviera vivo.

Pero al llegar al hospital su esposo le comunicó la trágica noticia: “Mariana el niño falleció”. Mariana llora con los recuerdos, pues en ese momento no entendía lo sucedido, pues al salir de su casa rumbo el Mercado Oriental dejó acostado todavía a su hijo.

“Nunca pensaba que mi criatura, que a mi único hijo varón le iba pasar eso, el último que tuve y el último que se me fue... no sé... ¿por qué fue? ¿qué me pasó? Si yo dejé a mi niño vivo todavía en mi cama”, señala Mariana.

A CUATRO DÍAS DE SU PROMOCIÓN

A pesar que José Alejandro había cumplido siete años, Mariana comenta que le quedaron muchos recuerdos de éste, a quien le faltaban cuatro días para asistir a su promoción de preescolar. “Ya todo le tenía listo a mi niño”, recuerda Mariana, quien dice que a esa edad ya sostenía una plática coherente con el pequeño. Mientras ésta habla de su bebé, los ojos se le llenan de lágrimas y las palabras se le entrecortan por el llanto.

FATÍDICA NOTICIA

Cabizbajo. Arnulfo trae a su memoria lo sucedido esa fatídica mañana.

“Hubo un derrumbe de tierra, pero no fue cantidad... el niño cayó boca abajo”, relata el hombre con su mente empañada por el sufrimiento y dolor de haber visto fallecer a su hijo.

Hasta ese momento habían amarrado tres sacos con arena, pero de pronto José Francisco, primo de Arnulfo y a quien le realizaba el trabajo, le gritó a éste: “¡el niño!”.

Del paredón de escasa altura de donde sacaban arena los dos hombres, hubo un pequeño deslizamiento, que en cuestión de minutos envolvió el pequeño cuerpecito. Arnulfo recuerda que estaba de espaldas y sólo escuchó un “ay” de pronto y nervioso no atinó a hacer ningún movimiento.

José Francisco levantó rápido al pequeño José Alejandro. “El niño no queda aterrado”, insistió en aclarar Arnulfo, quien al reeditar ese momento llora por la impotencia de no haber salvado al último de los seis vástagos procreados junto a Mariana.

“¡Soplalo!... ¡levantalo para arriba!”, trae a su memoria las palabras que clamó a su primo.

“El niño quedó desmayado en ese momento, lo que hice yo fue chuparle la nariz y el niño volvió”, relata con palabras entrecortadas por el llanto, tras agregar que de inmediato desesperados “cogimos la carretera, allí dejamos los sacos” (con la arena recogida).

Los dos hombres contrataron un vehículo que los condujera hasta el hospital más cercano, La Mascota “lo más que dilató el taxi fue unos 20 minutos para llegar”. Hasta ese momento, sostiene, su hijo iba con vida.

“Nosotros lo llevamos vivo al niño, lo revivimos, el niño iba vivo, se iba quejando, solo ¡ay, ay!, decía”, refiere Arnulfo.

Como a los tres minutos, salió un médico que les consultó cómo había sido el suceso. El hombre sintió que con las interrogantes de los médicos tenía esperanzas que su hijo sobreviviría.

Pero minutos después, una doctora le dio la fatal información: “No les vamos a estar engañando, les vamos a decir la verdad, el niño ha fallecido”. “No dilató tanto, como cinco a seis minutos, que nos dijeron la verdad”, dijo el adolorido padre.

RESENTIDOS

Pero además de su dolor, a Arnulfo le resiente la forma en que fueron tratados por las autoridades de la Policía, quienes les dijeron que les trasladarían a su casa, pero a donde les condujeron fue hasta el Instituto de Medicina Legal.

“Ellos nos dijeron a nosotros ‘les vamos ayudar, les vamos a llevar...’ ellos nos prometieron, ‘no se aflijan nosotros los vamos a ir a dejar’”, explica Arnulfo, tras agregar, que de pronto se vieron frente al portón de esas instalaciones donde una mujer policía les dijo únicamente, “aquí es todo el día”.

La pareja hubiera preferido que los policías hubieran sido sinceros, pues nunca se les ocurrió negarse a los trámites legales.

Igualmente a Arnulfo y a Mariana, les resiente el hecho que los médicos del hospital La Mascota hayan asegurado que el niño llegó muerto, cuando su hijo aún se quejaba cuando lo llevó a la sala de emergencia del centro asistencial.

“Había gente que estaba esperando (en emergencia), que vieron que el niño se iba quejando y yo lo iba chineando”, relata Arnulfo.

CAUSAS DE MUERTE

El certificado de defunción que recibió la pareja indica que la causa directa de la muerte de José Alejandro fue por “laceración de la arteria aorta, causa básica trauma cerrado toraco-abdominal”.

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