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MIéRCOLES 8 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22965 / ACTUALIZADA 02:30 am
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¿Buseros con licencia para matar?

Aunque bien sabemos que en Nicaragua impera todavía una subcultura transgresora y de impunidad, no dejan de sorprendernos las justificaciones que se dan a algunos graves hechos criminales, como el del busero que embistió con su autobús, el sábado pasado, a un camión cisterna de bomberos que iba a cumplir una misión de interés comunitario y causó la muerte de dos miembros de la benemérita institución.

El chofer del autobús homicida y uno de los principales jefes de los buseros, el señor Rafael Quinto, prácticamente culparon al conductor del vehículo de bomberos por la muerte de las dos personas (LA PRENSA, martes 8 de enero de 2003). En efecto, mientras el chofer declaró que el carro de bomberos “no traía puesta la sirena” y que, además, “el camión fue el que se le aventó” porque él tenía la luz verde del semáforo, Quinto explicó su particular interpretación del significado de las sirenas, que según él equivalen a la luz amarilla de los semáforos, o sea que sólo indican prevención y no dan derecho de vía libre. Y además, aseveró que hay un problema de educación de los buseros, que como el de la lucha contra la corrupción, no puede dar resultados inmediatos sino a largo plazo, o nunca.

Pero en Nicaragua, como en todas partes del mundo, el sonido de las sirenas de los vehículos de bomberos, ambulancias y Policía obliga a dar la vía libre a quienes deben ir a alta velocidad para auxiliar a personas que se encuentran en graves aprietos de salud, para combatir un incendio o rescatar a un accidentado, o porque conducen a personajes que requieren especial protección. De manera que el sonido de las sirenas de los vehículos de bomberos —así como de las ambulancias y patrullas policiales— debe ser respetado estrictamente, y quien provoca un accidente por negarse a respetarlo comete un grave delito que merece ser castigado con la máxima sanción penal, sobre todo si hay de por medio algunas personas gravemente heridas o muertas.

Ahora bien, el irrespeto de los buseros a las sirenas de los bomberos —y de hecho a todas las normas del tránsito vehicular— no deriva sólo de su falta de educación, que por cierto en vez de mejorar empeora a pesar de que últimamente unos 1,300 buseros han pasado por cursos educativos impartidos por la Policía, según informó ayer en el programa Buenos Días, del Canal 12 de TV, el segundo jefe de la Seguridad del Tránsito, subcomisionado Álvaro González.

La verdad es que la irresponsabilidad de los buseros se debe ante todo a la falta de rigor de las autoridades correspondientes, y en particular las policiales, que no los obligan a respetar la ley ni les hacen pagar lo que es debido por sus frecuentes atropellos, transgresiones e infracciones. Y mientras la Policía no los castigue severamente, los buseros irresponsables —y todos los conductores que violan la ley— seguirán cometiendo sus habituales atropellos y sus líderes continuarán justificándolos con cualquier clase de argumentos cínicos e irresponsables.

Al respecto vale la pena señalar como ejemplo a Finlandia, país que ostenta uno de los índices más altos de seguridad vial en el mundo, pero no por la educación de los conductores sino por la severidad de las leyes, porque nadie que las viole queda impune y porque las multas son fuertes y varían según los ingresos de la persona infractora.

El año pasado recorrió el mundo la noticia de que Anssi Vanjoki, vicepresidente ejecutivo de la gigantesca empresa fabricante de teléfonos Nokia, fue multado con una suma equivalente a cien mil trescientos dólares por violar el límite de velocidad con su motocicleta, en una calle de Helsinki.

¡Al vicepresidente de Nokia! Pero aquí las autoridades policiales no meten en cintura ni siquiera a un irresponsable conductor de bus urbano. Y mientras no comiencen a hacerlo seguirán ocurriendo tragedias como la del sábado pasado, pues según la información que brindó el citado jefe policial, en los primeros 6 días del 2003 hubo 16 accidentes provocados por buseros, que causaron 3 muertos, numerosos heridos y cuantiosas pérdidas materiales; como también seguiremos oyendo cínicas justificaciones de quienes consideran que por ser buseros tienen licencia para matar.  
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