El nicaragüense ¿es violento?
Marco A. Valle Martínez mavm@cablenet.com.ni
El año pasado, muchos amigos y amigas me formularon una pregunta parecida a la siguiente: ¿Cómo es posible que Nicaragua sea uno de los países más seguros de Centroamérica, si es el más pobre, tiene mayor desempleo y, tiene un bajo índice de desarrollo humano? Cada vez que me la manifestaban era un reto para seguir pensando e investigando con miras a afinar lo mejor posible la próxima respuesta; y hace unos días, ya en el 2003, me la volvieron a plantear, entonces me dije, ahora sí voy a escribir sobre el tema y, aquí estoy.
La pregunta es lógica puesto que la noticia es que tenemos niveles aceptables de seguridad ciudadana, es como una isla en un océano de negatividad, plagado de mensajes sobre pobreza, desempleo, corrupción, violencia en la Asamblea Nacional, escasa producción, baja en las exportaciones y más. Dicho en otras palabras, las personas con razón se preguntan cómo es posible que en un país lleno de trabas, se produzcan menos delitos y hechos de violencia común que en otros países que tienen mayor fortaleza económica.
Más aún, en esta tierra de lagos, poetas y volcanes, son minoría los problemas de mayor peligrosidad tales como homicidios, secuestros, asaltos a bancos, y pandillas, comparado con Guatemala, El Salvador y Honduras, donde la cosa es dura. O sea que, en esos países los niveles de violencia, medidos a través de los hechos delictivos y su peligrosidad, son mucho mayores que en Nicaragua; y en tanto con Costa Rica andamos más o menos parejos, o lo que es lo mismo, andamos puntos más, puntos menos, dependiendo de los indicadores que se utilicen.
Bueno, pero regreso al comienzo, ¿cómo se explica este panorama? Desde ya adelanto que durante el 2003, en diferentes momentos, iré contribuyendo a su contestación, puesto que esto no es asunto de un solo artículo. En esta ocasión quiero dejar planteado lo siguiente. La afirmación que por siglos se ha venido repitiendo hasta convertirse en un axioma fosilizado en el sentido que los nicaragüenses son violentos, es una verdad a medias o una mentira a medias.
La parte de verdad es que la esfera política partidaria casi siempre ha estado plagada de violencia, es decir, violencia política, o sea que los políticos —con sus honrosas excepciones— han vivido casi permanentemente generando violencia en este país, desde 1821 hasta hoy. De tal forma que si alguien se concentra en la historia política sí encontrará violencia por todos lados y, tan es así que siempre se recurre al “período de los treinta años conservadores” para referirse al oasis de paz.
Mas, si se excluye esa parte y se aprecia la vida cotidiana del nicaragüense, se encuentra que la violencia aparece intermitentemente y con bajos niveles de peligrosidad, comparada con otros países. Seguramente se encuentra la violencia entendida como amenaza (“te voy a...”), pero se percibe menos el hecho consumado. Es decir, históricamente la vida diaria del nicaragüense tiene su grado de violencia, pero no a la altura de la imagen que se tiene adentro y fuera del país.
En resumen, la imagen de país violento se la ha dado a Nicaragua la política partidaria, pero de allí no hay que generalizar que el y la nicaragüense sean violentos.
El autor es consultor en seguridad ciudadana. 
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