Opinión económica
¿Alemania la última de la lista?
Rómulo Sánchez Leytón williamleyton@web.de
Para la economía germana no fue un año extraordinario. Las perspectivas tampoco son prometedoras. El pírrico 0.2 por ciento de crecimiento del PIB ronda el estancamiento. Los institutos de investigación y los bancos, hacían al inicio del año, cálculos más optimistas. Entre los factores que obstaculizan una reanimación de la economía alemana se señalan: Que los cuidadanos ahorraron en lugar de consumir. Los gastos en consumo se redujeron en un -0.6 por ciento respecto al año anterior. Esto se atribuye al “miedo” que los alemanes tienen por el futuro, ya sea por desempleo, la inseguridad de las pensiones de vejez o por los riesgos de guerra. En lugar de expandirse el consumo privado, la gente “guardó” el dinero para tenerlo a mano. Los escándalos empresariales y la crisis bursátil, fueron suficientes motivos. El consumo privado significa un tercio del PIB en Alemania, (en Estados Unidos la décima parte). Si el consumo privado no se reanima, no se promueve el crecimiento ni el desarrollo.
Por otra parte las inversiones en infraestructura cayeron en el 2002. Y es lógico que las empresas no destinen recursos a las inversiones en maquinaria o nuevas instalaciones, si hay capacidades instaladas subutilizadas y una demanda deprimida. Sobre todo, el impulso fue nulo en el sector de la construcción. La quiebra de empresas alcanzó un nuevo record, 41,500 empresas se presentaron como insolventes . Un tercio más que el año pasado.
El euro ha sorprendido a todos los escépticos, con una mininflación doméstica de 1.3 por ciento, ha logrado fortalecer la estabilidad interna de precios. La introducción del euro desató un debate sobre inflación de los precios; al final los precios se estabilizaron pero el consumo desapareció. A pesar de eso, los consumidores se quejan de la espiral de los precios y la nostalgia de éstos, en los desaparecidos marcos, persiste. También el valor externo de la moneda única europea se ha visto fortalecida. En el 2002, el euro ganó cerca de 15 por ciento en valor respecto al dólar estadounidense. Por primera vez desde enero del 2000 superó la marca de US 1.03 dólar .
A pesar del fortalecimiento del euro, las exportaciones se convirtieron en la fuerza motriz que mantuvo en movimiento la economía. Los bienes y servicios exportados representan un tercio del PIB. A pesar de las críticas sobre el lastre fiscal y los costos de mano de obra, fueron las exportaciones, sobre todo la industria automovilística, en donde se refugió el leve crecimiento de la economía. Hay que tener presente al mismo tiempo, que un euro caro puede ser contraproducente para las exportaciones, pues las encarece. Mientras tanto las importaciones en el 2002 disminuyeron en 1.8 por ciento.
La Corte Suprema Alemana revocó la ley migratoria alemana que debía entrar en vigencia el 1 de enero. Ella permitiría la entrada de personal calificado para la industria. Las fuerzas conservadoras desde la oposición celebraban la decisión. Para Schröder un duro revés. Se pretendía con la misma proporcionar fuerza calificada para la economía alemana, especialmente para la industria y con ello elevar la productividad. Se teme que esto rezague a Alemania en la batalla por atraer talentos extranjeros a la industria de alta tecnología, especialmente en programación de computadoras.
Mientras tanto, los aliados verdes se oponen a incrementar las restricciones para la inmigración y los requisitos para conseguir asilo. El gobierno alemán está bajo la presión de un elevado paro, se superan los 4 millones (más de 10 por ciento de la PEA), y las alzas tributarias que buscan aliviar el déficit presupuestario. La ola de huelgas en el sector público se ha convertido en un riesgo creciente para la coalición que gobierna; amenazando con empeorar el problema del desempleo. El gobierno promueve trabajos baratos para contrarrestarlo. A pesar de eso existen “elevados salarios”, como el del empresario Theo Albrecht de la cadena Aldi, que con 14.6 mil millones de euros, es el alemán con la mayor fortuna. Para poder alcanzar esa suma, alguién necesita un salario bruto, arriba de 400 mil euros por hora, trabajando 8 diarias durante 40 años.
La economía germana está altamente subvencionada. En una situación donde la línea es ahorrar; se convierte en un duro cuello de botella para el ministro de Finanzas. Quien está bajo la mira de la opinión pública por tener una mano demasiada “bondadosa”. Para algunos economistas las subvenciones resultan dañinas para la competencia, falsifican el sistema de precios y retrasan los cambios estructurales. La ayuda financiera y las ventajas tributarias alcanzaron un 7.5 por ciento del PIB, para un valor total de 155.6 mil millones de euros.
Aquí juega un rol las subvenciones que recibe la parte oriental de Alemania, sin las cuales no tendría chances para superar el atraso económico y la diferencias de productividad. En la práctica sectores como las minas de carbón, cuestan en subvenciones 3 mil millones de euros al año. Solamente así pueden sobrevivir. Tomando en cuenta el número de ocupados en la rama, cada minero recibe en promedio, un subsidio anual de 70,000 euros. De hecho resultaría más barato importar el carbón. Sólo la libertad de no pagar impuestos por los trabajos nocturnos y de domingos, dejan una pérdidas al Fisco de cerca de 2 mil millones euros.
Los pronósticos no son esperanzadores para el año 2003. Desde hace varias semanas corrigen los bancos e institutos económicos sus cifras. Hasta hoy no se sabe con certeza, de dónde tomará impulso la economía germana. Alemania dedica 1.5 por ciento del PIB (2001) a los gastos militares. Si la guerra con Irak se desata, traería riesgos económicos y políticos explosivos, pues los precios del petróleo se dispararían. Hay quienes creen que una recesión en Alemania es improbable. De la misma manera el debate sobre una posible amenaza de deflación se ha silenciado. El tema de la estánflación que sorprendió a los economistas en los 70, (estancamiento con inflación) es casi remoto y no se lo imagina casi nadie.
Muchos esperan que las señas de una recuperación vengan de la economía norteamericana y la reanimación de los mercados bursátiles. El Banco Central Europeo ha descendido los intereses para estimular la economía. Una mejoría de la economía estadounidense, del área del euro, así como una esperada expansión de los países emergentes, del centro y de oriente de Europa, estimularían las exportaciones alemanas. Por cierto, Alemania como locomotora de la UE, tiene permitido y está obligada a reanimarse, aún cuando las perspectivas de la economía mundial son inciertas.
El autor es economista. 
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